El Diamante

Serie Barrios de El Poblado (1997 - 1998)

Calles amplias y limpias, jardines cuidados. En El Diamante se respira un aire distinto, menos denso que el que hay dos cuadras más allá. Un barrio sin mácula, aunque en su pasado se encuentre que aquí vivieron Félix Correa Maya y Pablo Escobar Gaviria -su presencia nunca afectó la vida del barrio, a tal punto que si por algo se reconoce a El Diamante es por su tranquilidad, seguridad y calidad de vida.

Estos personajes son sólo anécdotas, aunque evidencian que lo que el barrio ofrece a sus habitantes es tan bueno que cualquiera lo quisiera tener.

El Diamante fue construido en la finca de Carlos Salazar, un bogotano que la tenía como lugar de recreo. Como con tantos barrios de El Poblado, el nombre de la finca se mantuvo cuando se urbanizó el sector.

Cuando el propietario de la época, Gustavo Rueda, decidió vender los terrenos de su finca para construir un barrio, la dividió por lotes y la organizó para atraer a los compradores. Eran los años 60’s.

En ese tiempo se llegaba a El Diamante por unos rieles que conectaban la carretera a Envigado con la portada del Club Campestre.

En esas condiciones llegaron las primeras familias al nuevo barrio. Cada quien hizo su casa a su amaño y se fue a vivir a una zona de Medellín que para entonces era considerada lejana.

La mayoría de esos nuevos habitantes venían de barrios tradicionales de la ciudad, como Laureles, buscando más espacio y tranquilidad para la crianza de sus familias.

34 años

El primer lote lo compró Darío Arango a los comisionistas Camilo Posada y Gustavo Navarro, hace 34 años. Siete meses después había construido su casa, gracias a una estricta planeación y a un seguimiento detallado de las obras.

En ese entonces el metro cuadrado era a 70 pesos y la construcción de una casa oscilaba entre 350 mil y 400 mil.

Familias como la Ochoa, Vélez, Arango y la de Tatino fueron los primeros pobladores del barrio El Diamante.

Dos años después de iniciarse la urbanización, ya se había construido la primera etapa del barrio. En ese tiempo no había acueducto de las Empresas Públicas, sino el tradicional de la finca.

A esas primeras familias les tocó vivir en una ambiente de tranquilidad y seguridad aún mayor que el de hoy en día. A pesar de la distancia del Centro de la ciudad, el barrio no estaba aislado pues estaba a 200 metros de la carretera que a los pocos años se convirtió en la Avenida El Poblado; además ya estaban establecidos los servicios de buses y taxis al sector.

Esas familias eran de matrimonios jóvenes con hijos pequeños, algunas de ellas bastante numerosas.

Con el tiempo todos esos niños formaron sus barras de amigos que crecieron en un ambiente sano y de camaradería.

El hermoso parque que hay en el centro del barrio fue alguna vez cancha de fútbol; las esquinas y antejardines eran zonas de juegos; las bicicletas y los patines rodaban por calles y aceras. En las calles se veía gente y se oían las risas y los gritos de los niños.

Esos niños crecieron, se casaron y se fueron a vivir a otros barrios.

El Diamante de hoy es un hermoso, bien cuidado y silencioso barrio. No es Medellín tampoco la misma ciudad, pero en El Diamante se pasó de la bulla de niños en la calle al silencio y la quietud de un asilo y a la mirada adusta de los celadores que vigilan las calles que antes eran públicas y hoy son privadas o semiprivadas, gracias a las experiencias que dejaron los vecinos mencionados al principio.

Se respira el mismo aire tranquilo y seguro que permite tener hermosas terrazas amobladas sin temor a que los amigos de lo ajeno las desalojen. Los jardines están bien cuidados y aunque algunos de los viejos vecinos vendieron sus grandes casas, El Diamante se da el lujo de haber evitado la invasión de oficinas y almacenes, clientes y carros, que tiene a punto de sucumbir a otros barrios. Sigue siendo para muchos el barrio más bonito de El Poblado.