Ni morcilla en la costa azul ni El Bulli en el parque de Envigado

Una vez más el pomposo Bulli de Cataluña barrió en las listas de los mejores restaurantes del mundo. Bien lo merece su chef el maestro Ferran Adriá por el gran aporte a la cocina vanguardista, de moda hoy en los países en donde hay gente suficiente para pagar por estas exquisiteces que superan nuestro gusto tan rústico y básico desarrollado en el estadero El Jardín del parque de Envigado oyendo El Aguacate en un piano a 50 pesos con embellecedores y mango verde, piropeando zurroncitas de uña roja con exquisitísimo perfume Cloe, RDJ es que mostraban los ovarios y camisetica apretadísima que destacaba las llanticas lindas de bastantoncita rica (y generosa). Gracias a la amabilidad de un comensal satisfecho, tengo varios libros del archifamoso cocinero español y debo confesar que lo que entiendo de los procedimientos e ingredientes allí mencionados es poco o nada, mientras tanto en Envigado, Guille mi amigo experto me enseñó a camuflar aguardiente en tazas de chocolate para violar las horas matinales en que estaba prohibido, pero que a esa hora sabía mejor entre piquitos babosos con la monita del Cloe y claro, con los buñuelos y pandequesos humeantes y los aromas y humores de los recalentados rebosantes de manteca pura revitalizantes para cualquier borracho respetable y las curvas excitantes de una buenura mañé de las de moral nada eselente y montada en tasi.

Todo esto va a que poco o nada creo de que tal o cual es el mejor… para mí todos son buenos y todos tiene cosas malas, por ejemplo la carretera para entrar a El Bulli es pésima, por eso casi todo el mundo que quiere ir se tiene que sacrificar y llegar en helicóptero o yate… mi sobrinito chef belga dice que siente nauseas con la ketchup y yo la adoro, pero es capaz de comerse los sesos de un mico vivo pataleando, cuando yo primero hago degollar al cocinero que se inventó tal oprobio (mi esposa mataría igual a mi sobrino). Todo tiene su momento, todo tiene su lugar; ni modo la encartada tan tesa con la zorrita en el restaurante de la Michelín, tampoco con la pinchadita del club en las cantinas de Envigado; cada una para cada momento y para cada espacio y en esa época ni modo de juntarlas como ahora. Lo mismo pasa con los sabores, por eso no me imagino El Bulli en una glorieta de Las Palmas, ni en el parque de Envigado, ni en la Zona Rosa de El Poblado, aquí nuestra cultura es otra, ni mejor, ni peor, otra.

El tema de la cocina y los gustos es igual al del amor, por eso cada uno tiene su versión válida. ¿Qué es mejor entre una crepe de piel de jibia del Egeo rellena con óvulos de canguro nadando en espuma de sangre de cobra o un chicharrón de cantaleto con dos guaros dobles un sábado a las 11 de la mañana? ¿Qué es mejor, el friche guajiro o la bandeja paisa o el cabrito de Girón o las papas chorriadas o el ajiaco? ¿Quién es más bonita entre la mona y la morena? ¿Quién da los mejores besitos de Medellín o quién es la más buena? A mí me va a dar algo. Todos los días, en todas partes están apareciendo listas con los mejores y los peores… los mismos de la Michelín la embarraron cuando calificaron restaurantes que ni siquiera existían exponiendo errores y corrupción en las investigaciones… qué tal, como aquí que tenemos crítico colomboescocés autonombrado para juzgar, castigar o premiar a sus amigos o enemigos. Por eso no hay que pararle muchas bolas a las listas de lo mejor… lo mejor es lo que más le gusta a cada uno y listo… y somos muchos para ponernos de acuerdo.

Además en El Bulli no venden frisoles ni arepa o sea que ni modo, prefiero el trifásico. Inicialmente agradecí estar en medio de La Patagonia cuando salió el artículo de los estudiantes de gastronomía en carrera acelerada y cara hacia la mediocridad, ya que sabía que no le iba a gustar a mucha gente y recibí muchas cartas, como la de mi admirada estudiante de la escuela de Paul Bocusse en la que con toda razón aclara que ella nunca criticó la escuela paisa y es cierto, tan solo me contó sobre cómo era la educación en Francia y de ahí yo comparé y como le aclaré a ella, mis observaciones nacieron por comentarios que oí en varios almuerzos de trabajo con otros estudiantes y algunos colegas que han trabajado ahí.

Lo que no esperaba era la invasión de cartas de acuerdo conmigo. Preocupante, muy, muy, muy… Ahí está la virgen; las estoy organizando para seguir con el tema ya que parece que lo de las ensaladitas de tarro es cierto y además se los hacen llevar. Ahí esta la virgen otra vez. Muchachos a exigir. Además en El Bulli no venden frisoles ni arepa o sea que ni modo, prefiero el trifásico.Inicialmente agradecí estar en medio de La Patagonia cuando salió el artículo de los estudiantes de gastronomía en carrera acelerada y cara hacia la mediocridad, ya que sabía que no le iba a gustar a mucha gente y recibí muchas cartas, como la de mi admirada estudiante de la escuela de Paul Bocusse en la que con toda razón aclara que ella nunca criticó la escuela paisa y es cierto, tan solo me contó sobre cómo era la educación en Francia y de ahí yo comparé y como le aclaré a ella, mis observaciones nacieron por comentarios que oí en varios almuerzos de trabajo con otros estudiantes y algunos colegas que han trabajado ahí.

Lo que no esperaba era la invasión de cartas de acuerdo conmigo. Preocupante, muy, muy, muy… Ahí está la virgen; las estoy organizando para seguir con el tema ya que parece que lo de las ensaladitas de tarro es cierto y además se los hacen llevar. Ahí esta la virgen otra vez. Muchachos a exigir.

buenamesa@vivirenelpoblado.com