La curiosidad me dañó el tinto. Leí por encima del hombro: imposible: una tipografía demasiado chiquita para mi voyerismo. Se volteó y me miró con desconfianza. No tenía ni 16 años
/ Esteban Carlos Mejía

La nena era flaca, bonita y seria. O, al menos, leía con seriedad. Apoyaba el libro sobre el borde de la mesa. Desde donde yo estaba, no podía ver la portada. Nada la molestaba, ni las voces de los comensales ni el ruido de la calle. Dejé caer una servilleta y me agaché con disimulo a ver si podía pillarme el título. Cuando veo a alguien leyendo me entra la piquiña del metiche: quiero, necesito, debo, tengo que saber. De vez en cuando ella resaltaba algo, una frase, medio párrafo, un subtítulo. ¿Serían cuentos? ¿Un manual de autoayuda? ¿Cómo ser feliz sin salir de casa? ¿Poemas? ¿Gimnasia olímpica? La curiosidad me dañó el tinto. Esto no se puede quedar así, pensé. Me levanté, di un rodeo a las mesas y me le planté detrás, más vale ponerse colorado una vez que quedarse pálido el resto de la vida. Leí por encima del hombro: imposible: una tipografía demasiado chiquita para mi voyerismo. Se volteó y me miró con desconfianza. No tenía ni 16 años. “¿Qué estás leyendo?”, dije atolondradamente. Me mostró la carátula. After, de Anna Todd. “Oh”, exclamé. “Es un fenómeno juvenil, la historia de un amor infinito”, me explicó. ¿Un amor infinito?, pensé, pero me quedé callado. Por su bien y por el mío.

* Día tras día. ¿Y la efeméride literaria de esta semana? El 14 de agosto de 1994 moría en Zúrich, Suiza, Elías Canetti, versátil y erudito, hábil para crear ficciones intelectuales y también capaz de desmenuzar con inclemente escrupulosidad lo que el Poder significa en la vida humana. Premio Nobel en 1981, hablaba con fluidez tres o cuatro idiomas, entre ellos ladino o sefardí, búlgaro e inglés. Escribía en alemán.

Huyó de los nazis en 1938, dos años después de haber publicado la novela Auto de fe, apocalíptica historia del sinólogo Peter Kien, su matrimonio con la criada Teresa -ignorante, abusiva y arribista- y las tribulaciones alrededor de su biblioteca de 25.000 volúmenes. Ojo, profesores: ¡cuidado con las muchachas del servicio!

En 1960 publicó Masa y poder, perspicaz ensayo sobre la manipulación y la sumisión. Me consta que algunos políticos colombianos lo usan para convalidar mefíticos proyectos, el Estado de Opinión, por ejemplo. El grueso de la obra de Canetti sólo podrá publicarse en 2024, según disposiciones testamentarias.

* * Body copy. “No volvía nunca a Nueva York, aunque de vez en cuando Nueva York iba a visitarle: las personas que había conocido y tratado, los artistas y los poetas y otros por el estilo, a los que conoció antes de comenzar a ganar tanto que necesitó un buen armario donde guardarlo. Los pintores, los escritores que no habían vendido un libro, ni un cuadro, tipos que se dejaban barba para ocultar el cuello desgastado de la camisa, iban a verle y se ponían sus camisas y sus calcetines, dejándolos escondidos bajo la cómoda al marcharse, y las mujeres con vestidos holgados, aunque a veces no: las flacas, ansiosas, carnívoras pregoneras y tamborileras del Arte”.
William Faulkner. Artista en casa. 1933.

* * * Vademécum. ¿Voyerista? “Persona que disfruta contemplando actitudes íntimas o eróticas de otras personas”. ¿Sinología? “Estudio de las lenguas y culturas de China”. ¿Perspicaz? “Dicho del ingenio: Agudo y penetrativo”. ¿Mefítico? “Dicho de una cosa: Que, respirada, puede causar daño, y especialmente cuando es fétida”.
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