La obra de arte al aire libre de María Cecilia Botero Merino
Por Saúl Álvarez Lara


María Cecilia Botero y un transeúnte

En los parques de Medellín, plantadas en la tierra y en conjunción con la naturaleza, unas guaduas de color rosado fluorescente que parecen conectarse entre ellas como antenas dirigidas al cielo, son visibles para todo el mundo. Digo «son visibles», aunque parezca extraño, porque la gente que transita por los parques podrá verlas en dieciséis de ellos. Ya hay instalados trece grupos de cinco guaduas en doce parques. En Arví, porque es grande, hay dos grupos; y las que faltan ocuparán su lugar en los próximos días.

Las guaduas rosadas son obra de María Cecilia Botero, artista inquieta y con imaginación desbordante. Prefiere el silencio y vive alejada del circuito social del arte, pero es amiguera y buena conversadora, como ella misma se define. Ha circulado por casi todas las disciplinas del arte y trajina a diario con imágenes fijas y en movimiento, espacios, conceptos e ideas en el taller que tiene instalado en su casa de La Estrella. Las guaduas rosadas no son su primera intervención en el espacio urbano: en los últimos cinco años ha realizado tres con participación de la comunidad y donde el color rosado predomina. Mientras nos miran, el título de las guaduas, es la tercera.


Fotografías / Claudia Jaramillo mientrasnosmiran.blogspot.com

“Me gusta la calle y la participación de la gente”, dice. –¿Y el color rosado?, le pregunto. “Es una manera de romper con la monotonía casi siempre gris de la cotidianidad”, responde. Y tiene razón. Las guaduas rosadas aparecen en los parques como rayos de luz entre el follaje verde oscuro de los árboles, entre los troncos o arbustos tan rectos y dirigidos al cielo como ellas; incluso algunas plantas hacen juego con su color inesperado, por sus tonalidades vivas y resplandecientes.

Las guaduas rosadas germinaron entre la cantidad de actividades que María Cecilia desarrolla en su taller y trabajó hasta verlas realizadas. “Es un regalo que me mandaron”, asegura.


En El Poblado, las guaduas están en el Museo El Castillo y los parques La Frontera y La Presidenta

Hizo una primera instalación cerca de su casa, vio que era posible, y con ese convencimiento de que era un regalo, decidió que lo mejor era regalarlo a su vez, entregarlo para que la gente lo disfrutara en los parques de la ciudad.

En ese momento no tenía idea de la dimensión del proyecto. Consiguió e hizo traer las guaduas; cien, de seis metros cada una, desde el sur del departamento del Quindío; importó la pintura rosada fluorescente y con resistencia a la intemperie, y esperó cuatro meses mientras secaban (las guaduas se cortan en menguante a horas precisas y luego se colocan en una posición inclinada para que sequen). Mientras tanto escribió un proyecto que presentó a la Secretaría del Medio Ambiente, recibió la luz verde para instalarlas en los parques y comenzó el trabajo.


Fotografías / Claudia Jaramillo mientrasnosmiran.blogspot.com

Cada desplazamiento al lugar de instalación ocupa una cuadrilla de ayudantes, con camión para el transporte y herramientas para el trabajo. Por supuesto, María Cecilia hizo un recorrido previo y eligió los emplazamientos, de manera que al llegar con el equipo al lugar ya sabe dónde y cómo será la composición entre guaduas, naturaleza, luz, sombras y circulación de personas, para que estas disfruten la sorpresa de las guaduas rosadas. Y la gente responde, se acerca, pregunta; las personas hablan entre ellas y expresan con historias de sus hijos, sus familias o propias, su alegría por la posibilidad de ver algo distinto en el paisaje cotidiano.

“… Mi relación con el trabajo es natural, progresiva, diaria. Siempre tengo muchas cosas por hacer, muchas preguntas, muchos cuadernos, muchas inquietudes, tengo un herbario que acompaña Mientras nos miran que no hemos podido montar en su lugar todavía; lo haremos cuando se termine la instalación de las guaduas. Estamos en medio del proceso y la integración al lugar donde están instaladas será cada día más evidente. En solo unos días la naturaleza se las ha apropiado, los insectos se adhieren y los hongos también hacen fundación en ellas…”.

Integrar las guaduas con lo cotidiano estimula el imaginario de las personas; narran un sueño para quien se cruza con ellas. En su movimiento constante, como una danza de color y formas, algo parecido a trazos de luz que circulan entre ellas, las guaduas reflejan su relación, su manera de aproximarse y el sueño de integración con la naturaleza. Mientras nos miran está en los parques de Medellín. ¿Quién nos mira?, sería la pregunta siguiente. Sin embargo, no la hago porque es mejor ir a verlas y preguntárselo a ellas: a las guaduas rosadas. Con seguridad tendrán respuesta para cada uno.