Obras del Museo Ed.229/La República

Pedro Nel Gómez, quien entonces se desempeñaba como Director de la Escuela de Pintura del Instituto de Bellas Artes, fue miembro del jurado que en 1932 escogió el proyecto del arquitecto Martín Rodríguez para la construcción del nuevo Palacio Municipal, actualmente sede del Museo de Antioquia. Desde ese momento, el artista planteó la conveniencia de que el edificio contara con una abundante decoración que él mismo desarrolla en los años siguientes usando la técnica de la pintura “al fresco”.

El fresco es una de las técnicas pictóricas más importantes en la historia del arte y de manera especial en Italia. Gran parte del arte italiano, ya desde la Antigüedad, pero sobre todo en la Edad Media y en el Renacimiento de los siglos XV y XVI se manifiesta, precisamente, en pinturas al fresco. Pedro Nel Gómez estudia en Italia entre 1925 y 1930 y analiza de manera particular las obras de los mayores pintores al fresco, como Giotto y Miguel Ángel.

Cuando propone la realización de frescos en los muros del nuevo Palacio, el artista está pensando en los muralistas italianos; pero también sabe que en México se está desarrollando un gran proceso artístico a partir del uso del fresco como medio de comunicación entre la triunfante Revolución Mexicana y las masas populares: el fresco es como un libro siempre abierto para la educación política del pueblo.

La pintura al fresco se realiza sobre un muro preparado con una serie de capas de revoque, sobre el cual se aplican los colores cuando la superficie todavía está húmeda; al secarse, los colores quedan íntimamente integrados dentro del revoque. El fresco exige profundos conocimientos técnicos y una gran habilidad en el momento de ejecutarla porque los revoques tienden a secarse con mucha rapidez.

Tal vez el más importante de los frescos de Pedro Nel Gómez en el edificio del actual Museo de Antioquia es el titulado La República, para el recinto del Concejo Municipal que, en algún momento, llegó a comparar con la Capilla Sixtina.

Las reacciones frente a la obra fueron sumamente violentas, inclusive entre los amigos del pintor. No era fácil de aceptar en 1938. Pero, en realidad, en aquellas figuras cargadas de dramatismo y expresividad, que dejaban atrás la idea clásica del arte como belleza académica, estaba naciendo el arte moderno en Colombia.