Opulencia y miseria: las Bodas de Barú

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Opulencia y miseria: las Bodas de Barú
¡Y cómo se aprende de historia nacional en las revistas de peluquería!

/ José Gabriel Baena

Cuánta falta nos hace Alberto Aguirre para que clavara sus afilados puñales críticos sobre sucesos como el siguiente, sobre el cual me sobraré en comillas. En la revista Vogue, edición Latinoamérica de mayo, le dieron ocho páginas al “enlace sublime”, a la “boda histórica como su amor” de la señorita cuban-american Danielle Corona y del magnate colombo-bogotano Felipe Echavarría, “Pipo” para sus amigos, en Cartagena hace tres meses.

“Definitivamente son inolvidables las ocasiones en que confluyen el amor puro, ‘allure’ en su máximo esplendor, felicidad y una fiesta grandiosa… una celebración de tres días a la que asistieron más de ochocientos invitados”, venidos de todo el mundo superplay. Ella, diseñadora de la firma de bolsos Hunting Season, formada en los talleres de Valentino, Piccioli y Chiuri; él, graduado en Boston y Suiza, director de las franquicias de Armani y Vilebrequin en Colombia. La boda se tomó toda Cartagena y “cambió el aspecto de la ciudad”. La fachada de la basílica de San Pedro Claver fue iluminada especialmente para ellos y para los privilegiados que “convirtieron las calles en una pasarela por la que desfilaron vestidos de diseñadores colombianos e internacionales… Danielle llegó en una carroza y, al descender, su vestido arrancó suspiros entre los invitados”. Un traje de Naeem Kahn, con velo de tul y seda de cuatro metros, con aretes de perlas y diamantes de la abuela.

Antes de dar el sí, un medieval homenaje fue ofrecido a la pareja en el Palacio de la Inquisición. La mamá de “Pipo”, “Chiqui” Echavarría, y su hermana “Clo Cló” fueron las anftrionas. Leamos esto en voz alta: “Flores tropicales daban la bienvenida a una estancia en la que un grupo de monjes botaban incienso al ritmo de una trompeta melódica, emulando el siglo XVIII”. De morir. La fiesta de tres días apenas empezaba. Se tomaron el Baluarte en las murallas para cien metros de mesas, con la organización de la principal “wedding planner” de la Heroica. Los presentes eran “sociallités” de todos los rincones del mundo, llegados “desde Suiza y Londres hasta Singapur, Líbano o Congo”. Para el segundo y tercer día de festejos se fueron para la paradisíaca “Isla Barú” (¡!), donde fueron recibidos en la mansión de la familia con un vasto “catering” y cortejo de mujeres afro-american en trajes níveos. Todo evocó la fiesta “hippie beach” que cada fin de año celebran allí los Echavarría. La anfitriona viajó a Bali, en la Polinesia, para traer los elementos decorativos y regalos, y hasta se fue al África para conseguir una gran carpa estilo safari para hospedar a los novios en la playa. “Chiqui” es conocida como “La Reina de Cartagena” por su residencia en la ciudad vieja inspirada en Las mil y una noches… La recién casada, con un exclusivo traje de baño verano 2014 en flores verdes y blancas de Dolcce & Gabbana, “armonizaba perfectamente con la decoración de la isla… Una boda de ensueño, la del señor y la señora Echavarría, que todos recordaremos y se mantendrá indeleble en la memoria”. ¡De la pura realeza, mijas!

Qué hubiera escrito Alberto Aguirre. El 25 de mayo, los 2300 habitantes de la península de Barú (no es una isla) facultados para votar se abstuvieron de ir a las urnas en protesta por la falta de agua potable, salud, educación, vías. Los reinos y bodas de ensueño jamás serán para ellos. ¡Y cómo se aprende de historia nacional en las revistas de peluquería!
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