LOS BARRIOS DE EL POBLADO
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El Castillo, patrimonio de la ciudad
Aunque cuenta con algunas unidades cerradas, el protagonismo de este barrio se lo lleva el Museo El Castillo, construcción de tipo francés que con el tiempo se convirtió en museo y lugar para la cultura



Como El Diamante 2, El Castillo es un barrio en el que aún predominan las zonas verdes, en esta ocasión, gracias a los terrenos del Museo El Castillo y del Club Campestre.
Son estos dos lugares además de los colegios Gimnasio Los Pinares y La Compañía de María La Enseñanza, los que le dan vida y estilo propio al barrio. No son los encuentros de sus habitantes en las esquinas, sino la actividad cultural del museo lo que desde el principio determinó el nombre del barrio.
El Castillo está entre la calle 9 Sur, conocida como Loma de Los Balsos y la calle 16A Sur, y entre la Avenida El Poblado y la Transversal Inferior. Está entre los barrios El Diamante 2 y Los Balsos N°2, al occidente tiene límites con Santa María de los Ángeles y La Aguacatala, y al oriente con San Lucas y Los Balsos N°1.
Como lo reseñó Vivir en El Poblado en su edición número 131 de la segunda quincena de marzo de 1998, José Tobón le vendió su finca al reconocido filántropo Diego Echavarría, el cual, educado en Europa y conocedor del arte y la cultura del viejo continente, terminó la construcción del castillo y lo convirtió en su residencia habitual, en ese entonces alejada del ruido de la ciudad. La casa le permitió a don Diego dedicarse a las artes plásticas, la música y la naturaleza, sus grandes pasiones.
Por su afición a la jardinería, Diego mandó a traer desde Italia semillas de los cipreses que forman la alameda de la entrada del castillo. En el testamento de Diego Echavarría, quedó que su residencia fuera un museo y que parte de los terrenos de la finca los cedieran al Hospital San Vicente de Paúl, quienes vendieron su parte a una firma constructora y desarrollaron la unidad Montevideo.
En cuanto al Club Campestre, nunca fue parte de los terrenos oficiales de la finca El Castillo. En 1924, Germán Olano, de la Sociedad de Mejoras Públicas, aficionado al golf, el tenis y el polo, promovió la fundación de un club en Medellín que permitiera la práctica de esos deportes. 60 socios pagaron 100 pesos por acción y en menos de un mes ya habían llegado 100 socios atraídos por las ventajas del Club Campestre frente el Unión y los cafés del Centro. Actualmente es uno de los principales clubes sociales del país.

Le dio nombre al barrio
Fue José Tobón Uribe, quien mientras cursaba medicina en París se enamoró de los castillos de Francia, especialmente los del Valle de Loira. Iniciando los años 30 del siglo pasado, la construcción del castillo en las lomas de El Poblado fue algo impactante entre las demás familias que ya tenían aquí sus casas campestres.
Luego de que don Diego falleciera, su voluntad se cumplió y su hogar se convirtió en museo, el cual ha pasado por reformas y remodelaciones para que la comunidad encuentre variada programación y comodidad. Marta Ligia Jaramillo, quien es la directora del Museo El Castillo hace casi 30 años, afirma que “cuando yo llegué la preocupación era por la seguridad del Museo, pero en dos años construyeron unidades y El Castillo quedó aislado en su espacio verde como parque, cerrado por el vecindario de unidades y edificios como Corales y Montevideo. La familia Echavarría había dejado la casa para que la gente la disfrutara, para que recibieran cultura, arte, y para fomentar la sensibilidad y la creatividad. Ellos querían que fuera un museo de puertas abiertas y recientemente lo cumplimos, lo que pasa es que el mantenimiento no es fácil y además el museo siempre ha estado en obras, mejorando”, dijo la directora.
El Museo El Castillo va desde la Loma de Los Balsos hasta la quebrada La Aguacatala, donde está pendiente una segunda etapa del parque ambiental que aún no se ha desarrollado. Uno de los momentos más difíciles tuvo que ver con la construcción de la doble calzada Los Balsos, lo que complicó el ingreso de los visitantes al museo y la asistencia a los talleres de la escuela de arte, ya que los padres no llevaban a sus hijos por las grandes congestiones en la loma. Sin embargo, según la directora Jaramillo la doble calzada era una necesidad y había que esperar con paciencia.

El parque quedó iniciado


Aunque de la primera etapa del proyecto se mejoraron instalaciones, se consolidó el parque en la parte frontal y posterior del museo, se desarrollaron senderos, se recuperaron las fuentes, además de conservar la flora y la fauna, quedaron pendientes arreglos en el parqueadero, la caja de cristal para eventos y el puente que conectaría con la segunda etapa.
La segunda fase del Parque Ecológico Ambiental le daría uso a la zona verde perdida cercana a la quebrada La Aguacatala. El proyecto contempla continuación y desarrollo paisajístico de jardines periféricos, construcción de plazoleta de acopio y bienvenida, terminar el parqueadero principal, restaurante, continuación de senderos, jardín de orquídeas y marantas, un laberinto floral y juegos infantiles, entre otros.
Por ahora, tras la terminación del convenio con la Alcaldía, la segunda etapa del parque se encuentra a la espera de inversores, para que el Museo El Castillo continúe siendo el pilar que le dio nombre a su barrio, su razón de ser e identidad.

Terminó convenio con la Alcaldía



A mediados de 2009, la Alcaldía de Medellín y el Museo El Castillo firmaron un convenio en el que los primeros se comprometían a dar recursos para la construcción de un Parque Ecológico Ambiental, y el ente cultural abría las puertas para el público de forma gratuita, con el fin de que más de 250 mil personas ingresaran a El Castillo en dos años. La meta se cumplió, dice Marta Ligia Jaramillo.
Según la directora, antes de firmar el convenio construyeron la Sala de Arte, realizaron la remodelación de la sala de conciertos y recuperaron sótanos, con la idea de abrir más aulas para clases y consolidar el edificio. Asegura que no fue fácil gestionar los dineros para ello, y que por lo general los alcaldes consideran que El Castillo, por estar en El Poblado, no requiere impulso y ayuda estatal. “A través de los años los alcaldes han pensado que estamos en un lugar privilegiado y que por eso no necesitamos recursos, y mientras tanto nosotros luchando, el parque deteriorándose, y a la vez manteniendo programación cultural y gestionando con el sector privado que es más difícil. Cuando Alonso era candidato le dijimos que esto era un patrimonio, él nos dijo que si era alcalde nos ayudaba y aproximadamente a los dos años de iniciar su gobierno, nos llamó y se comprometió con el Parque Ecológico Ambiental”, dijo Jaramillo.
Luego de cerca de dos años de convenio, la Alcaldía de Medellín argumentó que no había más recursos para el museo, y aunque faltaron obras, la dirección de la entidad agradece y reconoce la importancia de dicho convenio. “Fue la salvación para El Castillo, recuperamos espacio público y fue la oportunidad para que muchos conocieran el museo. Lo consolidamos como una institución cultural, realizamos eventos de ciudad, y es una lástima que haya terminado porque son inversiones en patrimonio cultural tangible, permanente para el público. Estamos esperando la oportunidad para terminar el parque y en un tiempo tener una financiación que nos permita trabajar y recibir gente gratuitamente”, agrego la directora del museo.

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