No quiero hablar del BID

      Por: Olga Clemencia Villegas de Estrada  
     
    Pero no se trata de sacar conclusiones sobre el tema. De la Alcaldía deberán salir todavía los resultados y ellos nos explicarán sobre los beneficios económicos y de imagen que obtuvimos con el macro congreso. A lo que quiero referirme es a la valiosísima oportunidad que nos ofreció un evento de esta naturaleza, tan apetecido por cualquier capital del mundo y llegado a Medellín, en hora buena, para la intensa labor de internacionalización que buscan sus gestores y esperamos todos los medellinenses.
    Desde su lanzamiento, una de las propuestas que más me gustó, fue la de incluir a cada uno de los habitantes para que nos convirtiéramos en anfitriones. No importaba mucho si teníamos incidencia directa o no en los temas, conferencias y sesiones, más bien lo único que contaba es que hacíamos parte de la ciudadanía anfitriona. Como cualquier ciudad que se precia de su actividad turística, la vocación de Medellín para eventos de esta índole, o por lo menos la buena intención de serlo, obliga a la creación de una cultura colectiva alrededor de la propuesta de ciudad.
    Me llamó mucho la atención ver cómo se remozó la ciudad. Andenes nuevos, jardines florecidos, calles muy limpias y bombillas en todas las luminarias; esculturas removidas y reagrupadas, actos académicos y culturales, exposiciones y conciertos. Horarios extendidos, tarifas especiales en hoteles y restaurantes. Todo dispuesto para hacer sentir a los foráneos en la Medellín moderna y contemporánea, con sus gentes igual de amables, mejor informados y más prestos que nunca al servicio.
    Esta bien todo lo que pasó, porque demostró que sí se puede. Pero, ¿adónde quedó esta historia de ser los anfitriones? La cultura Metro que incentivó Bancolombia, y que aún afortunadamente patrocina, así como la Cultura Botero, que también tiene en ellos un pilar, se ha mantenido y se ha sostenido gracias a la constancia de las acciones que nos recuerdan sino a diario, por lo menos sí muy a menudo, que somos tan responsables de estas obras, como sus administradores o patrocinadores y mecenas.