Cada vez se reconoce con mayor frecuencia que las obras del artista holandés son “misterio puro”: no es casual que el mismo director del museo del Prado afirme tranquilamente que esta es “una exposición para empezar a entender algo de El Bosco”
/ Carlos Arturo Fernández U.

El pasado 31 de mayo, el Museo del Prado de Madrid inauguró la más completa exposición de la historia para conmemorar los 500 años de la muerte de El Bosco, uno de los pintores más extraños y sugerentes de todos los tiempos. El artista holandés, que habría nacido hacia 1450, fue sepultado el 9 de agosto de 1516 y, por tanto, debió morir, quizá, ese mismo día o, a lo más, la víspera de su entierro.

El carro de heno. Hacia 1512 1515. Panel central

La exposición del Prado, titulada El Bosco - la exposición del V centenario, que se extenderá hasta el 11 de septiembre, recoge 53 obras nunca antes reunidas, procedentes de numerosos museos del mundo. Entre ellas se destacan por su abundancia las obras que son propiedad del Prado, pues durante su reinado, en la segunda mitad del siglo 16, Felipe II compró todas las pinturas de El Bosco que en ese entonces estaban a la venta en el rico mercado del arte flamenco. Y esa inclinación del rey por la pintura del final de la Edad Media en los Países Bajos no se explica solo por los estrechos vínculos de su familia paterna con esa región (su padre, Carlos V, su abuelo, Felipe el Hermoso, y la madre de este, María de Borgoña, nacieron allí), sino también por la afición de los Reyes Católicos, sus bisabuelos, que coleccionaron muchas obras flamencas. Gracias a las compras de Felipe II, las obras de El Bosco son uno de los principales atractivos del Museo de El Prado, junto con las pinturas de Velásquez y de Goya.


El jardín de las delicias. Detalle

Pero el gusto de Felipe II por El Bosco revela, además, que estas pinturas gozaban ya en su propio tiempo de un notable reconocimiento a pesar de su extrañeza y complejidad; en otras palabras, el de El Bosco no es el caso de un artista pasado y olvidado que los desarrollos del arte actual nos haya permitido revaluar. Por el contrario, cada vez se reconoce con mayor frecuencia que las obras de El Bosco son “misterio puro”: no es casual que el mismo director del museo afirme tranquilamente que esta es “una exposición para empezar a entender algo de El Bosco”.

El jardín de las delicias. Detalle

No se pretende en estas pocas líneas contribuir a desentrañar el significado de aquellas extrañas pero fascinantes pinturas, entre otras cosas porque es evidente que su comprensión está más allá de nuestros esquemas habituales de pensamiento: para hablar de lo que hay allí habría que inventar nuevas palabras, dice algún crítico de la obra de El Bosco. Pero quizá el filósofo Michel Onfray nos da una clave de aproximación que bien vale la pena considerar: según Onfray, la pintura de El Bosco es una invitación a pensar lo impensable. ¿Pero es eso posible?

Un hecho claro es la época en la cual trabaja El Bosco, entre finales del siglo 15 y comienzos del 16. Son esas las décadas en las cuales llega a su punto más alto la obra del Renacimiento que, a partir de Italia, extiende las ideas de una lógica racional y sistemática que se revela en la perspectiva como imagen del mundo, y predica que el arte es una ciencia, una forma de conocimiento que tiene base matemática. Hoy diríamos que el Renacimiento es la cultura dominante y políticamente correcta.


El jardín de las delicias. Hacia 1490 1500

Quizá, como dice Onfray, El Bosco se atreve a pensar lo impensable y nos invita a seguirlo. Estos infiernos y paraísos no hablan a la razón sino a la intuición; no quieren enseñarnos cómo es el mundo sino cómo es el interior del hombre; no se limitan a la lógica de un espacio geométrico sino que se sumergen en los ámbitos ilimitados de las emociones. Es lo impensable. No hay un adentro y un afuera que nos permita identificarnos por oposición. Somos una mezcla indescifrable. Pero estas imágenes, imposibles de pasar por alto o de olvidar, nos obligan a reflexionar y quizá, como creía El Bosco, nos ayuden a cambiar de vida. Es arte, por supuesto; pero, sobre todo, es moral. Una voz extraña que se atreve a rechazar los valores que se imponían como universales.

La página web del Museo del Prado permite una amplia visita a esta exposición de El Bosco, analizando cada una de sus partes y las principales obras expuestas. Vale la pena visitarla, aunque sea así, de manera virtual.
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