Medellín dos mil ochenta

 

Acaba de publicarse en la Argentina por la Fundación Ciudad de Arena/ Norma, el libro “Buenos Aires 2033”, donde se recogen 5 utopías literarias de otros tantos escritores de ese país convocados al efecto para plasmar en papel sus visiones futuristas sobre la fascinante capital austral. Son concepciones a la manera de “Blade runner”, “Mundo feliz” o “1984”, en verdad nada optimistas, hay solo una ligeramente humorística, de cómo serían la ciudad y toda la Argentina en aquella época, más cercana de lo que podría sospecharse.

Se nos ocurre que un ejercicio semejante podría realizarse en “nuestra” ciudad, e invitamos desde esta columna palemoniana (investiguen, jóvenes) a la Secretaría de Cultura Ciudadana para que trace las líneas de una convocatoria, que podría ser abierta del todo y no limitada a 5 autores. Sugiero como base mínima un ensayo de entre 15 a 20 páginas, donde escritores de ficción, historiadores, arquitectos, filósofos, artistas, humanistas en general, hasta científicos y teólogos (por qué no) fijen sus propios imaginarios de una Medellín situada, digamos, del 2080 al 2100, para no ir demasiado lejos. También podrían recibirse propuestas gráficas. Se escogerían para su publicación en papel unos 30 trabajos para un libro de 500 páginas, y una tanda de otros tantos finalistas para poner todo ello en internet en la página de la Alcaldía, a ver si se pone divertida. Los finalistas del libro impreso recibirían su remuneración, por supuesto. Sugiero mínimo un paquetito meramente simbólico por cabeza. El pensamiento hay que pagarlo como se debe.

Los temas de la convocatoria podrían ser multitud, pero seguramente habría muchos cruces inter-disciplinas para calentar el escenario, sobre todo, me imagino, en el campo de los posibles regímenes de gobierno que se planteen: ¿Qué será de la guerrilla de los Hunos y los Ogros de aquí a esa época? ¿Vivirá todavía Mr. Precision-shoot? ¿Un Chávez con 130 años será el dictador de medio continente? Y otros como: ¿La catástrofe mundial y el Nuevo Reino arturiano anunciados por los Mayas habrán sido un hecho? ¿Medellín será un gran lago? ¿Al aeropuerto Olaya Herrera lo habrán transformado en un inmenso parque nudista donde los ciudadanos podamos ir a asolearnos los domingos sin que a nadie le importe un rábano? En vez de calles y carreras devoradas por la jungla ¿todo el cielo de la ciudad será cruzado por una inmensa telaraña de metrocables? ¿Los autos volarán como en “El Quinto Elemento?” ¿Johnny Blue-eyes y Madame Tussaud todavía regirán la vida artística y cultural de la ciudad? ¿Jesucristo habrá venido por segunda vez y habrá huído despavorido? ¿Los Rolling Stones se presentarán en el Jardín Botánico en su gira de 2086 –El Grand Tour de las Sillas Rodantes? ¿Ya habrán alumbrado la Plaza de las Tinieblas? ¿La Academia de Escritores Antioqueños /ellos y ellas/ todavía constará de una sola miembra/presidenta y será su secretario vitalicio El Niño Poeta?

Estas son algunas de las pocas ideas que tengo el placer de ofrecer para su desarrollo a los posibles participantes, reservándome las más siniestras para mi caletre (investiguen, jóvenes). La convocatoria podría abrirse de inmediato y publicarse el libro en diciembre.

Sugiero a los interesados consultar el librito futurista de Julio Verne “París en el siglo 20”, donde predecía asombrosamente desarrollos técnicos fantásticos que hoy están al alcance de manejo de cualquier bebé catatónico. La futurología no es una ciencia para logias sino que debería ser un ejercicio de práctica cotidiana para mantener las mentes ágiles, lo cual es la mejor prevención contra el Schwarzenswinger, el Alzheimerblogger o como quiera que se llame ese síndrome “que nos tiene medio-locas”… Ahora debo marcharme. Mi amante automática me espera en el teletransfer iónico para ir a visitar nuestros cultivos de amapola en Santa Elena.

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