Un proyecto musical que inició hace más de 30 años y que ahora permite acercarse a la diversidad colombiana
Por Luisa Martínez

Luis Fernando puede pasar horas en el estudio de preproducción que tiene en la mansarda de una amplia y moderna casa en Llanogrande. Allí, frente a una estación de trabajo en forma de piano, genera los primeros sonidos de lo que serán encantadoras producciones musicales. A ese lugar, que en otro tiempo fuese su habitación en la antigua finca lechera de sus padres, lo llama su espacio creativo.



Esta es apenas una de las estaciones de Luis Fernando Franco Duque, un compositor, arreglista y productor musical colombiano, quien ha emprendido una misión intercultural fascinante: explorar las raíces de la música original de Colombia para compartirlas con el resto del país y el mundo. Ese deseo de volver a los orígenes que, según dice, es muy común cuando vemos esa necesidad de saber quiénes somos, empezó en su tierra, Antioquia. Y es que sus exploraciones comenzaron cuando era un joven de 17 años que visitaba los alrededores del Oriente y oía los bambucos y pasillos de las fincas vecinas. Siguió las músicas campesinas hasta Girardota, donde encontró la parranda paisa y demás sonidos andinos. Desde niño, en esa casa moderna, que ahora comparte con hermanos y parientes, fue donde sucedió su primera conexión con la música. Junto a su madre y a sus tíos, músicos de estudiantina que alegraban las reuniones familiares, aprendió a tocar su primer instrumento: un tiple. Sin embargo, sus instrumentos favoritos son los de viento.

Siguiendo los vientos en 1978, junto a sus hermanos Jorge Franco, también músico, y Carlos Franco, artista plástico, llegó a San Agustín, en Huila, y a los pueblos vecinos del Cauca, donde lo cautivaron las flautas de carrizo y las percusiones de la chirimía caucana. En 1983, su ruta fue el Atlántico y el Pacífico. Es por eso que este músico, con más de 30 años de experiencia, puede hablar con propiedad de cada región y de las formas musicales que se desarrollan en cada una de ellas. A la par con sus recorridos por Colombia, inició su formación académica, y entre tantos estudios, hizo una cátedra latinoamericana de composición y orquestación en Venezuela que abrió sus puertas a lo que sería una carrera musical al lado de músicos de todas partes del mundo y a una serie de proyectos que le merecieron nominaciones, becas y premios.

Guana Records: un sello propio
Al hablar de cada territorio y la complejidad de sus estéticas, se ve a un hombre sensible, noble y, como él mismo dice, afortunado, que aprendió a “mirar con más respeto la diversidad de Colombia”. Para que esa riqueza se conociera, en 1997 creó en Medellín, junto a Jorge Franco, el sello discográfico Guana Records, con el que grabaron las músicas étnicas antropológicas y las músicas étnicas contemporáneas.

Sentado en la sala de su casa en Llanogrande y oyendo unos cuantos de los más de 50 trabajos discográficos que rescatan la memoria musical, vuelve a viajar al Chocó, al río Magdalena, a las Islas de Providencia…“Llevábamos unas grabadoras grandes de rollo que pesaban hasta 50 kilos (…) Luego tuvimos las primeras grabadoras digitales que hacían una conversión fabulosa”, cuenta. “Aún las conservo… con ellas hicimos toda una historia”, continúa. Entre sus producciones están Ekos: Sonidos Ancestrales-Oídos Urbanos (2012), El Latir del Río (2010), Bulla Endiablada (2006-2008), El Brujo y su Timba (2007), Colombian Jazz Puerto Candelaria (2002) y Seresta (2000), esta última nominada a los Grammy Latinos en 2001.

La creación como disciplina
Para Luis Fernando, los impulsos y las emociones en el momento de la creación son muy importantes, pero cree en el trabajo creativo como una disciplina para cada día. “Este trabajo es una maravilla porque puedo integrar diferentes áreas artísticas, la música con algo”. Así puede moverse entre desarrollar el proyecto discográfico de un nuevo artista, hacer producciones para cine, danza, y teatro, componer musicoterapia, hacer propuestas pedagógicas e impulsar proyectos de desarrollo social por medio del arte. Su relación con el cine inició con el documental Lunes de Feria, de Gabriel Vieira, que ganó premio a mejor banda sonora en el Festival de Cine de Bogotá. Y luego llegaría la oportunidad de crear los sonidos sinfónicos que le dieran el toque mágico al realismo de la Vendedora de Rosas, de Víctor Gaviria, un buen amigo suyo. Su última intervención fue en el largometraje Juana Tenía el Pelo de Oro, de Pacho Bottía. En 2015 se destacan sus producciones musicales para la danza contemporánea En los Días del Cólera, de Danza Concierto, la compañía de Peter Palacio, otro amigo cercano; y para la obra Yuma, Río Amigo, del Teatro La Fanfarria.



Desde 1986 Luis Fernando es el director de grabación de la Corporación Cantoalegre y actualmente es director de currículo del programa Medellín Vive la Música. Hace 12 años, el estudio de Guana Records está en Bogotá, la ciudad donde vive, y también su Corporación Sonidos de la Tierra. Desde allí dirige su nuevo proyecto Laboratorios Creativos Interdisciplinarios, que realiza en la isla de Barú, Barrancabermeja y Salgar. A estos lugares llegan equipos de producción que, desde un modelo de educación no formal y la cultura, recuperan la memoria, incentivan la creación y ayudan según Luis Fernando “a que este país sea mejor”.

Ramón El Camaleón es una de sus obras sinfónicas ganadora de una beca nacional y con un valor especial. Son cuatro libros que se transforman según las necesidades formativas del estudiante. Esta, dirigida a niños, cautivó a todas las edades y se interpretó en España, Italia y Alemania. Cuenta el autor que de allí resultaron cuentos de niños que hablaban de un camaleón que vivía en Colombia y que quería recorrer el mundo. Podría decirse que Luis Fernando es ese camaleón que salió a descubrir su país y el mundo en busca de una transformación.