Lenguaje en movimiento

Lenguaje en movimiento
Sergio y Carolina son dos realizadores y creativos independientes, movidos por la pasión y la transformación de nuevas estéticas

Sergio Areiza es flaco y alto, tiene tatuajes en sus brazos, como un marinero, y de su cabeza se desprenden largos dreadlocks al estilo rastafari, que han crecido salvajes desde hace siete años. En su cuello siempre luce unos auriculares, donde generalmente suena algo de latin jazz y el viejo blues de Nueva Orleans, que lo acompaña por donde camina.
Carolina Restrepo, en cambio, habitante de El Poblado, es de estatura baja, casi la mitad de Sergio. Lleva un peinado poco convencional, con un corte de pelo que le llega unos centímetros más arriba de su cuello y unas gafas grandes y redondas como claraboyas, que dejan ver tras los cristales unos ojos claros y expresivos.
Se conocieron en la Universidad Pontificia Bolivariana. Él estudiaba diseño gráfico y ella diseño de vestuario. Corría el año 2008 cuando por cuestiones académicas se juntaron en los módulos que ofrecía el pénsum de la U: “Imagen en movimiento” y “Puesta en escena”, donde tuvieron sus primeros acercamientos al lenguaje audiovisual y aprendieron, además, a vestir personajes y decorar escenarios. Allí comenzaron a cimentar lo que se convertiría con el tiempo en su pasión y profesión.
Checho Areiza, como firma en sus producciones, para despertar su creatividad lo primero que hizo fue pasar horas en el cine club Lumiére de la UPB, observando películas de cine independiente y documental, cortometrajes y toda pieza audiovisual que allí se presentaba. En este lugar conoció la magia de directores europeos y latinoamericanos, clásicos y contemporáneos, desde Charles Chaplin hasta Stanley Kubrick.
“Cuando estuve en el cine club conocí mucho más sobre el cine. Salía con una cámara de video 8 y me andaba la ciudad. Capturaba todo lo que veía. Siempre documental, porque lo que me gustaba era retratar la realidad y lo urbano”, recuerda Sergio, hoy con 28 años. “En un mismo casete creo que grababa como diez veces, todo lo que se me atravesaba estaba ahí”.
Carolina, quien tiene 25 años, tenía un gusto especial por la dirección de arte, los escenarios, el maquillaje, el vestuario y, particularmente, por los peinados, arte en el que se especializó durante cinco meses en Argentina en Espacio Buenos Aires ­—EBA—, un centro integral de capacitación en moda, diseño y artes.
Allí aprendió a transformar a un personaje común y corriente en un ser especial por medio de bucles, cortes de flequillo, recogidos y batidos, afros, frizee y trenzas, representando distintas épocas y tendencias. Con su creatividad y habilidad para el manejo del cabello, fácilmente aprendió a convertir a una simple quinceañera en una princesa de la guerra de las galaxias.
“Saber caracterizar a los personajes, entenderlos desde su propia esencia para poder sacar un resultado estético impactante, hacer un balance entre el documental y las artes plásticas, generando buena coherencia de los personajes dentro de un espacio. Y para esto es el peinado, el vestuario, el maquillaje, la escenografía, la recreación de un ambiente o época, todo lo que hacemos. Poder trasgredir el arte a través de la imagen”, señala Carolina.
De esta manera fue como estos dos jóvenes creativos formaron El Aquelarre, una productora creativa independiente donde han desarrollado propuestas audiovisuales como cortometrajes, piezas publicitarias y videoclips musicales de artistas locales. “La academia siempre nos dio la excusa para trabajar”, expresa Sergio.
Una de las primeras aproximaciones al mundo audiovisual fue un clip experimental llamado Bing, una adaptación del relato del dramaturgo irlandés Samuel Beckett, que recibió el reconocimiento del Festival de la Imagen de Manizales, en 2008. Luego de esto emprendieron varios proyectos como el corto Inquisición, donde reunieron más de 30 actores y usaron cerca de 10 locaciones. “Estos proyectos fueron el mejor laboratorio, porque todo se hizo con pocos equipos y bajos recursos. Lo más difícil de la producción independiente es que nunca hay plata para nada y que no hay espacios de proyección en la ciudad para mostrar las propuestas de los realizadores”, expresan los creativos.
Por ahora, Carolina espera el fin de año para hacer un diplomado en la Academia de Cine de Nueva York. Sergio, por su parte, continuará con sus labores en el Sena, donde emplea sus conocimientos audiovisuales dentro de los programas virtuales de la institución educativa. Desde ya desarrollan la preproducción de dos nuevos proyectos, buscando espacios de proyección de los jóvenes creativos y educación por medio del arte audiovisual.