El de las tres quebradas y una sola calle
Serie Barrios de El Poblado (1997 - 1998)

DE BAHAREQUE. Así es la casa de doña Ilduara y otras tantas del barrio. Claro que muchas no pudieron conservar sus tapias y bases de piedra, pues la familia creció y llegaron las columnas, las planchas, dos y tres pisos y los vitrificados. Arriba, en la última casa del barrio, en la carrera 15 con calle 9A, vive doña Ilduara. Vive en una casa con bases de piedra y con muros de bahareque, de esos que no empatan con el techo. Nacida en Caldas, según recuerda llegó a Medellín en 1936 y dos años después se instaló en La Chacona. Su padre fue mayordomo de la finca de don Jesús Saldarriaga, situada en las tierras ocupadas hoy por la urbanización Montana.

Se ve que pasa tardes muy tranquilas. Al menos ésta de la visita permanecía en una banquita del patio de afuera, mirando cómo algunos de sus vecinos tiran nuevas lozas y abren más espacios para las familias que crecen.

Abajo, el ambiente es otro. Está el final de la unidireccionalidad de la veloz Transversal Superior, está el estacionamiento de los buses de Poblado Laureles, están las porterías de Los Cedros y el Marymount, está Montana.

Como cien años de diferencia.Son el principio y el final de La Chacona, uno de esos barrios de toda la vida de El Poblado. Un barrio de una sola calle, la 9A, rodeado por las quebradas La Moná Sanín, La Presidenta y La Chacona, por la Finca San Rafael y por la Superior.

El centro
DON WILLIAM DE JESUS Y DOÑA ROSA. El alma del barrio en todas sus épocas. La acción comunal y Avanzada Juvenil han sido dos de las instancias de mejoramiento de La Chacona, y en ellas han estado presente los Molina Chalarca.

No sólo geográfica sino emocionalmente, la familia Molina Chalarca es el centro del barrio. Su casa de la 15 - 417 está en toda la mitad de la fila de casas que van paralelas a la calle única. Son 87 en total y la gran mayoría se han construido unas encima de otras y hacia y sobre los retiros de la Moná Sanín, al sur.

Y también han sido el alma del barrio. Lo dicen ellos, lo dicen sus vecinos y los de El Poblado de abajo en agradecimiento a su liderazgo.

Don William de Jesús Molina nació en La Chacona. Su padre, don Pedro Antonio, era de La Estrella y fue de los primeros en llegar a esas tierras de propiedad inicial de unos Gaviria, junto con Teófilo y Salvador Castaño y Jesús María Quintero. Claro que el título de pionero se lo dan a don Rumaldo Echavarría.

Doña Rosa Chalarca llegó de Abejorral. Tenía 18 años, era 1949 y había viajado con su padre muy enfermo, con su madre y con los cuatro menores de sus 16 hermanos. No se le olvida cómo encontró lo que hoy es su barrio. “Cuando llegué a estas tierras”, recuerda doña Rosa, “si acaso había cuatro ranchitos y en la parte de abajo, una gran casa de don Jesús Saldarriaga, que la utilizaba para los fines de semana. De resto, había puras mangas”.

Fueron épocas duras, a pesar de la oferta de trabajo proveniente de las fincas vecinas, como la Matute, en la Cola del Zorro, la misma San Rafael, de los hijos de Rafael Uribe Uribe, o La Concha, de doña Ana Mejía. Los cupos: Mayordomo o jardinero. Pero eran duras de todas maneras. Pepas de higuerilla como bombillos, techos de paja y estropajo, y paredes de latas y cartones.

Hoy, habiendo salido del drama, el recuerdo es hasta agradable, más cuando la familia seguirá creciendo en otras condiciones.

Y el barrio creció
Doña Rosa opina que el barrio ha mejorado bastante en todos estos años y que las nuevas generaciones han podido encontrar un mejor entorno. Eso sí, dice, aún queda el anhelo de tener un bachillerato cerca. Es su nueva meta.

Tantos años después todavía le agradecen a Avanzada Juvenil todo lo que hicieron por el barrio. Sus miembros eran los hijos universitarios de los habitantes de Poblado Centro.

Los conocieron cuando bajaban a misa o al mercado.

“En esa época no había muchas calles y la manera de bajar al pueblito -como le decían al sector de la iglesia de San José y al parque principal- era en bueyes o mulas. Recorríamos todas las fincas que había entre La Chacona y La Cachucha -hoy en día, por El Corral. Me acuerdo de La Concha, Los Arrayanes, Zamora, Milán y La Luz”, cuenta doña Rosa.

Los de arriba y los de abajo se conocieron y se le dio forma a Avanzada Juvenil. “Recuerdo a José Manuel Arredondo, Ana María Londoño, Elkin Arredondo y Alberto Velásquez. Gracias a ellos al barrio llegaban mercados, ropa, educación y hasta se mejoraron varias casas. Eran jornadas de trabajo muy duras, pero muy beneficiosas para La Chacona”, dice don William de Jesús.

Y otro que no queda en el olvido es Luis Fernando Restrepo, hijo de doña Ana Mejía, quien fue el que hizo los trámites para llevarles energía eléctrica. Fue en 1959 y aunque el servicio se limitaba a una sola bombilla y una extensión, fue más que lo que habían tenido.

Hoy todas las viviendas de La Chacona tienen servicios públicos y aún conservan el acueducto comunal construido por sus habitantes.

Los pequeños barrios
CRECIMIENTO. El barrio crece hacia la Moná Sanín y a la par de las nuevas construcciones se conforman estos callejones que bien podrían denominarse como minibarrios. Cada uno de ellos está habitado por familias numerosas.Hoy tanto tiempo después, los que llegaron como niños y adolescentes a esas tierras ya tienen nietos. Son hijos de parejas conformadas en el mismo barrio. “Aquí todos somos los mismos; aquí la de abajo se casa con el de arriba y todos somos familia”, cuenta doña Rosa.

Y pocos de esos nuevos han querido o han podido cambiar de barrio. Por eso la historia de doña Rosa y don William de Jesús se repite año por año y por eso los suegros ven cómo sus casas, treinta años atrás construidas con materiales y de un solo piso, ahora tienen hasta tres, y cómo los antiguos solares, lavaderos y secaderos ahora son nuevas viviendas que crecen hacia la quebrada.

Por eso algún vecino ha propuesto que La Chacona también tenga sus barrios: El de los Ruiz, el de los Castaño, el de los Naranjo, los Chalarca, los Molina, los Quintero...