Francisco Ochoa Ochoa
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Seamos conscientes de que tenemos una red vial escasa y con dificultades de todo tipo para ampliarla, comenzando por su costo, lo cual obliga a darle un uso racional y eficiente. Pero, ¿qué observamos en el diario trajinar por Medellín? 
/ Francisco Ochoa            

Muchos importantes aportes se han venido haciendo para la solución de este delicado y crónico problema del Valle de Aburrá. Destaco las importantes sugerencias que realizó el ingeniero Rodrigo Salazar en entrevista publicada en Vivir en El Poblado, en la edición 645.

En el entretanto, hay algunas ideas muy simples y económicas que pudieran y debieran adoptarse.

Seamos conscientes de que tenemos una red vial escasa y con dificultades de todo tipo para ampliarla, comenzando por su costo, lo cual obliga a darle un uso racional y eficiente. Pero, ¿qué observamos en el diario trajinar por Medellín?

1. Buses y taxis de servicio público paran en el carril que les parezca, en el sitio que les plazca, a subir o bajar pasajeros. Los paraderos, si los hay, poco les importan. ¿Que los demás vehículos deban esperar y que se arme un trancón? Eso no es problema del señor (ojalá lo fuera) conductor del bus o taxi de turno. Primeros yo y mi pasajero; lo demás poco interesa. Ante esto, nuestros agentes de tránsito continúan chateando y flirteando, pues lo que observan es parte del paisaje y no es infracción que deba ser sancionada.

2. Los taxis ocupan como centros de acopio todos los pocos espacios que ofrecen nuestras escasas avenidas. De nuevo, la actitud pasiva y permisiva de nuestros agentes de tránsito.

3. Las motos, abundantes por lo demás, estacionan donde les plazca, el tiempo que necesiten, sin importar si estorban o no. También la actitud de los agentes de tránsito, si aparecen, es absolutamente pasiva y permisiva. Podrá observar motos y taxis por cuanta calle circule, ocupando espacios escasos que deberían destinarse para la circulación y no el estacionamiento.

4. Abundantes sectores de nuestra ciudad (y tenemos ejemplos graves denunciados reiteradamente en ediciones anteriores de Vivir en El Poblado) como por ejemplo Manila, Barrio Colombia, La Bayadera, Sagrado Corazón, La Aguacatala, para citar solo algunos, son ocupados, mejor, invadidos, por los propietarios de vehículos particulares que ocupan a sus anchas las escasas vías de nuestra querida Medellín. Y todo esto ocurre ante la mirada pasiva y permisiva de nuestras autoridades de tránsito.

Pregunto: ¿habrá derecho a que todo esto ocurra en Medellín? ¿Y a que invirtamos dineros escasos en la construcción de vías para que se destinen a parqueaderos privados sin compensación alguna para el Estado?

Hemos aprendido una lección a punta de sanciones: las fotomultas nos han obligado a respetar los límites de velocidad y las señales de pare en los cruces semaforizados. Pregunto: ¿por qué no utilizar este mismo mecanismo para enfrentar este desastroso caos de indisciplina social que he descrito en los cuatro numerales iniciales (y quedaron faltando)?

Este sistema de sanciones está inventado en el mundo entero y urge implementarlo en Medellín, pues nos hace falta aprender, así sea a costa de sanciones, ya que no valen consejos de buen ciudadano.

Alcalde Federico: tenga usted el valor civil de hacer respetar el espacio público y devolverle a la ciudad lo que le pertenece a la colectividad y no a los abusivos usuarios. De paso, hágase a unos buenos recursos que le servirán para obras viales de nuestra Bella Villa. No permita que esta ciudad se convierta en tierra de nadie donde todo se permite, sin importar si se violan principios legales elementales. Mire el doloroso caso de Cartagena donde los ilegales mototaxistas destruyeron a piedra el nuevo sistema de transporte colectivo de Transcaribe.

Urge mano dura, con sanciones. Solo así aprendemos. Mire usted lo que ha ocurrido con los vendedores ambulantes frente a la permisividad preelectoral recurrente. Mire el caos de los mototaxistas en varias ciudades de la Costa y del Bajo Cauca, sitios en los cuales se han convertido en un problema de orden público delicado por la permisividad de las autoridades.
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