Lisboa, paladar que enamora

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Guía de campo, sabores y aromas, de una región que adoran los que la conocen y que deberían incluir los viajeros en su agenda de sueños. Comida, bebidas, paisajes, personas… Lisboa es paquete completo.

Por:Juan Felipe Quintero Arango / [email protected]

Aquello de “yo con el idioma me defiendo” es carreta. Haber visto cuatro programas en O Globo, por demás brasileño, y seguir tres entrevistas de CR7 en el canal RTP no te sacarán del lío de la brecha idiomática. Porque, ya en situación, te encuentras con alguien que te dice eu estou com fome o tiene un gesto de com licença o te pregunta ¿onde fica? y quedarás viendo un chispero. El universal obrigado no resuelve todas las situaciones.

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Inglés y “portuñol” son la vía, pero de la manera que sea, encontrarás en cada esquina, en cada restaurante, en cada finca, lisboetas amables, simpáticos, dispuestos, dueños de unos paisajes, de una arquitectura, de una gastronomía fantásticos.

Volví encantado de Lisboa y eso que con la ciudad capital tuve apenas un contacto de horas. Fue un viaje por el campo, por regiones clave para una industria que quiere tener el renombre de Porto, al noroeste del país, y que con lo que viene ocurriendo en cielos y suelos de Leiria, Ourém, Óbidos o Torres Vedras, está logrando méritos sobrados.

De ese viaje, de recorrer mesas y cavas, me quedaron seis recuerdos que tocan los sentidos y que animan a siempre querer volver.

Una joya gastronómica: el bacalao

Dicen entre los lisboetas que pueden preparar 365 recetas diferentes con el pescado símbolo de identidad portuguesa, así provenga de Noruega e Islandia. En la industria y en casa tiene una ventaja: se sala y se cura y no tiene exigencias de conservación tan rigurosas como las de otras especies. En mi mesa lo tuve desmigado, con grelos, corteza de pan de maíz, alheira y huevo frito. Instrucciones de disfrute: romper la yema, revolver y gozar.

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Tres cepas emblemáticas para el mundo

Así como Argentina sostiene gran parte de su renombre con los vinos de la Malbec y Chile es asociable con la Carmenere, Australia con la Shiraz o España con la Tempranillo, Portugal presenta nombres muy propios y con resultados que saben conquistar olfato y paladar. Hay muchas, como la Aragonez o la Caladoc, pero lo más portugués posible en el mundo del vino proviene de las exclusivas Touriga nacional, Touriga franca y Tinta roriz.

 

Cinco ingredientes y un sabor sorprendente

Hacía hambre, el tiempo escaseaba y todo parecía lejos ¿Solución? Comida rápida ¿Comida rápida en Lisboa? Sí, tocó hamburguesa. Pero en situación de “al país que fueres” no fui por una Macbacon o una mexicana; elegí alheira. Cosa buena, que el chef presenta con un huevo frito encima. Es un embutido ahumado de pan de trigo, ajos, pimentón y una mezcla de pavo, gallina o perdiz. Acompañé con vino rosado. Barriga llena, corazón feliz.

 

Dos uvas que terminaron juntas

El Medieval de Ourém y su rosado intenso, originario de Encostas d’aire, hoy va de copa en copa, interesante, amable. Nació en 1143 de la unión de una cepa blanca, la Fernão Pires, y una tinta, la Trincadeira. Una resolución de la Unión Europea casi lo pone en extinción, justo por el hecho de mezclar uvas blancas y tintas en un mismo vino. Una disputa legal falló a favor de la tradición y el método medieval siguió su curso. Producen 2.500 botellas por año.

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Cuatro generosos para romper esquemas

Hay Oporto, Moscatel y Madeira, más la versión de Lisboa: el Carcavelos. Viene de la región vinícola más pequeña del país, Oeiras, sello del Marqués de Pombal. Como está cerca del mar, el mercado inmobiliario paga un millón de euros por hectárea; y la misma tierra para viñedos es valorada en 12.000. Problemas al margen, es dulce, intenso, serio y goloso, muy rico para postres de frutos rojos. Para elegir una botella a primera vista o encargarla a un viajero.

 

Seis grados centígrados y habrá fiesta

Sin querer tocar arraigos ni romper fronteras, el buen Lambrusco, italiano, conquistador del gusto femenino en Medellín, tiene un par portugués denominado vino Leve. Alegre, fácil de tomar, leve en alcohol, frío y no exige comida acompañante. Tuve en copa un rosé creado en la bodega cooperativa São Mamede de Ventosa, a 50 kilómetros de Lisboa, que genera ingresos para 500 familias y tiene una producción anual total de 26 millones de botellas.

 

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