Obras del Museo Ed. 288/Rodolfo Valentino

    Una obra como este Rodolfo Valentino, de Dora Ramírez, permite percibir una de las características más destacadas de ciertos ámbitos de la pintura de las últimas décadas, capaz de conjugar esquemas de tradición con procesos de extrema novedad.

    Rodolfo Valentino es una pintura al acrílico sobre lienzo, de 119 por 117 centímetros, que la artista realizó en 1973 dentro de una amplia serie sobre personajes que, gracias al influjo de la fotografía, el cine, la televisión o, en general, los medios de comunicación contemporáneos, se convierten en figuras míticas para el mundo actual. Para ello, la artista recurría a viejas fotografías a partir de las cuales recreaba unas imágenes que, si bien en su momento habían estado cargadas de sensualidad y elegancia, ahora resultaban irremediablemente afectadas cuando no ridículas.

    Sin embargo, es necesario recordar que, desde el mundo antiguo, la pintura representó los mitos más significativos para los hombres de su propio tiempo. En realidad, puede afirmarse que la función fundamental de las artes era posibilitar una manifestación de los valores que, más allá de lo que podía decirse a través de conceptos precisos, se expresaban por medio de imágenes y de sugerencias. En este sentido, los nuevos mitos de Dora Ramírez se inscriben en una función tradicional y viven de las intuiciones que es posible crear por medio del arte. Y aunque su Rodolfo Valentino corresponde a un proceso de mitificación diferente, también es un nuevo héroe, un santo, un ser divino, propio de la sociedad mundial del siglo XX.

    Pero es evidente que ahora estos mitos nos entregan otros valores que Dora Ramírez manifiesta a través de su pintura y que no tienen nada que ver con la tradición sino con los procesos del arte actual. Por una parte, es claro que la artista desarrolla un extremo proceso de simplificación tanto en la figura del personaje, casi reducida a la simple línea del contorno, como en los colores, convertidos en superficies completamente planas y uniformes. Y, por otra, además del uso de la vieja fotografía, recurre a elementos como la rosa con su tallo en este caso que nos recuerdan que este es un mito que vive en los recuerdos de lo popular.

    El resultado es complejo y paradójico. Aunque parece una especie de lámina esquemática e intrascendente, Rodolfo Valentino lanza un mensaje duro y crítico que hace patente la banalidad y la ausencia de sentido que nos avasallan en la actualidad.