David Zuluaga, Zulu para sus amigos, se bajó de un Hércules de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos para volar en las pistas del Moto Championship Cup Series. En la Bridgestone Cup hizo su primer podio más alto.
Zulucumplio su sueno de subirse podiop
Fotos Cortesía  David Zuluaga

Le mencionas la palabra “moto” y Zulu, David Zuluaga, de 37 años, vuela a hablar sin parar. Cuenta, explica, describe, aclara, vibra, sueña, invita, se toca de nostalgia, vuelve y vibra… es como si sus palabras salieran a 86 kilómetros por hora, como zumba su Kawasaki 300 que lo llevó en las últimas carreras del año a cumplir su meta de “lograr podio”: tercero en la ThunderBike Ultralight, carrera de la CCS amateur y, más tarde, primero en la Bridgestone Cup en su Yamaha 600.

En la pista es el 130. Un número que ya está arrojando resultados. Pero detrás de esa placa es toda una historia de un hombre que hace 6 años, a sus 31, la vida lo obligó a reinventarse, a volver a empezar.

De niño, en el colegio San Ignacio, institución que guarda entre sus tesoros por su modelo formativo, fue descubriendo su vocación militar y por la aviación. Se sorprende él mismo cuando recuerda que el cine de acción en parte labró su destino. “Películas como Rambo y como Top Gun marcaron decisiones de mi vida, me abrieron el camino que me llevó a ser miembro de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos”.

Nació en ese país, regresó a Colombia para su etapa escolar, entre los 6 y los 17 años, y para los días de excursión de bachilleres en San Andrés, Zuluaga eligió presentar los exámenes de ingreso. Su apuesta inicial era la Naval; su elección definitiva fue la Aérea. Primero como miembro del área de soporte electrónico, luego, con ocasión de los atentados del 9-11, en el equipo operacional: sí, volando como miembro de la tripulación de un Hércules de ataque, en un periodo de 2003 a 2008 y con alcances incluso en cielos de Afganistán.

Para la época, las motos en Zuluaga eran o la goma frustrada que vivió de niño en Medellín (“les pedí a mis papás una de regalo y nunca me la dieron, ni siquiera un casco tuve”) o un pasatiempo para liberar estrés cuando se bajaba de la guerra y se vestía de civil. “Era una escapatoria de la realidad, era rodar por los campos de Pensacola y sentir una adrenalina única”.

¿Un hombre que ha volado en Hércules de ataque, pidiendo adrenalina? Zuluaga dice que sin duda estar sobre dos ruedas no se compara con nada.

Un accidente y la jubilación
El año 2010 llegó con una noticia fulminante: el Ejército lo declaró físicamente no apto y ordenó su jubilación. El accidente que rompió su clavícula y más, en sus nacientes movimientos como corredor de motos que le fueron ganando espacio a los paseos básicos de liberación de estrés, lo bajó de su sueño de seguir volando y expresando el que denomina un “sentimiento de patriotismo”.

David ZuluagaAfghanistan

“En ese momento descubrí que tenía que empezar mi vida de cero, como civil, fue un cambio radical, fue difícil, más de lo que imaginé, ni trabajo podía conseguir”, recuerda Zuluaga.

Sin embargo, otro audiovisual se pondría en su camino para mostrarle la ruta. “Ya no fueron Rambo ni Top Gun; fue Fastest, el documental sobre el Campeonato del Mundo de MotoGP, fue descubrir una admiración aún más profunda por Valentino Rossi”. Fue querer entonces subirse a una moto para volar en otros rumbos.

Como el del italiano Valentino Rossi, las gestas de los campeones colombianos Martín Cárdenas y Nicolás Stankov le dieron gasolina para luchar contra el miedo de otras caídas y ponerse hombro a hombro contra sus rivales en la búsqueda de los primeros lugares. O vivencias como las de Sebastián Olarte y de Raúl Suárez, que abrieron otra vena de pasión: la moto de aventura, que lo ha llevado por Rusia, Noruega, Hungría, México y, en su opinión, el paraje más espectacular posible: Utah. “La aventura me ha regalado los mejores viajes de mi vida y me volvió a enamorar de las motos, después de la caída”.

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En las pistas, Zulu, que se inscribe como Juan Zuluaga y corre en representación de Miami, Florida, ya conoció el podio y no se quiere volver a bajar. En las primeras carreras ocupó lugares tipo 22, “no sabes lo frustrante que es dar todo de ti y más y ver que no logras una buena posición final”, pero la meta fija de ser top 3 lo mantuvo firme y decidido hasta lograrlo en dos ocasiones: la ThunderBike Ultralight y la Bridgestone Cup.

“Sé que en Colombia hay mucha pasión por las motos, sé que muchos sueñan con venir a Estados Unidos a correr y a buscar triunfos. Quiero decirles que no es un imposible. Que con sacrificio, con trabajo duro y con talento se puede lograr”, comparte, por supuesto, con palabras expresadas en un montón de revoluciones por minuto.

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