La Voluntad: una fuerza flaca en la modernidad


Por: Jorge Alberto Vega Bravo

El desarrollo de la voluntad empieza con el movimiento del bebé y tiene un punto crucial en la conquista del andar, primera cualidad humana del niño. El andar permite la conquista del espacio, el desarrollo del equilibrio y del movimiento y además genera calor.
Los primeros 7 años asistimos al desarrollo de la voluntad humana y ésta es una época en que desplegamos calor fácilmente. En la infancia reaccionamos con fiebre, estrategia evolutiva que se ha convertido en una enemiga combatida implacablemente con antipiréticos, analgésicos y lo que es peor, con antiinflamatorios ¿A quién se le ocurrió la infeliz idea de cortar bruscamente la fiebre con ibuprofeno?
Este procedimiento representa un golpe bajo para el desarrollo del organismo calórico humano y debe ser replanteado en la pediatría moderna; se utiliza como medida práctica para lograr efectos inmediatos que tranquilizan a los padres y refuerzan la ‘efectividad’ médica. ¿Cuántos antibióticos usamos los médicos en enfermedades cuyo diagnóstico es un virus y que en teoría no lo requieren? ¿Hemos observado cómo después de obturar un proceso infeccioso con antibióticos, se presenta la repetición del cuadro de manera cíclica?
Reconocemos la conquista maravillosa que representan los antibióticos en la medicina moderna. Junto a las vacunas y al suero oral, han salvado millones de vidas. Pero se han mal utilizado.
¿Por qué poner vacuna de varicela, si es la única enfermedad eruptiva benigna que nos queda? Si el niño pasa por la enfermedad eruptiva está preparando adecuadamente la casa del cuerpo para que el yo penetre. Múltiples estudios demuestran que existe una polaridad entre enfermedad inflamatoria-febril y cáncer. Las historias de muchos pacientes con cáncer hablan de ausencia de enfermedades febriles y eruptivas. Los procesos de enfriamiento brusco conducen al endurecimiento y abonan el terreno para las enfermedades degenerativas.
Otro impacto notable sobre la voluntad y el calor es la utilización excesiva y precoz de la tecnología. La imagen de un niño congelado frente a la máquina es un dramático signo de nuestra época. El niño cada vez juega menos en espacios abiertos y tiene la ilusión de jugar frente a la pantalla, pero se comporta como un sujeto pasivo que estimula especialmente su área neurosensorial y paraliza su sistema motor.
El ser humano se realiza en la acción. El verbo sánscrito ‘karman’ traduce hacer, y karma es la tarea, la acción. Cumplimos nuestro destino en la acción. En el movimiento se genera calor y nuestro yo vive en el calor, se despliega y se mueve en la sangre.
La conquista del calor como consecuencia del movimiento también se ve afectada por los cambios de la moda. Es dramático ver bebés semidesnudos en un centro comercial o cerca a los refrigeradores de los supermercados. Los antiguos chinos afirmaban que el pulmón y el riñón detestan el frío, no lo gobiernan. Las minicamisetas de hoy exponen la parte alta del pecho y la zona renal y por allí penetra el frío al cuerpo, abonando el terreno para procesos respiratorios y afección de la vitalidad.
El egoísmo y la búsqueda de la satisfacción individual a instancias de lo colectivo también generan falta de calor: En el lenguaje corriente hablamos de seres humanos fríos como témpanos o hablamos de calidez en el trato.
El hombre occidental intenta compensar la falta de calor con alto consumo de carnes y grasas, con consumo de sustancias como alcohol, tabaco y drogas psicoactivas, con excitación y acelere en la vida cotidiana. Acabo de regresar del III Seminario Internacional de Oncología Antroposófica en Lima. La doctora Marion Debos, Jefe del Departamento de Oncología del hospital Havelhöhe de Berlín dice que los principales factores de riesgo para el cáncer de mama son factores medioambientales ligados al modo de vida occidental; cuando un oriental se va a vivir a USA la tasa de cáncer se aumenta notablemente. Y puntualiza en tres aspectos del estilo de vida moderno: la alimentación rica en grasas, la vida sedentaria y una actitud egoísta y competitiva. Este es un terreno donde cuerpo y alma se enfrían y donde se expresan el cáncer y las enfermedades degenerativas.

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