Obras del Museo Ed. 306/Dama Colombiana


    Las obras del Museo de Antioquia… una visita guiada
    Dama colombiana (Ed. 306)
    Textos de Carlos Arturo Fernández, profesor deArtes de la Universidad de Antioquia y miembro del Consejo de Curaduría del Museo de Antioquia, para Vivir en El Poblado.

    Generalmente tendemos a considerar las obras de arte con una seriedad muy grande.

    Y no nos falta razón, cuando pensamos que a través de ellas los hombres de todas las culturas, antiguas y modernas, nos han legado, al menos en parte, su visión acerca de los más variados aspectos de la realidad. En este sentido, descubrimos en el arte una dimensión profunda y trascendental, algo así como una fuente de conocimiento y reflexión.

    Sin embargo, el arte de los últimos doscientos años y, en especial, el que se crea desde la primera mitad del siglo XX, se abre a otras miradas aparentemente menos importantes, fundamentadas, por ejemplo, en la ironía, en el humor e incluso en el mamagallismo -una expresión con la cual Gabriel García Márquez se ha referido a su obra. Dama colombiana, de Fernando Botero, lo mismo que muchos otros de sus trabajos, nos revela esa visión propia del arte actual.

    En efecto, frente a esta pintura tenemos la certeza inmediata de que el pintor nos hace un guiño simpático que despierta nuestra sonrisa y complacencia, sin que con ello cerremos la puerta a la posibilidad de descubrir aquí una visión de la realidad que nos rodea.

    Dama colombiana es una acuarela sobre papel, de 155 por 110 centímetros, pintada en 1981 y en ese mismo año donada por Botero al Museo de Antioquia, quizá con el propósito de introducir una nota de humor dentro de las obras que entonces constituían la Sala Pedrito Botero, creada en memoria de su pequeño hijo, muerto en un accidente automovilístico en 1974. Y no cabe duda de que se trata de una obra llena de un humor que se genera por el juego de los contrastes más directos y evidentes. La certeza de que Botero nos invita a una mirada divertida surge de las contraposiciones de la imagen. Podría afirmarse que es inverosímil esta mujer absurda, en medio de un intenso calor tropical que se descubre en su traje casi transparente y en la mata de plátanos que le da sombra, mientras se aferra a la insólita y anacrónica piel de un zorro que, en realidad, parece estar todavía vivo y mirarnos con sus ojitos blancos.

    Todo podría parecer increíble: el peinado ridículo, el pequeño lunar en el rostro, el único guante rojo, el contraste de rojos y verdes, la composición de lugar -una mujer, supuestamente elegantísima que posa bajo una mata de plátanos-, y hasta el racimo de bananos que, como si todo lo anterior fuera poco, se desarrollan al revés de lo normal… Puede parecer increíble, pero es intensamente real y convincente, en medio de un absurdo generalizado que desafía los esquemas de la normalidad racional.

    Dama colombiana es una pintura que sirve para traer a cuento, a propósito de Fernando Botero, aquel concepto de realismo mágico que fue tan útil para aproximarse a la obra de García Márquez y de gran parte de la literatura latinoamericana de su tiempo. En última instancia, lo que está presente en esta dosis de humor es la conciencia y la afirmación de que no somos un mundo regido por la lógica sino por la sensibilidad; un mundo en el cual todo parece nuevo o está por inventar, hasta los criterios de belleza y de medida; un mundo abierto al esplendor de la naturaleza tropical y donde todo puede ocurrir porque sigue dominando el mito, que no tiene límites de tiempo ni de espacio.