Otras interpretaciones

Adaptado para Internet de la edición impresa (Edición 295)

Carlos H. Jaramillo, Subsecretario de Planeación

Este sector de la ciudad especialmente vive una cultura individualista. Se trata de una pretensión, hoy imposible y sin sentido, de conservar el espíritu de casas aisladas de recreo que alguna vez tuvo El Poblado. Al desarrollo de la ciudad no se le debe dar la espalda, hay que entender que Medellín es de todos y que es una construcción colectiva.

Edgar Bolívar, antropólogo

La vida de barrio y las nociones de vecindario y de conocerse con el otro cara a cara están en crisis, y por esas razones más que lazos entre ciudadanos tenemos juntas de propietarios.

La violencia hizo de Medellín una ciudad de guardias privados, mallas y cámaras de vigilancia, quebró la confianza y la tolerancia, y le abrió paso a relaciones basadas en el anonimato. Nuestros hijos no conocerán qué es un vecindario.

De otro lado hay una comprensión errada de la territorialidad. El recurso publicitario de “exclusivo” arraigó actitudes excluyentes, de forma que el comprador de aire puro, paisaje y tranquilidad creyó que estaría solo. Así comenzó a negar la ciudad, a resistirse a ser ciudadano.

Juan Carlos Orrego, antropólogo

Es la sensación de amenaza ante la llegada de un extraño y la consecuente defensa del territorio, propias de todas las especies de la naturaleza. Sin embargo tratándose de seres humanos debe haber límites porque la historia y la cultura no pudieron pasar en vano. Las reacciones deberían ser más elaboradas que despreciar, atacar y extirpar.

Muchos de esos conflictos están basados en razones falsas o ilógicas; si fueran fundados bastaría con las explicaciones del nuevo vecino o de las autoridades para desmontarlos. No obstante, se percibe que la intención es sacar al otro como sea: es el triunfo de los caprichos sobre la lógica de las ciudades, que consiste en reunir heterogeneidad.

Luis Fernando Arbeláez, urbanista

“Quien así actúa lo hace de forma muy conservadora, vive un individualismo extremo, sin pensar desprecia el cambio, se comporta como el organismo, que rechaza todo cuerpo extraño. Hay que entender que la ciudad, al contrario, es mixtura, esa es su virtud y lo que la mantiene viva: es tener en la manzana viviendas, el café, la iglesia, el almacén, tener trato con los vecinos, cohabitar.

Como resultado de la violencia la seguridad se convirtió en la prioridad, entonces se privilegia lo privado y se identifica lo de acceso público como pérdida de calidad de vida”.

Arbeláez llevó esta discusión a su clase de arquitectura en la Universidad Santo Tomás. Del debate se destacan dos opiniones de sus estudiantes: “Estas conductas hablan de gente que piensa como propietaria y no como ciudadana” y “en El Poblado impera la lógica de lo privado”.

Luis Fernando Betancur, Curador Primero

Según la Ley 9 de 1989, los vecinos inmediatos de cualquier predio sobre el cual se desee adelantar una construcción deberán ser citados para que presenten sus objeciones, si las poseen. Esta figura, concebida para que la ciudadanía haga valer sus derechos, ha sido malinterpretada, pues los vecinos creen con esto que sin su “visto bueno” la construcción no se puede ejecutar, incluso se dan situaciones extorsivas, de exigencia de prebendas de ciudadano a ciudadano, para permitir que el trámite de aprobación continúe.

Un proyecto es aprobado porque las normas lo permiten y porque hay libre mercado, sin embargo hay que ver todos los argumentos, subjetivos en absoluto, que resultan entre los opositores.

Mauricio Mosquera, Secretario de Educación Ciudadana

Esos comportamientos expresan temor por la diferencia, además una intención de defensa de lo particular, que desconoce la calidad de vida y la diversidad de la ciudad. Hay un concepto que parece no estar claro y es que El Poblado es de todos, está desarrollado para la mezcla, y hace parte de Medellín. Para entenderlo habría que derrumbar muchos imaginarios sobre lo estético y lo de calidad, y reconocer que la migración dentro de las ciudades, para vivir o para recrearse, es un hecho natural.

María Uribe, Secretaría de Cultura Ciudadana

A El Poblado le haría mucho bien superar esa vida cotidiana del autismo y los servicios a domicilio, para conocer la ciudad, recorrerla y tumbar barreras. Además las preocupaciones podrían ser más útiles ¿Por qué hay que confundirse porque llegó un nuevo ocupante al barrio? Mejor dedicar el tiempo con los vecinos a pensar en proyectos como el mejoramiento del espacio público, de los parques, o en soluciones para la congestión del tráfico. Esos debates sí llegan a un punto.