Francisco Ochoa Ochoa
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Los invito a la reflexión y a renunciar a la pusilanimidad que ha caracterizado al ciudadano colombiano. Es hora de decir: no más errores con cargo a los ciudadanos; no más horrores
/ Francisco Ochoa

Hace pocos días, circulando por la transversal Superior, a la altura del Parque Comercial El Tesoro, me tomé un buen rato para observar las maniobras (y las imprudencias) que deben realizar los conductores cuando enfrentan el flamante puente construido por el Fonval.

Es una obra absolutamente equivocada, un típico elefante blanco. Lo más grave: ustedes y yo lo pagamos. ¡Sí! Lo pagamos, pues se construyó con recursos de los ciudadanos. Pasan los días y los meses, estudios van y vienen y el problema permanece y crece.

Y saben lo peor: llevamos más de un año buscando soluciones que no aparecen y que no existen. Pretenden resolver tremendos errores con maletines naranja. Preguntas que surgen: ¿Quién lo diseñó de manera equivocada? ¿Quién modificó el diseño? ¿Quién supervisó la obra? ¿Quién contrató ese adefesio? ¿Quién autorizó el cambio de diseño? Todas las anteriores son preguntas sin respuesta. ¿Por qué no se dice claramente qué pasó y cuáles ineficientes funcionarios tienen la responsabilidad? Al parecer el diseño se cambió a solicitud del contratista, sin consultar al diseñador original, para conveniencia del constructor. ¿Será esto verdad? Esa platica se perdió…

Solo una pregunta tiene respuesta clara: ¿Y quién lo pagó? Usted y yo querido amigo.

También hay algunas preguntas sin respuesta: ¿qué dicen las ías (Contraloría, Fiscalía, Personería)? ¿Qué dice el Concejo de Medellín? ¿Qué dice la anterior administración, única responsable de este descalabro de la ingeniería y la contratación de obras públicas, motivo de burla y descrédito a nivel nacional e internacional?

Como si lo anterior fuese poco, miren ustedes estas otras perlas:
1. Deprimido de Los Balsos con la transversal Inferior: se inicia con un error grave en la adjudicación que desembocó en una serie ininterrumpida de metidas de pata por el constructor, incluida la reciente “falla menor” cuya reparación se estima costará $ 1.700´000.000 que se pagarán con recursos del Municipio, que provienen, por supuesto, de los impuestos que ustedes y yo pagamos. Se rumora en círculos gremiales locales que el primer contratista no tenía conocimientos de ingeniería suficientes, carecía de equipos adecuados y de personal apto, además de presentar antecedentes de multas en contrataciones anteriores.

A todas estas cabe preguntar: ¿Y qué papel jugó la interventoría? ¿Cuántos meses de retraso acumulamos? ¿Nuestras autoridades de movilidad se asoman por allí a las 8 am o las 5 pm? ¿Siguen creyendo que el problema se resuelve como en El Tesoro, con los maletines naranja?

2. Adicionalmente, como decían los abuelos, “la ensillada sin traer la bestia”: la obra de conexión de Los Parra entre la carrera 43 A y la carrera 43 C, obra que se planeó, contrató y ejecutó (¿?) sin tener la elemental precaución de verificar si se disponía de las tierras requeridas para adelantarlas. Increíble, pero cierto. Llevamos más de dos años de retraso en la fecha prevista de entrega y la obra no funciona, o mejor, funciona pésimamente mal.

La prudencia y delicadeza de la administración del alcalde Federico Gutiérrez es admirablemente asombrosa, al no poner el espejo retrovisor y colocar el dedo acusador a quien tiene la culpa de todos estos yerros.

No podemos culpar a la actual administración municipal de estos imperdonables errores en las obras de valorización; solo son imputables a la administración del anterior alcalde Aníbal Gaviria.

Ahora que estamos en la onda de las protestas pacíficas, yo los invito a la reflexión y a renunciar a la pusilanimidad que ha caracterizado al ciudadano colombiano a lo largo de la historia. Es hora de decir: no más errores con cargo a los ciudadanos; no más horrores.

¿Cómo así que todos estos errores los tenemos que pagar los ciudadanos de El Poblado (vía valorización) y los medellinenses (vía fondos comunes) y nadie se despeluca? ¿Dónde están los entes de control? ¿Acaso estos temas no debe estudiarlos la Contraloría Municipal, buscar los responsables y obligarlos a responder por el costo de sus errores? Me resisto a pensar que todos estos yerros sean meros hechos fortuitos y que simplemente se paguen con recursos del municipio (de nosotros, los ciudadanos que pagamos impuestos).

Si usted amigo contribuyente se atrasa en los pagos fijados, le cobran intereses de mora y pueden llegar al cobro coactivo de la deuda. ¿Y nosotros ciudadanos qué podemos y debemos hacer frente a la Administración Municipal, cuando se decretan por valorización obras que no valorizan, que se diseñan equivocadamente, se contratan erradamente y se incumple en las fechas de entrega prometidas?

¡Despierta Medellín! Obliguemos a los entes de control a cumplir sus funciones. No más silencios cómplices. Que actúen los ediles y miembros de la JAL. Que se identifique a los responsables y se les obligue a asumir el costo de sus errores.
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