Los Rolling Stones en Bogotá: satisfacción alcanzada

Por Juan Sebastián Mora

Siempre al filo de la navaja, como amigos y enemigos íntimos, reinventándose, poniéndole al mal tiempo rock and roll del bueno, Los Rolling Stones continúan en marcha. Más de cinco décadas de triángulos amorosos, giras desenfrenadas, la muerte de su fundador Brian Jones (¿accidente o asesinato? tema para otro día), la deserción del guitarrista maravilla Mick Taylor, los problemas de Keith con la ley por su consumo de drogas, el suicidio de la novia de Jagger L’Wren Scott en 2014, la autobiografía de Richards en la que critica sin tapujos a Mick  y mil y un hechos más que reflejan el estoicismo de Los Rolling Stones y su compromiso con la música.


Fotos crédito Juan Sebastián Mora

En 1969, Mick y Keith pasaron dos horas en el Aeropuerto El Dorado, escala hacia Perú.  “Nunca tocaremos en Latinoamérica, no nos pagan lo que exigimos por actuar”, manifestaron a un periodista del diario El Tiempo. En 2016, Mick Jagger disfruta de una oblea en una calle del Centro de Bogotá y se prepara para un histórico concierto en El Campín. Con sus “Satánicas Majestades” la realidad supera la ficción.

Tras años de falsos rumores sobre su factible visita, en una tarde de lluvia torrencial, truenos y relámpagos se abrieron las puertas del estadio capitalino para la presentación del legendario grupo londinense. Los Rolling Stones son un espectáculo de palabras mayores, por eso resultó decepcionante la pobre logística para el ingreso del público. Lentitud, poca por no decir nula supervisión de los incontables policías para que las personas respetaran la fila y la decisión de juntar en una sola línea los sectores de Occidental, Norte y Platino, enojaron a los asistentes, preocupados por la posibilidad de perderse la salida al escenario de Mick, Keith, el guitarrista Ronnie Wood y el baterista Charlie Watts.

Faltando 20 minutos para el inicio de show, los organizadores seguro tomaron cartas en el asunto, porque por arte de magia la estática fila comenzó a moverse con mayor rapidez. No hubo tiempo para asimilar el ambiente, tres minutos después de situarme en mi localidad, apagaron las luces y una animación psicodélica de Los Stones recorriendo su historia hasta su llegada a Colombia fue proyectada en las tres pantallas de alta resolución del inmenso escenario.

Here, they are The Rollingggg Stonesssss” fue el grito de batalla seguido por el rugiente riff de guitarra del exitoso sencillo de 1968, Jumpin’ Jack Flash. It’s Only Rock And Roll y el country Dead Flowers, la canción elegida por los fans colombianos para ser tocada en Bogotá, fueron igual de enérgicas. Del álbum Exile On The Main St. vino Tumbling Dice, con Jagger moviéndose como un poseso por el escenario, demostrando su excelente estado físico y vocal.

Beast of Burden, canción que escribió Keith Richards para su primera esposa la incontrolable Anita Pallenberg, contó con la presencia de un inesperado invitado Juanes, que brilló en su dueto con Mick.

Continuando con las canciones para viejas amantes y, en palabras de Mick para “los colombianos románticos”, la banda interpretó Wild Horses, de cuya letra se ha dicho que está inspirada en el final de la relación de Mick con la diva de los años sesenta Marianne Faithfull, aunque Jagger lo ha negado.

Mick hizo gala de su venenoso sentido del humor, en un español bastante correcto, con su introducción a la lujuriosa Honky Tonk Women. “Los Rolling Stones siempre hemos contribuido a la economía colombiana…Ronnie todavía consume ocho tazas de café al día”. Risas por doquier, y el “que lo entendió, lo entendió”.

Los 42 mil espectadores enardecieron con el intro de Paint It, Black. La interpretación fue maravillosa, aunque se extrañó la maliciosa cítara tocada por el fallecido Brian Jones en la grabación original del 66 y que Ronnie Wood emuló con su guitarra en el concierto.

Después de referirse a su comentado incidente con la oblea y al guayabo con aguardiente, Mick presentó a los increíbles músicos de acompañamiento de Los Rolling Stones: los tecladistas Chuck Leavell y Matt Clifford, los saxofonistas Tim Ries y Karl Denson, los coristas Bernard Fowler y Sasha Allen y el bajista afroamericano Darryl Jones, quien reemplazó -aunque no es considerado miembro oficial- a Bill Wyman cuando esté abandonó el grupo en 1993.

Jagger desapareció del escenario y Keith se convirtió en el maestro de ceremonia cantando You Got The Silver y Before They Make Me Run. Para los más bluseros, Mick retornó con armónica en mano para tocar Midnight Rambler, narración del modus operandi de un silencioso asesino serial que ataca a la medianoche.

El disco arribó con Miss You. El regreso al hard rock fue la explosiva Start Me Up,  publicada en 1981 e inicialmente concebida como un reggae. Fue el tema más “reciente” dentro del repertorio de Los Rolling Stones en Bogotá, quienes en esta gira por Latinoamérica han tocado poco de su material post 1980.

El momento estelar de la noche fue la antibélica Gimme Shelter, con Richards atacando la guitarra como el maestro que es; y Jagger, en la pasarela, enfrentando un duelo de voces con la corista Sasha Allen, quien desempeñó a la perfección el rol ocupado por la cantante de soul Merry Clayton en la versión de estudio de 1969.

Sumidos en la oscuridad, diabólicos símbolos serpentearon por las pantallas, mientras la banda iniciaba Sympathy For The Devil, en la que Jagger asumió el papel del mismísimo Lucifer, mientras Richards y Wood intercambiaron impresionantes solos y riffs, con una facilidad y una sincronía, que ilustraron la compenetración musical existente entre estos dos magos de la guitarra.

Para el remate, You Can’t Always Get What You Want, himno para el que contaron con el coro de la Universidad Javeriana, y Satisfaction, con el famoso riff de guitarra a todo volumen, que Keith compuso una noche, medio dormido, en 1965 ( según Richards, el primer demo de la canción consistió en “dos minutos de Satisfaction y 40 minutos de mis ronquidos”).  Ese emblemático hit que los popularizó en el mundo, culminado con fuegos artificiales, también significó la despedida del público colombiano;¿definitiva? con los invencibles Stones nunca se sabe.