Los caleños tomaron una decisión muy difícil para el tenista: definirse por los dobles. Es como dejar de buscar a la más mujer linda del baile, por irse con otra, menos popular, pero que te garantizaba bailar toda la noche
/ Santiago Hernández

Una decisión de vida, una apuesta por un premio que no era el más gordo y una forma (ganadora) de vivir del tenis. Por esas tres razones, Juan Sebastián Cabal y Robert Farah hacen parte de nuestra historia del tenis.

Hoy, la dupla está cerca de ser los primeros colombianos en jugar la Final de Maestros del tenis en Londres, algo impensable para el tenis colombiano. Sí, unos nacionales en la élite de una disciplina con muchísimas más tristezas que alegrías. ¿Sorprendente? También. ¿Por qué ellos sí y nuestros individuales no?

La pareja de Cabal y Farah es la mejor en la historia del tenis colombiano, nada qué objetar. Cierran un gran año como la dupla número 10 del mundo en el ranking, gracias a sus cuatro títulos (Moscú, Niza, Buenos Aires y Río de Janeiro), una final y tres semifinales en grandes torneos del ATP Tour.

El gran presente, y esos resultados que rescatan a un pobre año del tenis colombiano, tiene unas razones de peso. Los caleños tomaron una decisión muy difícil para el tenista: definirse por los dobles por encima de los singles. Es una determinación compleja, era como dejar de buscar a la más mujer linda del baile, por irse con otra, menos popular, pero con sus encantos, pero que te garantizaba bailar toda la noche. Y que sí te paraba bolas. Así fue con Cabal y Farah, que en 2012 dejaron de competir cada uno por su lado, y se dedicaron el uno al otro.

En el 2011, el canadiense Farah (criado en Cali) salió de la Universidad de Southern California, en Estados Unidos, y a sus 25 años empezaba tarde un camino profesional, media década más viejo de lo que lo hace un tenista juvenil de proyección, y cuando navegaba por los 200 del escalafón del mundo. En ese contexto se reencontró con Cabal, con quien había compartido muchos títulos cuando apenas eran unos juveniles en Cali, y quien veía cómo una lesión que le destrozó la rodilla lo hacía bajar en el ranking individual. Juan Sebastián ya había sido finalista de dobles en Roland Garros (junto al argentino Eduardo Schwank), y tenía una experiencia como doblista en Copa Davis, pero que no tenía pareja estable para los dobles. Los dos, en conjunto, vieron que era ser uno más en el individual, o ser pareja y buscar algo más.

Y desde el principio hicieron una apuesta fuerte por su futuro. Contrataron un entrenador experto en dobles, el sudafricano Jeff Coetzee, quien llegó a ser 2 del mundo de la especialidad, que los hizo dar el salto de calidad. En un par de años pasaron de ganar los torneos tipo Challenger (como Medellín), a los ATP (tipo Río de Janeiro o Buenos Aires). Para hacer una comparación, mientras que Alejandro Falla ganó 11 torneos Challenger, nunca pudo llegar siquiera a una final de un ATP. Nuestro único campeón de torneos de ese tipo es Mauricio Hadad (Abierto de Bermudas en 1995). Y sí, los mencionados doblistas nacionales.

Y lo tercero, el dobles es una buena manera de ganarse la vida en tenis, menos exigente que el sencillos. El circuito de parejas está lleno de especialistas, varios veteranos que estuvieron en la cima de sencillos y la edad los sacó del tablero, o de jóvenes que encontraron en el dobles la manera de ganar títulos y dinero. En los top nunca se verá a uno de los primeros 10 del ranking de singles de varones. ¿Qué pasa cuando los mejores de sencillos le meten toda al dobles? Pues veamos los últimos oros olímpicos, como Roger Federer (2008) y Rafael Nadal (2016) como ganadores, ambos tenistas que no juegan el circuito de dobles en el año.

No se discute que el dobles tiene su importancia en el circuito profesional. Sus eventos se juegan en paralelo a los grandes torneos, tiene su final de maestros en Londres a la par de los finalistas de sencillos, y sus máximos representantes gozan de buena reputación en el deporte. Pero hay que ser sinceros y aceptar que no tiene la misma exigencia ni la paga de los que ven a Novak Djokovic o Andy Murray como animadores. En ese mercado, los caleños Farah y Cabal encontraron su nicho, hicieron historia y sacan el pecho por el país. Puede que no tengan a la niña más hermosa del baile, pero sí han disfrutado de la fiesta.
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