Será en el lago de Iseo, gracias a un sistema flotante de unos 200.000 cubos de polietileno. Un camino de más de 3 kilómetros de largo y 16 metros de ancho
/ Carlos Arturo Fernández U.

Entre el 18 de junio y el 3 de julio de 2016 un gran número de personas, quizá hasta un millón, participarán en el “milagro colectivo” de caminar sobre las aguas en el Lago de Iseo, al norte de Italia, gracias a la obra de Christo.

Christo Javacheff nació en Bulgaria el 13 de junio de 1935. En plena juventud, en el marco de la grave crisis producida en el bloque comunista a raíz de la revolución húngara de 1956, pasó a Occidente y poco después se instaló en París donde su vida dio un vuelco radical. Por una parte, descubrió nuevas dimensiones artísticas, en especial las que rechazaban las exageraciones de la expresión subjetiva y se abrían a reconocer los valores estéticos de los objetos cotidianos. Y, por otra, encontró la mujer de su vida, Jeanne-Claude, curiosamente nacida en la misma fecha que Christo, y de quien no se separaría jamás hasta la muerte de ella en 2009. Desde 1964 se habían instalado en Nueva York donde proyectaron la mayor parte de su obra. En el campo artístico, Christo y Jeanne-Claude constituyeron una pareja indisociable que dirigió su interés a intervenciones en la naturaleza, tanto que a partir de cierto momento empezaron a firmar las obras de manera conjunta. Porque aunque siempre fue Christo quien realizó los dibujos, los collages y montajes de los proyectos, Jeanne-Claude fue el cerebro de la logística y de las finanzas sin el cual aquellas ideas no hubieran podido convertirse en realidad.




Christo, “Los muelles flotantes” (Proyecto para el Lago de Iseo, Italia), 2014. Collage, 43.2 x 55.9 cm.
Lápiz, lápiz de cera, esmalte, foto de Wolfgang Volz, mapa, ejemplo de tejido y cinta. Foto de André Grossmann



El resultado de esa labor compartida es un cúmulo de trabajos grandiosos y transitorios que involucraron siempre multitudes de colaboradores y grandes masas de población que las disfrutó durante los pocos días en los que estuvieron instaladas: escolleras de Australia cubiertas de tela blanca, una gigantesca cortina que cerraba un valle de 400 metros de ancho en Colorado y otra de 40 kilómetros que recorría el paisaje al norte de California, el edificio del Parlamento alemán empaquetado, el Puente Nuevo de París, una gigantesca intervención en el Central Park de Nueva York y muchas más.

Caminar sobre las aguas en el norte de Italia, sobre un sendero cubierto por 70.000 metros cuadrados de un brillante tejido color azafrán, será posible gracias a un complejo proceso técnico, con números que parecen casi inverosímiles: un sistema flotante de unos 200.000 cubos de polietileno de alta densidad, articulados de tal manera que sigan el ritmo de las olas y que configuran un camino de más de 3 kilómetros de largo y 16 metros de ancho a través del Lago de Iseo, además de 1,5 kilómetros en las calles de los poblados ribereños que también serán cubiertos con el tejido amarillo. Por lo demás, la intervención ha sido sometida a un riguroso análisis de impacto ambiental y todo el material será reciclado industrialmente una vez que se desmonte la obra.


Christo, “Los muelles flotantes” (Proyecto para el Lago de Iseo, Italia), 2014. Collage, 55.9 x 43.2 cm.
Lápiz, lápiz de cera, esmalte, foto de Wolfgang Volz, mapas técnicos, ejemplo de tejido y cinta. Foto de André Grossmann



Alguna vez Christo afirmó, en contra del arte conceptual, que tener una idea es realmente muy sencillo, pero que lo difícil es llevarla a la práctica. Como en todas las oportunidades anteriores, la realización de la obra se ha logrado esta vez contando exclusivamente con los dineros que el artista ha reunido por la venta de los dibujos y montajes preparatorios. Sin excepción ninguna, Christo y Jeanne-Claude rechazaron siempre los aportes oficiales o privados y financiaron la realización de las obras solo con los recursos obtenidos de su misma preparación. Incluso si, como en este caso, los costos llegan a la suma de unos 12 millones de dólares. Sobra decir que el acceso a la obra, caminar por ella e incluso utilizarla como una especie de playa para bañarse en las aguas del lago o tomar el sol, será totalmente gratuito. Por desgracia, como en muy pocos otros casos, esta obra exige una experiencia directa que difícilmente nos pueden dar los medios tecnológicos: habría que caminar sobre la tela, dejarse afectar por el movimiento del lago, ver el contraste con los colores de las riberas y de las aguas.

Christo, “Los muelles flotantes” (Proyecto para el Lago de Iseo, Italia), 2014. Dibujo en dos partes, 38 x 244 y 106.6 x 244 cm.
Lápiz, carboncillo, pastel, lápiz de cera, esmalte, mapa hecho a mano, fotografías de Wolfgang Volz recortadas, ejemplo de tejido y cinta. Foto de André Grossmann

Con la muerte de Jeanne-Claude, que era el cerebro práctico tras la imaginación creativa, parecía que se cerraba toda actividad artística. Sin embargo, ahora se inauguran Los muelles flotantes en el Lago de Iseo. Es decir, el espíritu de Jeanne-Claude sigue presente y Los muelles flotantes aparecen firmados también por ella.

La página web de Christo y Jeanne-Claude recoge toda su historia a lo largo de casi 60 años. Es una de las más bellas que puedan encontrarse de arte contemporáneo. Vale la pena visitarla. La dirección es esta:
http://christojeanneclaude.net 

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