No es un juego de niños

     

    Entre muchas definiciones que se encuentran de este tema, hallamos una que parece contenerlas a todas y que en su simplicidad expresa con claridad el asunto al definir maltrato infantil como ‘‘cualquier acto por acción u omisión realizado por individuos, por instituciones o por la sociedad en su conjunto y todos los estados derivados de estos actos o de su ausencia que priven a los niños de su libertad o de sus derechos correspondientes y/o que dificulten su óptimo desarrollo’’.

    Al hablar de maltrato y a la luz de esta definición pueden entenderse dos tipos de niños los violentados, aquellos que se encuentran en el círculo inmediato del maltratador, ya sea este un familiar cercano, sus compañeros de colegio, maestros o adultos en contacto con la víctima y que en la definición se distinguen como individuos. Los otros, son aquellos que solo aparecen como datos estadísticos y que son las víctimas de una sociedad permisiva y laxa con el maltrato como una forma habitual de existir.

    Pueden identificarse claramente varios tipos de maltrato, lo que debería preocuparnos y que debería ser motivo de reflexión son aquellas actitudes en las que quienes nos consideramos ajenos a este tema, somos simplemente testigos indolentes o cómplices silenciosos de formas de violencia que se toleran porque simplemente “el mundo es así”. Por eso, hay que aprender a distinguir en las señales silenciosas de los niños aquellos signos que puedan alertar un comportamiento lesivo al niño y denunciarlo a tiempo.

    Se entiende por maltrato físico básicamente toda acción no accidental de algún adulto que provoca daño físico o enfermedad en el niño, o que le coloca en grave riesgo de padecerlo como consecuencia de alguna negligencia intencionada. Y este, que pareciera ser el más evidente esconde otros que normalmente van asociados, como el abandono físico, una forma de maltrato en la que el menor simplemente es dejado a su suerte y sus necesidades físicas básicas, (alimentación, higiene, seguridad, atención médica, vestido, educación, vigilancia, por ejemplo), no son atendidas adecuadamente por ningún adulto del grupo que convive con él.

    Tema independiente e igualmente preocupante es el maltrato como abuso sexual, un tema que por suerte se ha venido ventilando últimamente en nuestro país y por el cual una canallada como estas está siendo exhibida para que por lo menos la sociedad tome conciencia y se legisle adecuadamente o por lo menos en concordancia con el sentir de la mayoría de las personas que repudiamos crímenes como estos.

    Capítulo aparte merece el maltrato emocional. Este comportamiento se caracteriza porque el adulto encargado del menor toma ese poder para atemorizar a su pequeña víctima con insultos, rechazos, amenazas, humillaciones que causen o puedan causar deterioro en el desarrollo emocional, social o intelectual del niño. Esta forma de maltrato está asociada muchas veces al abandono emocional, una forma de agresión en la que el niño simplemente es ignorado por sus padres y desatendido en sus necesidades de afecto con iguales consecuencias.

    El maltrato institucional, es el que se refiere a toda forma de violencia como resultado de una legislación, procedimiento o actuación de la sociedad que implique o permita abuso, negligencia, detrimento de la salud, la seguridad, el estado emocional, el bienestar físico, la correcta maduración o que viole los derechos básicos del niño.

    Ejemplos de todas estas formas de maltrato estamos acostumbrados a ver. Sea en el colegio, la familia o, como tenemos que presenciar a diario, como fruto de una sociedad que no se cuestiona a sí misma en su papel como educadora de las nuevas generaciones con el propósito de cambiar la sociedad a futuro. Tenemos la oportunidad de revertir los efectos negativos de toda forma de violencia y la primera vía es hablar de ello. Esta campaña que presentamos hoy y que desarrollamos con La Tienda Creativa nos invita a pensar y a actuar para cambiar las cosas.