LOS BARRIOS DE EL POBLADO
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Santa María de los Ángeles conserva su esencia
Este es uno de los barrios más tranquilos y bellos de El Poblado. Aunque ha cambiado y en algunos sectores convive lo residencial con lo comercial, todavía se aprecian grandes casas, andenes amplios, zonas verdes, vías anchas y algo de silencio, factores que proporcionan la calidad de vida de sus habitantes



A diferencia de otros barrios de la comuna en los que son las industrias, el comercio y los establecimientos nocturnos lo que más sobresale, Santa María de Los Ángeles no ha perdido su esencia residencial. Caminar por las cuadras aledañas a su iglesia o bajar hasta el parque a escasas cuadras de la quebrada Zúñiga es placentero y tranquilo.

Santa María de los Ángeles es el primer barrio de la comuna, en el costado occidental en sentido sur norte. Colinda con el Municipio de Envigado al sur, al norte con La Aguacatala, al oriente con los barrios El Castillo y El Diamante, y al occidente con el Río Medellín. En sentido sur norte va desde la calle 17C Sur hasta la 12 Sur, y al oriente desde la carrera 43A (Avenida El Poblado) hasta la carrera 49 (Avenida Regional). Aunque para el Municipio está constituido de esta forma, algunos lo dividen como Santa María de los Ángeles N°1, entre las avenidas Las Vegas y El Poblado, y Santa María de los Ángeles N°2, entre Las Vegas y la Avenida Regional.

Según cifras del Fondo de Valorización de Medellín, Fonval, el barrio cuenta con 6.313 habitantes. Hay 56 edificios, 2.401 apartamentos y 878 oficinas. Actualmente se encuentran detectados 9 edificios en proceso de construcción.
Entre los lugares y edificaciones más sobresalientes se encuentra la Parroquia Santa María de los Ángeles, la Cámara de Comercio de El Poblado, los edificios Mónaco y Azuleda del Campestre, Clínica del Campestre, Corporación Financiera del Valle, Centro Comercial Sao Pablo, Escuela de Música, dos estaciones de gasolina y gimnasio.

Su historia
Como reseñó Vivir en El Poblado en su edición 106 en la segunda quincena de febrero de 1997, el barrio fue construido en los terrenos de la antigua finca El Carmelo, propiedad de Alejandro Ángel Londoño, quien era exportador de café a principios del siglo 20.

En sus años iniciales estuvo formado por grandes y lujosas casas construidas a finales de los años 30 -aún quedan varias- por las familias más prestantes de la ciudad.

El templo, referente del barrio, tuvo su origen relacionado con la familia Ángel Escobar, conformada por don Alejandro Ángel y su esposa María Escobar. El mosaico que hay en el altar del templo tiene la imagen de la Virgen María rodeada de 14 angelitos, homenaje a esta familia y a sus 14 hijos.
Como ha pasado generalmente en Medellín, el auge de la construcción y la llegada del comercio transformaron el barrio.

En lo comunitario, hace unos años el barrio tuvo una junta de vecinos que durante la expropiación del edificio Mónaco que era propiedad de Pablo Escobar, se opuso a que las instalaciones fueran destinadas al CTI de la Fiscalía por temor a represalias de grupos armados al margen de la ley.

El padre de la comunidad



En la calle lo saludan, a distancia le levantan la mano y cuando camina por el barrio hasta los carros se detienen para hablar con él. Ese personaje es el padre Elías Lopera, presbítero y párroco de la Iglesia Santa María de los Ángeles, quien poco conocía del barrio cuando llegó en 1994, pero que se compenetró tan bien con el entorno y con la comunidad, que desde entonces dirige la parroquia principal y goza de credibilidad y afecto de los feligreses y habitantes.

El padre Elías es oriundo del Municipio de Amalfi, estudió filosofía y cuando terminó teología fue sacerdote en Bello, Montebello y comuna 13, entre otros. Es, además, abogado de la Universidad de Medellín y fue profesor en varias universidades de la ciudad.

Cuando hace 16 años llegó al barrio asegura que encontró un templo religioso caído y descuidado. Con su empeño, la iglesia mejoró notablemente y luego se propuso construir la sede parroquial, la cual es hoy una realidad de seis pisos. También construyó el centro de evangelización. “Cuando llegué empezamos a trabajar y a motivar a la comunidad. En ese entonces había muchas casas y pocos edificios y ya es todo lo contrario. Cuando comenzaron a hacer tantos edificios yo me opuse a algunos porque eran diseños muy sencillos, eran apartamentos de estrato 1 en estrato 6, muy pequeños y gran cantidad de ellos en altas torres y con vías bien estrechas. Eso es convertir al estrato 6 en 1 pero con costos del 6, porque los impuestos no van a bajar”, opinó el padre Elías, quien ha sido testigo del auge constructor en Santa María de los Ángeles.
Líder y carismático
Adicional a los servicios que presta la parroquia, el padre Elías ha liderado varias campañas cívicas además de la creación de la acción comunal, la cual se diluyó. “La comunidad me habla, me conoce. Cuando me propuse organizar la junta comunal hace unos 8 años, funcionó bien al principio pero luego el presidente no quiso que la parroquia estuviera vinculada. Algunos me dicen que la volvamos a hacer y yo siempre les digo que cuenten con mi apoyo”, dijo el padre Elías.

Aunque ha vivido momentos difíciles como en la época de los atentados terroristas en varios edificios del barrio, el padre continúa viendo gratificante su labor gracias al reconocimiento de los habitantes, y seguirá opinando sobre problemáticas como la falta de movilidad y de parqueo cerca a la iglesia, entre otros.



Enamorada y doliente del barrio


Ángela Vélez de Valderrama fue la primera mujer presidente del Concejo de Medellín. Fue concejal entre 1995 y 1997, donde trabajó por la descontaminación ambiental del barrio, la limpieza de quebradas y el fomento de la cultura.

Viuda del ex senador J. Emilio Valderrama, desde que llegó al barrio hace 16 años no ha tenido intenciones de trasladarse para otro lugar. “Santa María de los Ángeles es maravilloso, es lo que más me gusta de El Poblado. De todas formas me parece que a la gente le falta espíritu cívico y de colaboración, me da pesar que se haya terminado la acción comunal porque yo ayudé mucho para conformarla”, dijo doña Ángela, quien hoy participa activamente de los proyectos parroquiales impulsados por el padre Elías.

Sobre el barrio quisiera un parque grande para el disfrute de la comunidad, y que alivien el problema del estacionamiento en la calle de la iglesia, entre otros.

La Virgen de la gruta sigue a la espera
Por motivo de la obra de valorización que ampliará la carrera 34, la Virgen de La Aguacatala, objeto de culto y peregrinación a un costado de la Avenida El Poblado y perteneciente a la Parroquia Santa María de Los Ángeles, debe ser trasladada para no entorpecer las obras de la doble calzada.
La propuesta del Municipio consiste en pasarla a un lote cercano, propiedad de la Alcaldía de Medellín, donde tendrá parqueaderos, altar, bancas y techo. Al conocerse esa intención, varios residentes de la unidad Bosques del Campestre manifestaron su inconformismo porque la cercanía con el santuario les traería problemas de movilidad y de seguridad.

En una entrevista de junio de 2010, el presidente de Corpoblado, Diego Restrepo, le dijo a Vivir en El Poblado que “el proyecto que plantea el Municipio es una iglesia semi-cubierta con bancas y parqueaderos, eso va a afectar la comunidad. ¿Por qué no piensan en un parque lineal ahí? Yo creo que los recursos públicos no se pueden utilizar en una comunidad religiosa, no en un espacio publico, la gruta fue generada por la comunidad, no es necesario, y por valorización menos”.

Como las obras de ampliación de la carrera 34 no han comenzado, la virgen sigue aguardando hasta que inicien y seguramente la polémica ganará protagonismo de nuevo. Sobre esta situación, el padre Elías Lopera, párroco de la Iglesia Santa María de los Ángeles, dijo que “eso ya está hablado para trasladarla a unos 500 metros de donde está, a un terreno con unos guayabos y una quebradita. Ahí será”.



Piden controles de tránsito
Germán Arango escribió a nuestra redacción, comunicando su preocupación sobre la movilidad del barrio y sus vías de entrada y salida. “Este sector de El Poblado es como una isla, limitado a las avenidas Las Vegas y El Poblado, no hay más salidas. Hay en construcción nueve unidades residenciales y la movilidad es cada vez más traumática. Entrar y salir del barrio es una odisea y qué diremos cuando entreguen esas construcciones. Solo es mirar la movilidad en los semáforos de la Cámara de Comercio para los que se dirigen a Envigado o hacia el norte. El Tránsito debería por lo menos tener permanentemente agentes ahí”, dijo el lector.
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