Palabras de cocina que tienden a desaparecer

 

 
 

Palabras de cocina
que tienden a desaparecer

 

 

El tema lo traigo a colación, afectada por la cantidad de eventos y reflexiones que a finales del mes pasado surgieron alrededor de la lengua española. En Medellín y en Cartagena y en todos los medios de comunicación se comentaron y se escribieron enemil temas de la más variada índole. Desconozco si este trivial asunto que voy a exponer fue tratado de alguna manera; sin embargo, me atrevo a presentarlo a mis lectores advirtiendo que no soy investigadora especializada y que el glosario que a continuación presento lo he obtenido de un maravilloso diccionario publicado por Planeta en 2004 titulado: “Diccionario de palabras que mueren” cuyo autor es el antropólogo Germán Ferro. Veamos:

Aguamanil (Del latín aguamanite). m. Jarro con pico para echar agua en un recipiente para lavarse las manos.

Almud (Del árabe mudd, la medida para áridos). m. Antigua medida de capacidad y de área para granos y semillas secas. Todavía se usa en algunas regiones del departamento de Antioquia.

Ambigú (Del francés ambigu).m. Comida nocturna. Posada o local para tomar alimentos ligeros. Estos lugares se designan actualmente con el anglicismo de bar.

Anafe [Anafre] (Del árabe annáfih, horno portátil de barro cocido).m. Hornillo portátil.

Avío (De aviar, de a y el latín via, camino).m. Provisión de víveres que se llevan para el tiempo que se está fuera de casa, apresto.

Azafate (Del árabe safat, la cesta, el canastillo).m. Bandeja. Canastillo con el borde bajo, tejido de mimbre o hecho de paja, oro, plata, latón, loza u otras materias.

Bastimento (Del provenzal bastir, y éste del germánico bastjan, construir). m. Ant. Edificio, barco. Provisión para abastecer o dar sustento a una ciudad, un ejercito o un grupo de viajeros.

Bodrio (Del latín brodium, caldo, y éste del germánico brod).m. Comida mala o mal preparada. Persona u objeto feo.

Botija (Del latín Buticula). f. Vasija de barro poroso que se usa para conservar el agua fresca.

Caldereta f. Recipiente pequeño en forma de caldera.

Chirlomiro m. Pájaro semejante al tordo, por extensión persona flaca. Alimento de poca sustancia.

Chorote m. Olleta de barro para el chocolate.

Comistrajo (De conmisto, y éste del latín commixtus, mezclado o unido con otra persona o cosa).m. Mezcla irregular y extravagante de alimentos.

Condumio (Del latín vulgar condomium. Complementos, o de condir, condire, condimentar).m. fam. Manjar que se come con pan. Comida abundante.

Empella (De pella, pelota).f. Manteca, tal como se saca del cerdo.

Escudilla (Del latín scutella, copita).f. vasija ancha y semiesférica semejante a un tazón, que se usa comúnmente para servir la sopa o el caldo.

Jiné (Del muisca jine).m. Piedras del hogar o fogón.

Lejía (Del latín lixiva, expresión latina cinis lixiva, ceniza para ser cocida). f. Agua en que se han disuelto álcalis o sus carbonatos. La que se obtiene cociendo ceniza sirve para la colada. En Antioquia se preparan “arepas en lejía”.

Mondar (Del latín mundare). tr. Quitar la cáscara a las frutas, la corteza o piel a los tubérculos, o la vaina a las legumbres.

Palangana (De origen incierto, quizá del latín palagana, pepita de oro). f. Recipiente redondo de hierro, porcelana o loza utilizado para lavarse.

Piscolabis (Del latín pizca, comerás pizcas). m. Refrigerio, tentepié. Comida ligera y ocasional.

Tarugo (De origen incierto, probablemente del galo tarinca). m. Trozo de madera o pan, generalmente grueso y corto.

Tulpa (Del quechua tullpa, hogar, fogón). f. Piedra para hacer el hogar o fogón.

Yuyo (Del quechua yuyu).m. Hierba que sirve de condimento.

Una vez más ofrezco disculpas a mi jefe y director del periódico por la brevedad de mis conceptos y la extensa utilización de textos de terceros; pero además del glosario referido en líneas anteriores considero pertinente terminar esta columna con un extracto de Ferro, cuando en la presentación de su obra escribe: “Este breve diccionario fue reconstruido al final del milenio, en homenaje a mi madre, quien estaba muriendo, y murió lentamente, como les sucede a estas palabras. De ella aprendí un rico vocabulario. Muchos de los términos que aquí se recuerdan crecieron conmigo, acompañaron mi infancia y habitan en mi memoria. De vez en cuando aparecen con su gran poder de evocación, retrotrayendo épocas y situaciones. Ellas, las palabras, vuelven con su banda sonora y su tonelada de sentido y se van con la libertad que las caracteriza, pero nos las topamos una vez más a la vuelta de la esquina, en una noche de insomnio o en una exclamación y, de pronto, ¡paf! , ahí está de nuevo la palabra que nos sale de sopetón y que había estado guardada, detenida en el tiempo por más de diez años. Entonces, la acariciamos, la abrazamos y quedamos agradecidos por su generosidad semántica, por la atmósfera que trae consigo”.

Inspirada en el tema presentado, me comprometo desde ya con mi jefe y mis lectores a escribir una próxima columna titulada: “Aromas de cocina que tienden a desaparecer”.

Nota: Favor escribirme al siguiente correo electrónico: buenamesa@vivirenelpoblado.com