Aldemarcito lanzó una bomba lacrimógena en forma de libro, un escandaloso análisis de la vida, pasión y resurrección de las mujeres de Pereira que escudriña los vericuetos de la Perla del Otún. No queda títere con cabeza
/ Esteban Carlos Mejía

Aldemar Solano Peña nació en Bogotá hace 38 años. Escribió su primer cuento a los diez años. Produjo un guión de video a los 18. Fundó un periódico a los 20. Y a los 21 creó una emisora comunitaria. Periodista en prensa, revistas, radio y televisión, se ha especializado en publicar libros controversiales, de esos que tanto espantan a pueblerinos y meapilas. En 2007 apareció Dicen que en Sesquilé, historias y mitos de un pueblito de Cundinamarca cuyo nombre en muisca significa “Boquerón de la arroyada” y también “Agua caliente”.

Cuatro años después, en 2011, Aldemar sacó Boleta de captura. El fiasco de la fiscalía, denuncia que narra paso a paso las complicaciones del falso positivo más grande de Colombia: en pleno gobierno de la Seguridad Democrática unas cien personas de Quinchía, Quindío entre ellos el alcalde, dos candidatos a la alcaldía, el comandante de bomberos, el concejal más antiguo de Colombia, un anciano ciego, funcionarios, campesinos y líderes agrarios- fueron capturadas por fuerzas especiales de la Policía, acusadas de “no estar cogiendo café” o algo por el estilo, y encarceladas durante casi dos años hasta su liberación por falta de pruebas.

Y en diciembre del año pasado, Aldemarcito lanzó una bomba lacrimógena en forma de libro, La fama de las pereiranas, escandaloso análisis de la vida, pasión y resurrección de las mujeres de Pereira. Con un estilo que oscila entre el panfleto y la polémica, el texto escudriña los vericuetos de la Perla del Otún en busca de los orígenes del presunto o real furor uterino de las mujeres de esa ciudad. No queda títere con cabeza. Ni fundadores, ni propagandistas, ni obispos, ni proxenetas, ni intelectuales, ni hetairas, ni bohemios del común logran esquivar la guillotina de la realidad. “¿Por qué las prostitutas en las principales ciudades colombianas y en el exterior dicen que son pereiranas sin siquiera conocer Pereira?”, se pregunta Aldemar. Y añade: “¿Por qué dicen que las pereiranas son las mejores? ¿Acaso tienen hechizos y poderes? ¿Cuál es el mito del que tanto hablan? Tal vez fueron los efluvios del corazón que menciona el himno de Pereira, la mirada ruborosa, el hablar envolvente, el talle de fiesta de guadua que describe la literatura pereirana”. ¿O quizás por ser “querendonas, trasnochadoras y morenas”, como se decía antes cuando lo políticamente correcto no había usurpado nuestras vidas y la gente podía hacer chistes picantes con la fama de las pereiranas? Toca leer a Aldemar Solano Peña.

* Body copy. “Cuando leemos viajamos en realidad. […] Los libros son una fascinante y desgarradora geografía del afuera. En ese constante ir hacia el exterior, también aseguran un viraje que nos aproxima a nosotros mismos. Con la lectura se establece un diálogo con los otros, y ese diálogo está marcado por los equívocos y la sensatez, los desgarramientos y la plenitud, la mezquindad y lo sublime que habita la condición de los hombres. Pero también en ella nos sabemos solos”.

Pablo Montoya. Sobre la lectura. Tomado de 21 ensayos. Una selección de Leer y Releer. Biblioteca Universidad de Antioquia, 2015.

* * Vademécum. ¿Meapilas? “Santurrón”. ¿Furor uterino? “Ninfomanía. Apetencia sexual insaciable en la mujer.” ¿Proxeneta? “Persona que obtiene beneficios de la prostitución de otra persona”. ¿Hetaira? “Prostituta”. ¿Efluvio? “Emisión de partículas sutilísimas”.
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