El exceso de reflexión y las preocupaciones repetidas producen apetencia por dulce o harinas, como tratando de cubrir el gasto de glucosa. De allí la relación directa entre ansiedad-preocupaciones y obesidad-diabetes
/ Jorge Vega Bravo

Si usted piensa en el bazo, le llega la sensación del piquetazo del costado izquierdo que sentimos cuando tenemos aire en el estómago. Y es que ahí al lado está el bazo que es un órgano que tiene una profunda relación con el páncreas y el estómago y que es parte de nuestro sistema inmunológico y opera como el cementerio de los glóbulos rojos.

R. Steiner afirma que el bazo es el órgano más espiritual del cuerpo. Él maneja los ritmos internos por estar muy cerca de la nutrición humana y en contacto permanente con la sangre. El ritmo de la sangre tiene que ser muy regular para que la vida se mantenga, pero el ritmo de la alimentación suele ser irregular. La tarea del bazo es atenuar la irregularidad del ritmo alimenticio para mantener el ritmo interno de la sangre. Cuando uno come a deshoras el bazo corrige este impacto. “El bazo trata a todo lo exterior, de tal manera que le modifica el ritmo, dándole un ritmo acorde con el organismo humano”.

“Cuanto más algún órgano es la expresión inmediata de lo espiritual, cuanto menos puede considerarse como lo esencial la forma física del órgano”. Es por ello que el bazo se puede sacar sin atentar contra la vitalidad básica del organismo. Es el único de los órganos vitales que se puede extraer sin producir la muerte.

El alma del bazo es llamada en la medicina china: Yi. Ella ayuda a procesar los pensamientos, gobierna la capacidad de reflexión y la fuerza moral que nos ayuda a poner límites. La relación bazo-páncreas es patente en este aspecto. En la fisiología occidental el páncreas está muy conectado al sistema nervioso y tiene un aspecto catabólico (producción de enzimas para la destrucción de los alimentos) y una gran capacidad de producir neuropéptidos, de tal manera que se le considera un cerebro periférico. Su capacidad de regular el metabolismo del azúcar -por medio de la insulina y el glucagón- es crucial para la función del cerebro (quien consume un alto porcentaje de la glucosa corporal) y para la presencia del Yo en nuestro organismo. Steiner dice que el azúcar porta el Yo. “Donde hay azúcar, está la organización del yo”.

De hecho el exceso de reflexión y las preocupaciones repetidas producen apetencia por dulce o harinas, como tratando de cubrir el gasto de glucosa. De allí la relación directa entre ansiedad-preocupaciones y obesidad-diabetes. En acupuntura existe un resonador donde podemos actuar en el alma del bazo; se llama Yishe: el asalto de la imaginación. Actuando allí podemos apaciguar a la que Teresa de Ávila llamó ‘la loca de casa’.

La afección del alma del bazo conduce a la incapacidad para hacer conexiones lógicas entre las ideas e inhabilidad para transformar los pensamientos y las ideas en acciones. O de otro lado trastornos obsesivos-compulsivos. Cuando rumiamos mucho, involucionamos, nos tornamos bovinos. Hagamos conciencia del bazo, órgano misterioso.

Coda: Lo que acabamos de vivir con el plebiscito nos muestra un país con una democracia inmadura (¿cómo es que sólo participó el 37,43% en una decisión tan importante?). Y lo que puede ser visto como polarización, tiene visos de equilibrio de fuerzas que buscan a través de lo negativo, algo positivo para el país. Yo vote sí, convencido de que es un camino más directo para la paz. Pero ahora veo otros matices y sigo trabajando a través del nuevo camino que se nos presenta.
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