«El hombre a quien no conmueve el acorde de los sonidos armoniosos, es capaz de toda clase de traiciones, estratagemas y depravaciones»: W. Shakespeare
/ Jorge Vega Bravo

Después de 10 meses de cierre por reparación, abre sus puertas el Teatro Metropolitano con un concierto de la Orquesta Filarmónica de Medellín. Qué profunda sensación la de regresar al teatro y sentirse como en casa. En el contexto del arte como terapia, la música tiene un poderoso efecto sobre el ser humano, un efecto salutogenético. Si bien el arte siempre ha estado presente en la historia de la humanidad, la musicoterapia y la terapia artística son desarrollos nuevos en la historia humana.

Todos tenemos un artista interior que ayuda a formar nuestra naturaleza esencial: “El arquitecto interior construye la estructura del esqueleto; el escultor crea las formas vivientes de los músculos, de los órganos internos y las características faciales. El pintor interno saca los colores de nuestra apariencia externa y nuestras emociones; el músico interpreta los múltiples tonos de nuestra alma y compone la melodía de la vida; el poeta interior expresa en palabras el drama de la vida y del destino” (S. Reinhold).

En comparación con las artes visuales, la música tiene una relación especial con el tiempo y el ritmo y por tanto con procesos de crecimiento y desarrollo. “Hasta la canción más conocida debe ser creada de nuevo, en cada interpretación”. Una composición musical solo surge completamente cuando el oyente la interioriza, cuando la expande y la contrae, cuando se pone tenso y se relaja interiormente con la música. Entonces puede descubrir un poder que a través de múltiples metamorfosis, lo conducirá a la esencia de la obra musical y de sí mismo. La musicoterapia apela a la voluntad del ser humano y en este sentido llama sus aspectos futuros. La enfermedad puede ser resignificada como la oportunidad para un nuevo proceso de crecimiento y desarrollo. Angelus Silesius escribió refiriéndose a esta voluntad humana orientada hacia el futuro: “Cada uno tiene una imagen de lo que quiere llegar a ser. Su realización no estará completa hasta que la hay conquistado” (Citado por S. Reinhold).

El sentir es el puente entre el pensar y el actuar, entre la individualidad y el organismo. Y el sentir juega un papel central en la percepción de la música. Si la música es capaz de llegar a todos los seres humanos, jóvenes y viejos, enfermos y sanos de una forma inmediata y profunda es porque se dirige completamente al núcleo del ser humano, donde reside el sentir. La música amplifica nuestra capacidad de sentir, sacándonos de la existencia cotidiana. Y así como tenemos una estructura trimembrada, la música puede ser vista como un organismo compuesto por tres elementos: la melodía, relacionada con nuestro pensar, la armonía, con nuestro sentir y ritmo con nuestra voluntad y nuestro actuar. La armonía se mueve entre la melodía y el ritmo, así como el sentimiento equilibra el pensamiento y la acción. Con cada uno de estos tres elementos entramos en la música por un camino que genera salud.

Coda: el alma sensible del futbolista que todos llevamos dentro está triste y removida. La muerte accidental de este grupo de jóvenes futbolistas, periodistas, técnicos y sus acompañantes y tripulantes, nos conmueve profundamente y emergen los más nobles sentimientos. En estas circunstancias comprobamos que hay bondad en el alma humana y que el destino de unos cuantos nos involucra a todos. Somos una gran red, aún disarmónica, en proceso de ser tejida.
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