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Quizás el libro pueda y deba leerse como la estupenda conjunción de tres universos paralelos, tres inspiraciones en paralelo de un alma estremecida por la literatura, los desengaños amorosos, la muerte del padre y la búsqueda de su fibra interior para construirse una cosmogonía propia

Por Esteban Carlos Mejía
Serendipia es adaptación al español de la palabra inglesa serendipity: el don de hacer hallazgos extraordinarios. Serendipity proviene de Serendib, hoy Sri Lanka, la isla resplandeciente, el antiquísimo reino de Sinhala, en donde al parecer quedaba el Edén, o sea, el paraíso terrenal de Adán y Eva. Siendo apenas un niño, el escritor Gustavo Arango, profesor de literatura latinoamericana en la Universidad del Estado de Nueva York, Oneonta, tuvo en su natal Medellín una serendipia a cuya revelación ha dedicado, aunque mejor sería decir consagrado, la vida entera.

Por Historia de los grandes viajes y de los grandes viajeros, de Julio Verne, se enteró de la leyenda de Fa Hsien, monje budista de Chang-han, al noreste de China, que viajó catorce años por ríos, mares, desiertos, cordilleras y valles en busca del libro de las disciplinas budistas, el Vinaya Pitaka, hasta encontrarlo en una biblioteca de Abayagiriya, entre la jungla de Sing-hala, transcribirlo, acarrearlo a China, traducirlo y publicarlo para benemérito de su benemérita comunidad, la del mismísimo Siddhartha Gautama, el Iluminado, Buddha, ni más ni menos.

La historia de Fa Hsien, a veces lastimosa, a veces quimérica, obsesionó a Gustavo y lo llevó a fantasear con morir en Sri Lanka. Durante lustros se alimentó con lecturas babilónicas sobre dinastías, dioses, bhikkhus, paranirvanas y nirvanas. Se pertrechó con cuadernos, lápices, bolígrafos, cámaras fotográficas. Y apuntalado en su erudición y en su aún más fértil imaginación, viajó a la isla en 2012 para conocer los lugares donde Fa Hsien había estado a principios del siglo V. Todo, casi todo, lo compiló en su más reciente obra, Resplandor, publicada por Ediciones B, en marzo de este año.

Resplandor es un libro con múltiples registros. Puede ser leído como crónica de viajes, los de Fa Hsien y el Viajero, personaje que a todas luces es trasunto del propio autor. O puede leerse como la biografía (mítica) de Gautama y sus innumerables existencias, sus milagros casi inverosímiles y sus enseñanzas de remota e improbable observancia. También podría leerse como novela histórica, en la misma índole de Santa María del Diablo, libro con el que Gustavo ganó en 2015 el International Latino Book Award, eso sí, con temas, personajes y tratamientos literarios diferentes. O quizás Resplandor pueda y deba leerse como la estupenda conjunción de tres universos paralelos, tres inspiraciones en paralelo de un alma estremecida por la literatura, los desengaños amorosos, la muerte del padre y la búsqueda de su fibra interior para construirse una cosmogonía propia.

Porque la cosa con Resplandor es mucho más que un enredo de montañas y asteroides, de proezas y aventuras, de agujeros negros y universos. La cosa con Resplandor es el resplandor de Gustavo Arango como ficcionario incandescente
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