Obras del Museo Ed. 307/Espejos estelares

    Los Espejos estelares de Hugo Zapata posibilitan una reflexión sobre el desarrollo de la escultura en el contexto del arte contemporáneo. Se trata de un trabajo en pizarra, desplegado sobre el piso, con una estructura que permite presentar la obra con dimensiones variables.

    La escultura, considerada en sentido general, es el campo en el cual se han producido los cambios más radicales y profundos en el arte de las últimas décadas, hasta un punto tal que el concepto mismo de escultura, tradicionalmente planteada como el desarrollo de volúmenes en el espacio para representar la realidad, parece haberse vaciado de todo contenido preciso. Por eso, en efecto, podría parecer exagerado ubicar estos Espejos estelares dentro del mismo proceso histórico que nos presenta la escultura griega o los monumentos a los héroes de la religión o del estado.

    Quizá el núcleo de toda esta transformación se encuentra en el hecho de que en la escultura contemporánea los materiales “son lo que son” y no representan nada distinto de ellos mismos, a diferencia del arte del pasado en el cual la piedra o el bronce, por ejemplo, se usaban para representar cuerpos de seres humanos o de animales, telas o cosas parecidas. El trabajo del artista consistía en someter los materiales a una especie de metamorfosis que los convertía, al fin de cuentas, en aquello que representaban: mármol que en la misma obra es piel, cabellos o trajes…

    Por el contrario, las de Espejos estelares, de Hugo Zapata, siguen siendo piedras, en el más literal y exacto sentido de la palabra, aunque el artista las haya cortado, pulido y ordenado en una retícula geométrica.

    Sin embargo, en esta obra hay mucho más que una mera acumulación de piedras. En Espejos estelares se puede descubrir la referencia a las prácticas ancestrales de observar el movimiento de las estrellas en pequeños pozos de agua excavados en la roca, que permitían una mayor facilidad en la observación y posibilitaban mejorar la exactitud de los cálculos. De esta manera, la obra se engancha con la riqueza antropológica y cultural de los pueblos antiguos y, en primer lugar, la de los grupos aborígenes americanos.

    Pero tampoco se trata de la representación de un observatorio astronómico prehispánico, ni de la reconstrucción sentimental de unos vestigios arqueológicos. Aquí no está presente solo la realidad material de la piedra o la evocación ancestral sino también la sensibilidad del artista que descubre la riqueza de lo concreto, y la razón que sabe explorarla y ordenarla, dentro de un mundo de geometría y equilibrio.

    Espejos estelares se convierte así en mucho más que un simple juego de formas en el espacio. En realidad es una presencia nueva y directa que hace visibles los vínculos que unen al hombre con las fuerzas y maravillas del cosmos.