Hoy Colombia se digna de ser uno de los pocos países que ha acabado con sus ferrocarriles. Lo que hoy producimos es llevado a los puertos a un costo de US $ 0.30 por kilo versus el flete del ferrocarril, de US $ 0.10
/ Juan Carlos Vélez Uribe

Medellín y el Valle del Aburrá son hoy un conglomerado urbano que lo habitan más de 4 millones de personas. Es una región donde se produce más del 10% del PIB del país y se ha caracterizado por ser un centro de servicios y aún, un polo de desarrollo industrial.

La realidad es que hoy Medellín y el Valle del Aburrá tienen esa relevancia gracias al aporte de un modo de transporte que ha entrado en desuso en el país: el ferrocarril. Si no hubiera sido por las posibilidades de conectividad que ofreció este en el momento más clave del desarrollo industrial de nuestro departamento, hoy nuestra ciudad no pasaría de los 600 mil habitantes y tendría la misma importancia de ciudades andinas intermedias como Ibagué, Pereira, Armenia, Manizales o Neiva.

Fue el ferrocarril el que desde finales del siglo XIX y hasta inicios de la década de los 50 permitió que el Valle del Aburrá, encerrado entre montañas y lejos de las costas, pudiera tener acceso a los mercados del orbe. La vía férrea de Medellín a Puerto Berrío permitió que nuestros productos, principalmente los industriales y el café, pudieran lograr fletes competitivos, no solo para el intercambio de ellos con otras naciones, sino también para surtir el mercado nacional.

Hoy Colombia se digna de ser uno de los pocos países del mundo que ha acabado con sus ferrocarriles. Ha impulsado en los últimos 70 años una política de transporte, la cual ha privilegiado el modo carretero. Un absurdo que ha hecho que por ejemplo lo que hoy producimos en el Valle del Aburrá sea llevado a los puertos a través de unas vetustas carreteras, como la que nos conduce a la Costa, a un costo del flete de US $ 0.30 por kilo versus el flete del ferrocarril que es de US $ 0.10 y el del transporte por el Río Magdalena que está por el orden de los 3 centavos de dólar el kilo.

Pensar en rehabilitar la red férrea del departamento, principalmente aquella que va desde Amagá hasta Puerto Berrío es una decisión acertada; y considero que el señor Gobernador hace bien al promover la creación de una sociedad promotora del Ferrocarril de Antioquia. Esta decisión abre las puertas a que nuestro departamento vuelva a ser competitivo.

Hay varios proyectos en ciernes relacionados con nuestro tren. En primer lugar, poder desarrollar un tren de cercanías entre Caldas y Barbosa, para lo cual ya han manifestado la intención de impulsarlo, además de la Gobernación, el Área Metropolitana y el Metro (sorprende la ausencia del Municipio de Medellín en la sociedad promotora, a pesar de haber incluido el tema del tren en el Plan de Desarrollo). En segundo lugar, un tren de basuras que lleve los residuos sólidos producidos por el Valle del Aburra y otros municipios, de una estación de transferencia en Bello al relleno sanitario de La Pradera. Y en tercer lugar, un tren de carga que desde Amagá pueda transportar carbón a la planta de cemento que se construye en Maceo, y que pueda llevar la carga que hoy saldría de Medellín, como vehículos automotores, confecciones y textiles, vidrio, alimentos; e importar las materias primas que hoy demanda nuestra industria, como harina de trigo, acero, hierro, cemento, etcétera. También podríamos sacar el café desde la estación ubicada en Amagá.

En conclusión, además de las autopistas 4G, los puertos de Urabá, la construcción de la segunda pista del José María Córdova, los túneles de Oriente y del Toyo, los antioqueños debemos incluir como propósito regional la reactivación de nuestro ferrocarril.