¿Por qué en esta ciudad -tan inundable, con taludes tan deleznables, con vías tan precarias y vulnerables- no nos importa mantener bien las cunetas? Posiblemente porque no conocemos su importancia para la duración de una vía

/ Juan Carlos Franco

Da rabia bajar por la doble calzada desde el alto de Las Palmas y ver sobre la derecha (Km 12+600, arriba de Doña Rosa), donde hace unos seis meses terminaron un enorme muro de contención del talud, que el irresponsable contratista dejó como regalo a la ciudad la desaparición completa de más de 50 metros de cuneta.

Esa obra tan simple, un muro de contención para supuestamente proteger la vía, en la que se invirtieron seguramente muchos miles de millones, ahora es la peor enemiga de la vía que busca proteger. Por haberse robado la cuneta.

Y no hubo ni hay hasta la fecha autoridad alguna que, al dar por recibida la obra al abusivo contratista, la objetara con un reclamo o una invitación a despejar o reconstruir la cuneta, y remover los escombros que tan mal se ven y tanto daño hacen y harán a la vía.

Da más rabia aun seguir bajando y encontrar en la vía que baja a Los Balsos (la José María Escrivá), sobre mano izquierda, varios gaviones cedidos y las piedras tranquilamente desparramadas sobre la acera. Tapándola casi toda. Desde hace al menos 2 años, uno de la administración anterior y uno de la actual.

En conclusión, en Medellín no nos importa que las cunetas estén bloqueadas, eso es paisaje. Tampoco nos importa que las aceras estén o no despejadas. Todavía más paisaje.

Si esto ocurre en una de las vías más transitadas de la ciudad, nada menos que la que lleva y trae de Oriente y del aeropuerto, ¿qué ocurrirá en otras mucho menos visibles? ¿Qué mensaje estamos transmitiendo a propios y extraños?

¿Por qué en esta ciudad -tan inundable, con taludes tan deleznables, con vías tan precarias y vulnerables- no nos importa mantener bien las cunetas? Posiblemente porque no conocemos su importancia para el bienestar y larga duración de una vía.
Y eso que cualquier ingeniero civil lo sabe desde quinto semestre. Me consta.

No tener cunetas -o tenerlas, pero bloqueadas- es de lo peor que puede pasarle a una vía pavimentada. El agua se queda represada y poco a poco se va metiendo por debajo de la carpeta asfáltica, poco a poco va lavando y desplazando la base y la sub-base. Hasta que la carpeta se quiebra y vienen los huecos. Y se pierden millones en vías y en vehículos. Y hasta en generación de accidentes.

También el agua va ingresando por pequeñas fisuras superficiales del pavimento y lo va debilitando hasta que se forman huecos. Inicialmente pequeños, pero inevitablemente crecientes. Y se pierden más millones.

Tan importante es la cuneta, que debe construirse antes de pavimentar, para que sirva como confinamiento o borde del propio asfalto.

Tan importante es la cuneta, que su mantenimiento y recuperación tienen que ser una actividad fundamental de las diferentes secretarías de infraestructura. Después de cada lluvia, cuando muchas de ellas quedan taponadas por arena y escombros, es imperativo sacar cuadrillas de limpieza para dejarlas impecables de inmediato.

Pero no. Lo normal aquí es que esa tierra se quede y pronto de ella germinen exuberantes, tropicales, la maleza y la hierba -como en la citada arriba sobre la vía de Las Palmas- hasta tener un saludable cultivo, que a su modo también invade y echa a perder el pavimento.

Todos pasan por encima sin parecer darse cuenta de que gracias a esa tradicional desidia por ahí se va yendo aceleradamente la inversión que tanto costó a los contribuyentes.

El gobernante, como administrador de turno de la ciudad, debe ser capaz de desarrollar obras nuevas, pero también de conservar y extender la vida de las existentes, de las heredadas de anteriores gobernantes.

Es increíble cómo para nosotros, que tanto nos honramos de ser inteligentes y recursivos, las cosas más sencillas se van volviendo las más complejas.
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