LOS BARRIOS DE EL POBLADO
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San Lucas
Serie Barrios de El Poblado (1997 - 1998)
Esta es una de las zonas de El Poblado que aun conserva bastantes aspectos de la vida rural, aunque los conjuntos residenciales se han ido asentando en el barrio. Su origen es una donación que el propietario de la finca Circasia le hizo a una de sus trabajadoras. La historia es contada por ella y por una hija del dueño de la finca, que jugó un papel importante en el nacimiento de San Lucas.

Luego de virar a la derecha, tras pasar frente a la cancha de fútbol vecina a la parroquia, tomamos la Loma de Los Mangos -carrera 20- con destino a Envigado. Entre la iglesia y el municipio vecino, los sitios y extensas mangas que conocía de memoria cuando niña, y que hoy han sido reemplazados por más construcciones.

Visitamos en su casa a doña Anita. La tradición oral cuenta que, próxima a salir de su casa en la parte oriental alta de Envigado, esta señora pidió a una de las hijas de la casa donde trabajaba que intercediera con su padre -el señor Jorge Agudelo Ochoa- para lograr un pedacito de lote de las cuarenta cuadras de la inmensa Circasia.

La historia tuvo un final feliz, pues don Jorge dio el sí. En una esquina de la gran finca doña Anita construyó tres viviendas que albergan a su familia y a sus descendientes desde hace más de 30 años.

Aquel día del viaje a San Lucas para la investigación de esta historia, esa niña que motivó a su padre a donar el terreno y esa señora que agradecida lo recibió, se volvieron a encontrar después de muchos años.

Se acordaron una a una de las casa fincas vecinas de Circasia y de sus propietarios. Se acordaron de La Pilarica, El Molino y El Socorro, que aún existen; de la finca Triana, hoy el Colegio Montessori, y de La Pastora de don Gabriel Restrepo, hoy la urbanización Piedemonte. Todas ellas en la época anterior a la década de los sesenta dedicadas a recreo, incluso con producción de leche y frutales y con establos y gallineros. Pocas, entre ellas Circasia, servían como residencia permanente.

¡Vamos a Circasia!
Con la nostalgia en furor, Luz Elena Agudelo -la hija de don Jorge que intercedió por Anita- quiso visitar Circasia y El Socorro, donde vivió hasta los quince años. A la primera, aunque igualmente grande y bonita, la encontró remodelada y con retoques de modernidad. Incluso, otro nombre la identificaba: hoy, con otros dueños se llama Risaralda.

La referencia para iniciar el tema entre antiguos y nuevos propietarios fue el nombre de Jorge Agudelo Ochoa. Uno de los hijos del actual dueño de Risaralda recordó que años atrás, cuando en el sector no se había definido nomenclatura, las cuentas de los servicios llegaban a ese nombre.

Tras la identificación, consultas sobre la situación actual de los viejos vecinos, cuyas casas se divisan sobre la montaña. Esta vez los recuerdos trajeron a colación a los hermanos Jorge y Juan Londoño, a Gabriel Restrepo, Carlos Zimermann, Homero Santander y Augusto Múnera, algunos de ellos donantes de la primera capilla que tuvo San Lucas y de la escuela del Molino -destinada a los hijos de los mayordomos-, por allá en 1967.

Ya de camino hacia el San Lucas urbanizado, Luz Elena nos contó de los paseos que hacían en carro de rodillos al sector que hoy ocupan la iglesia y la cancha y que para ese tiempo era una laguna rodeada por mangos y guayabos. También llegó a su memoria la historia de la “casa de los tanques” -cerca al sitio donde quedaba el CAI-, célebre entre los vecinos por el hallazgo del cadáver de una reconocida señora cuando unos hombres aseaban los tanques del agua.

Bajando por la Loma del Campestre, Luz Elena siguió recordando. Esta vez el turno fue para los rieles, única vía para comunicar al Club Campestre con su casa y vecinas. Por esos rieles bajaban a la misa que se celebraba en la iglesia de San José, la del parque de El Poblado -única opción-, y al colegio o al trabajo. Se acuerda además que toda su familia bajaba en la camioneta Ford último modelo 54 que costó 12 mil pesos. Otros lo hacían a caballo o en las arrieras de Envigado.

De esa época a lo que hoy se aprecia ha habido muchos cambios. Nuevos moradores, parcelación de las grandes propiedades y hasta cambios de uso de las viviendas. No obstante aún se percibe silencio y frío, elementos raros en esta ciudad.

Ese es el otro San Lucas, el rural, el de las grandes haciendas que ven acercarse la ciudad, el que se sueñan los urbanizadores.

El acueducto comunal
Lo que las familias Isaza, Cano, Londoño, Arango, Angel, Villa y Sánchez construyeron casi 28 años atrás, hoy lo disfrutan 160 viviendas en San Lucas y otras 20 en Envigado, además del colegio Montessori y la escuela y el colegio de la parroquia.

Todo comenzó el 18 de agosto de 1969 cuando los padres de los hombres que hoy tienen a su cargo el manejo del acueducto decidieron subir la cota de servicios, así fuera de su propia cuenta.

La obra se construyó en dos tramos, el primero entre agosto y noviembre de 1969 y el segundo entre marzo y junio de 1977, con la participación de 34 contribuyentes, quienes a cuotas pagaron los 52 mil 795 pesos 70 centavos que valió el acueducto.

Incluso, eso lo dejaron consignado en el documento de obras y pagos, donde reza que “ninguna entidad oficial o privada aportó asistencia técnica, económica o en materiales”.

Hoy, casi 20 años después de haber inaugurado el último tramo, las 180 viviendas siguen beneficiándose en sus baños, garajes y cocinas con 80 a 90 libras de presión de la quebrada La Aguacatala, merced de agua otorgada en diciembre de 1966 por la Gobernación y ratificada por el Inderena en 1979.

Otras manos
Pero la historia del Acueducto Los Mangos -nombre del barrio antes de 1993- no ha estado exenta de intervenciones de manos ajenas. Sus beneficiarios actuales recuerdan aquel día que un extinto narcotraficante expresó su desacuerdo contra el capítulo sexto del reglamento del acueducto, el cual prohíbe el uso suntuario del agua. Un atentado dinamitero a los tanques fue la manera de exponer el punto de vista contrario. No obstante, el agua volvió días después.

Territorio
Hoy, sin esa violencia de por medio, los usuarios del acueducto tienen otro problema con el terreno donde tienen ubicados los tanques de agua, pues lo que años atrás había donado don Pastor Echeverry -propietario de la finca vecina-, hoy otro dueño lo reclama para construir.

La propuesta de la comunidad es que aceptan el traslado de sus tanques si los nuevos cuentan con especificaciones técnicas similares a los existentes -90 metros cúbicos-, y si se los entregan con escrituras y en un lote sin problemas de retiros.
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