Obras del Museo Ed.230/El Cristo del Perdón

Una de las más importantes colecciones del Museo de Antioquia es la serie de bocetos que Francisco Antonio Cano realizó para preparar el gran cuadro titulado El Cristo del Perdón, cuya versión definitiva pertenece a la Catedral Metropolitana.

Cano había comenzado a trabajar en esta obra desde su época de estudiante en París, hacia 1900; pero la pintura quedó sin terminar cuando se agotaron los dineros necesarios y, más todavía, cuando el artista regresó al país poco después de la Guerra de los Mil Días. En 1910, Cano sugirió que se realizara una colecta para sufragar la conclusión del cuadro; la generosa respuesta de la ciudadanía, muy superior a la esperada, le permitió terminar la obra y entregarla a la Catedral de Villanueva, entonces en construcción.

El Cristo del Perdón de la colección del Museo de Antioquia es el más importante de los estudios preparatorios de la obra. Y hablamos en este caso de “estudio”, sólo porque existe el cuadro más completo de la Catedral. Pero, en realidad, la pintura del Museo, un óleo sobre lienzo, de 249 cm de altura por 129 cm de ancho, tiene todas las condiciones de una obra terminada. Lo único que revela su condición secundaria es cierto grado de fragmentación en las figuras que rodean a Cristo, una situación que Cano, con su formación académica, habría evitado en cualquier cuadro que considerara como definitivo.

Pero esa, al mismo tiempo, es una de las causas que le confieren una fuerza especial: totalmente centrado en Cristo que carga la cruz, con su blanquísima vestidura, sobre un fondo oscuro, sin énfasis en los tormentos previos y sin los múltiples detalles que llenan la pintura de la Catedral, Cano lograr crear aquí una imagen absolutamente convincente de la bondad divina, que no surge de la anécdota sino de una especie de revelación inmediata que se impone al espectador.

En la actualidad, por primera vez en la historia, el Museo expone de manera temporal toda su colección de bocetos de El Cristo del Perdón, junto con la obra terminada, gracias al préstamo de la misma por parte de la Arquidiócesis. Es una oportunidad excepcional, quizá irrepetible, para disfrutar con detenimiento de uno de los mayores trabajos del arte en Antioquia a comienzos del siglo XX y, sin lugar a dudas, de la pintura religiosa más importante de la historia del arte en la región.