Obras del Museo Ed.375 / Cuadra dos

     
Las obras del Museo de Antioquia… una visita guiada
 
  Cuadra dos (Ed. 375)
Fredy Serna (Medellín, 1972) enfrenta el paisaje
como experiencia vital
 
 
Por: Carlos Arturo Fernández U., miembro del Grupo de Investigación en Teoría e Historia del Arte en Colombia, de la Universidad de Antioquia. Profesor de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia.
 
En los últimos siglos, el paisaje llegó a ser uno de los temas más importantes de la pintura; más que un tema, el paisaje se convierte en una manera privilegiada de entender la creación artística como relación fundamental con lo real.
En el contexto del arte en Colombia, los pintores antioqueños desarrollaron un interés particular por el paisaje, seguramente como manifestación de la proverbial aspereza de una geografía que es coprotagonista de la historia regional. Y alrededor de ese género de pintura se libraron algunas de las más duras batallas del arte en Antioquia: en un bando, quienes privilegian el paisaje como realidad exterior y autosuficiente que sólo debe ser representada, y en el otro quienes lo perciben y asumen como manifestación humana, que habla sobre todo de procesos culturales. Los primeros se dedican a crear panorámicas más o menos exactas, mientras que los segundos comprenden que los problemas son más bien de carácter histórico y social.
En este orden de ideas, Fredy Serna (Medellín, 1972) enfrenta el paisaje como experiencia vital y, por eso mismo, centra toda su atención en el paisaje urbano. “Cuadra dos” es una pintura al acrílico sobre tela, de 250 por 220 centímetros, realizada en 1995, dentro de un amplio número de trabajos dedicados a plasmar las condiciones de la ciudad que conoce y experimenta. Desde su estudio en el Barrio Castilla mira las calles y casas que trepan las laderas nororientales de Medellín.
A diferencia de los panoramas bucólicos tradicionales, este paisaje urbano es duro e insistente, sin olvidar su belleza. La ciudad ya no permite el simple disfrute de una contemplación total que nos deje la ilusión de un conocimiento completo. Lo que ahora tenemos son apenas fragmentos recortados en los que percibimos impresiones sueltas, brochazos de luz y color que apenas nos dan indicios casi inasibles y que nos obligan a saltar de un lado al otro del cuadro, de la misma manera que la realidad urbana nos exige un cambio constante de perspectivas y de preocupaciones.
Pero en “Cuadra dos” no sólo está fragmentada la mirada. También, y sobre todo, el cuadro que aparece dividido en seis cuadrados y dos rectángulos, perfectamente encajados pero independientes, que forman el conjunto. Y dentro de cada uno de esos fragmentos –cuadrados que forman “Cuadra dos”–, se desarrolla el mismo rincón de ciudad en el cual, quizá a fuerza de mirar, el artista descubre un cierto esquema de estructuración en las calles que se repiten.
Fredy Serna sabe que no puede abarcar toda la realidad urbana; pero, a través de la pintura, nos invita a mirar mejor la ciudad, a un conocimiento más intenso y profundo que, al mismo tiempo, se reconoce como limitado y fugaz.