Los pecados de la novicia

Como aún sigo disfrutando de mi correría por el Caribe, la cual ha inspirado mis últimas crónicas, el asunto sobre el cual ahora voy a comentarles es acerca de un reputado restaurante en Cartagena. Para comenzar, ya le endilgué el adjetivo de reputado, la verdad es que es excelente. Se llama Café del Santísimo. No vayan a creer que por ser pregonera de lo popular soy fácil de descrestar cuando se me invita a un lugar de supuesta categoría; el hecho es que para dichas ocasiones saco a relucir mi bastarda alcurnia, se me alborota el dedo parado y me vuelvo tan rigurosa como el más exigente gourmet parisino.

A vuelo de pájaro les comento que su comedor principal se ubica en el patio central de una casa colonial, sombreado por un majestuoso mango. Muchas cosas me encantaron a la vez (comenzando por la amabilidad de su propietario) pero de manera contundente aquello que más me cautivó fue la calidad de su sazón y por consiguiente los aromas y sabores que salían de su cocina.

Y es que en este lugar el asunto de la calidad no va en cubiertos franceses y vajilla inglesa, va sí, en una atinada y muy planeada forma para la presentación de cada una de sus propuestas de la carta. Allí la clorofila hace orgullosa presencia pues su propietario ha sabido involucrar con equilibrio y muy buen gusto, hojas de almendro, de plátano, de vijao, de limón y muchas más, tanto para dar sabor como para deleitar los ojos. En otras palabras, da gusto ver pasar platos para las mesas vecinas, auténticos bodegones de envueltos criollos que nada tienen que envidiar al más refinado origami japonés y que convierten la decisión de pedido en una dificultad deliciosa.

Mucho se ha dicho sobre la retórica y rimbombancia con la que actualmente los restaurantes denominan y explican a los comensales sus platos. En este lugar, este asunto es de una claridad meridiana y cada sugerencia que se va leyendo supera a la anterior. Veamos algunos ejemplos de sus entradas:

  • Pañuelos de la novicia: crujientes triángulos de queso camambert apanados con ajonjolí tostado y fritos, sobre salsa de vino blanco y uchuvas salteadas.
  • La estrategia del caracol: delicioso caracol pala cortado en julianas y cocinado con un aromático curry con leche de coco y trocitos de mango y pasas marinadas en te y ron.
  • Changó: caldereta de mero estilo cartagenero; un verdadero fumet con mucha leche de coco, cilantro, trocitos de mero y yuca.

Y en los platos fuertes, estas son algunas de las sugestivas propuestas:

  • Obatala: posta negra de res, aporte cartagenero al mundo gastronómico; verdadera alquimia de aromas, sabores, colores, textura, delicioso placer de la cocina casera y típica de nuestra región.
  • Brama(El Creador , en la religión hindú): filete de cherna a la plancha, marinado en limón criollo con cúrcuma y con salsa a base de jengibre, ajo, pimentón, leche de coco y se termina con tomates y cilantro fresco, servido en hojas de bijao, acompañado de plátanos tentación y arroz blanco.
  • Langostinos Santa Lugarda: marinados en aceite de ajonjolí, servidos en salsa de tamarindo y especias, acompañados de palitos de yuca.

Al llegar al capítulo de los postres en un recuadro resaltado estos aparecen así:

Los pecados de la novicia:

  • Lujuria: crepe de moka con salsa de chocolate y menta y helado de vainilla.
  • Ira: flan de café con chantilly de crema Baileys.
  • Soberbia: crepe con helado de vainilla y confitura de tomate de árbol.
  • Envidia: tulipán con mousse de mango y salsa de agraz.
  • Pereza: pie de coco con helado de vainilla.
  • Avaricia: profiteroles con salsa de chocolate caliente.
  • Suspiro de novicia: confitura de mamey con helado de vainilla.
  • Gula: brownie de moka con helado de vainilla.
  • Pecado original: helado de vainilla con dulce de corozo.
  • Antojo del Divino Niño: exquisito pie de limón con salsa de agraz.

Sobra decir que por estar acompañada de cuatro amigos logré probar cinco de los postres y ¡todos gloriosos! Por fin encontré un lugar en donde no existen tiramissu y flan de leche, y en donde le ponen todo el empeño e interés a los comensales que adoramos el dulce, así nos condenemos en la gordura. Espero que esta crónica sea tenida en cuenta por quienes algún día pretendan visitar a Cartagena. El Café del Santísimo es un restaurante con más de 10 años de funcionamiento y hoy por hoy se le considera uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Yo repetí no en la mesa… volví a sentarme dos días más tarde de la invitación referida y desde ya hago pública confesión que cada vez que el destino me envíe por esta ciudad volveré a sus mesas para disfrutar de su suculenta carta y regodearme como niña glotona con los pecados de la novicia.