Obras del Museo Ed. 302/La silla

    En el trabajo de muchos de los artistas del último siglo se descubre una gran “economía” en el uso de las formas, los materiales, las técnicas o los procedimientos. Son obras en la cuales, a veces, parece que no hay casi nada que podamos percibir.

    Esa es la primera sensación que despierta en nosotros un cuadro como La silla, de Carlos Rojas, una pintura al óleo sobre lienzo, de 140 por 62 centímetros, que corresponde a una de las etapas iniciales de la actividad del artista, quizá a finales de los años cincuenta. En ese momento, la economía de los recursos plásticos se identificaba en Colombia con la adhesión a las tendencias que habían permitido la renovación del arte, tales como el cubismo y las diversas formas del arte abstracto.

    Es evidente que en esta obra, Carlos Rojas actúa como un artista que desarrolla su trabajo a partir de la observación de los elementos de la realidad que va simplificando; por eso, con un poco de atención descubrimos el tipo de silla que pinta e inclusive la relacionamos con objetos concretos de nuestra vida cotidiana.

    Hay artistas que, en algún sentido, no trabajan con la realidad como punto de partida sino, por ejemplo, con la imaginación, los colores directos, o las formas geométricas. Pero dentro de los que sí lo hacen es posible caracterizar dos posiciones contrarias. Por una parte, algunos centran su atención en los detalles que les aparecen, en una actitud que va de lo particular hacia la totalidad; en muchos casos se trata de artistas que ubican sus más altos intereses en la habilidad de reproducir los aspectos más minuciosos, casi hasta engañar el ojo del observador, mientras que otros se aproximan al detalle con la idea de que en él se revela el mundo: cada gota es todo el mar, cada árbol todo el bosque, y, por eso, no se puede descuidar ni pasar por alto.

    Otros artistas, por el contrario, especialmente desde finales del siglo XIX –y en Colombia desde mediados del XX, como en el caso de Carlos Rojas–, asumen de manera más reflexiva la observación de lo real; la pregunta básica no es entonces qué veo o qué apariencia tiene, sino cómo se organiza o cuál es su estructura.

    Por supuesto, La silla de Carlos Rojas no engaña el ojo de nadie: sabemos que no estamos ante la silla usual sino ante su esquema, en una absoluta simplicidad de formas. Pero La silla es concreta, con los tres círculos que definen el espaldar, el asiento y el amarre de las patas, con sus líneas curvas y un colorido austero que nos concentra en la estructura del objeto y, al mismo tiempo, en los planos de la pintura. En el fondo, es como si el artista buscara revelarnos la forma esencial de esta silla.