LOS BARRIOS DE EL POBLADO
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La “cuadrita chiquita” de El Poblado
A todo el frente de la glorieta Los Balsos - El Tesoro y la vía Los Balsos, está El Tesoro La Ye. Inversamente proporcional a su tamaño es su alto sentido de pertenencia por El Poblado, aunque caprichos normativos lo ubiquen en Santa Elena



Abel Londoño se para en el patio delantero de una de las casas del barrio donde vive y nació, El Tesoro La Ye, se acomoda su sombrero blanco, chupa una paleta de coco y mira hacia Medellín. No logra ver más que unas cuantas torres de apartamentos cercanas.
-“Recuerdo el día que se accidentó Carlos Gardel”. Sonríe nostálgico. -“Desde aquí nos asomamos y vimos todo lo que pasaba en el Olaya Herrera pues no había edificios ni construcciones que nos taparan el aeropuerto.”
Fue la imagen más trágica de su infancia feliz. En ese entonces, 1935, tenía un poco más de cinco años. Hoy, entrado en sus 80, Abel Londoño es el habitante más antiguo de El Tesoro La Ye, sector que el Plan de Ordenamiento Territorial de 2006 ubica en el corregimiento de Santa Elena, pero que históricamente y en la práctica siempre ha hecho parte de El Poblado. Así lo reconoce, incluso, el mismo Municipio de Medellín, que mediante la resolución 54 del 23 de marzo de 2011 autoriza a que El Tesoro La Ye siga haciendo parte del proceso de Planeación Local y Presupuesto Participativo en la Comuna 14, pues “sus dinámicas socioculturales y las situaciones reales de movilización en el territorio han conllevado a que sus habitantes sean reconocidos como parte de la Comuna 14 –El Poblado- (…).”

Los tesoros de La Y
Como lo definen sus moradores, El Tesoro La Ye “es una cuadrita chiquita”, situada en la calle 11 Sur con la carrera 11 B, donde se forma la ye vial que origina su nombre: el brazo derecho conduce a Las Palmas y el izquierdo hacia El Tesoro. Se puede llegar subiendo por Los Balsos y girando por una pequeña entrada a mano izquierda, frente a la glorieta de Los Balsos-El Tesoro. Es un barrio sin calles, con 40 viviendas de los estratos 2 y 3, que se comunican mediante caminos y lazos de sangre, pues la mayoría de sus 200 ocupantes son parientes.
Minúsculos perros de ladridos agudos e incesantes, gatos, cacatúas, gallinas y gallos de pelea que cantan al medio día como si fuera la madrugada, llenan la cotidianidad y conviven en este espacio rodeado de árboles de brevas, limones, naranjas, mandarinas y plátanos, en los mismos terrenos en que a mediados del siglo pasado pululaban vacas, bestias y marranos.
Una quebrada cristalina, La Aguadita, lo atraviesa y surte el acueducto comunal, dotado con planta de tratamiento desde 2002. No obstante, desde 2006 también cuentan con el agua de EPM. Por mantener limpia La Aguadita no solo han luchado con tutelas contra organismos municipales que al construir obras y carreteras llegaron a convertirla en cloaca, sino que cada tres meses niños y adultos de El Tesoro La Ye hacen verdaderos peregrinajes hasta su nacimiento con el fin de limpiarla a lo largo de su descenso.
La más antigua de las casas del sector tiene 150 años y perteneció a Víctor Londoño, padre de don Abel, y a su esposa Ana de Jesús Vanegas. “Mi papá fue el fundador del barrio; arriaba mulas y luego se dedicó a la albañilería, y mi mamá lavaba la ropa de los ricos de las fincas cercanas.”
Como ellos, los campesinos de los alrededores se dedicaban a la arriería, sembraban o trabajaban como mayordomos en los alrededores, en las casas de campo de las familias adineradas de Medellín.
Desde niño, Abel empezó a arriar ganado y sólo estudió hasta segundo de primaria en la escuelita de La Aguacatala. La Navidad la compartían con las familias de las fincas vecinas; juntos, sin distinciones de clases sociales, elevaban y perseguían globos hechos por ellos, con mechas empapadas de petróleo, hoy prohibidos dado el riesgo de incendio que conllevan. Menciona que trabajó como peón y que hasta participó en la segunda vuelta a Colombia en bicicleta.



Unión y solidaridad

Muchas cosas han cambiado desde entonces. Sin embargo, El Tesoro La Ye no deja de ser considerado, tanto por las nuevas como por las viejas generaciones, como un oasis. María Eugenia Mesa, presidente de la Junta de Acción Comunal y tercera esposa de Abel –viudo dos veces- destaca que “es un barrio tranquilo, muy sano, sin robos, sin peleas y con mucha solidaridad. Cuando hay un problema, entre todos nos ayudamos”.
Ya no hay bestias, vacas y marranos ni se trabaja en fincas, pero sus habitantes se sienten satisfechos con su calidad de vida y más de una vez se han negado a vender sus predios a personajes con visión de negocio. A cambio de arrieros y mayordomos, quienes viven en El Tesoro La Ye de hoy se desempeñan en oficios de mensajería, vigilancia, conducción, construcción y enfermería, entre otros; los niños más pequeños asisten al jardín de La Visitación, y los demás se educan en el colegio Santa Catalina de Sienna, en el Inem José Félix de Restrepo o en el colegio Las Palmas. También hay universitarios y jóvenes que adelantan carretas técnicas en distintos centros educativos de la ciudad. Una tienda y una venta de paletas endulzan los pacíficos días.

Sede social: de sueño a realidad
Muy pronto uno de los sueños más viejos de los habitantes de El Tesoro La Ye será concreto, literalmente. Gracias a los recursos de Planeación Local y Presupuesto Participativo, este barrio, carente de escenarios deportivos y de recreación, tendrá por fin una sede comunal, en un lote situado en su costado norte.
Así lo confirma el Municipio de Medellín por intermedio de Johanna Ramírez, coordinadora de Planeación Local y Presupuesto Participativo en las zonas 5 y 6, quien agrega que la inversión que se ha hecho en esta sede es de $ 306’466.348 para la vigencia de 2010 y de $ 145’342.919 para este año.

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