La vida según los muertos

  Por: Jose Gabriel Baena  
 
Todas las siguientes frases fueron dichas o escritas en su día por cincuenta humanos de los cuales hoy no queda, a lo sumo, sino lo que aquí se cita: humo, humo veloz. Algunas tienen cerca de 3 mil años. Pequemos y copiemos. ¡Feliz Natividad, Oh Vivientes!
La vida es un paraíso pero los hombres no lo saben ni se preocupan de saberlo. La vida no puede cesar. Es inútil decir que no nos interesa. Nos interesa. Este interés apresta la imaginación, inflama los deseos, hace irresistible la voluntad y crea de la nada. Una sola cosa hay en este mundo de que debemos hacer mucho aprecio, que es el saber vivir entre hombres falsos e injustos siguiendo la verdad y la justicia. El que no aprecia la vida no la merece. La vida sólo nos parece corta porque la medimos sin consideración con nuestras más locas esperanzas. No recibimos una vida breve, la hacemos; no somos pobres, sino pródigos. No vive más quien más años vive, sino quien con superior maestría multiplica y reparte los elementos de su actividad espiritual. Quien vive de prisa no vive de veras, quien no echa raíces no puede dar frutos. Una vida no puede ser singular nunca. La vida es más que nuestra vida, es un poco la vida de todos. No dejemos
que la vida, que ha de ser siempre una pasión, se convierta en una costumbre. La vida que transcurre en la suntuosidad y la molicie es torrente de agua turbia, espumosa, violenta, tumultuosa y pasajera; la vida empleada en la virtud es pura fuente cuya agua cristalina, sana y fresca jamás se agota. Los dioses nos han dado larga vida, y nosotros la abreviamos. Por cada única vez que el hombre recuerda cuál es el trabajo que le produce un salario, y cuál es el salario que le proporciona la comida, reflexiona diez veces sobre el buen o el mal tiempo (la mayoría de los humanos cree que el “buen tiempo” es el verano ¡pero ay de las sequías que éste provoca!), o sobre la extrañeza del mundo, o se pregunta si vale la pena vivir, o si el matrimonio es un fracaso, o si se siente contento de sus hijos o recuerda su juventud, y así repasa vagamente la misteriosa suerte humana. Vale más la vida de un día de un hombre sabio y reflexivo que la del que vive cien años ignorante y desenfrenado. Esta vida nos ha sido dada, pero sólo se merece dándola. Quien vive sin ser sentido, quien sólo el número aumenta y hace lo que todos hacen, ¿en qué difiere de bestia? Sólo poseemos el instante presente y el que sigue pertenece a Dios. Aunque no haya sido muy aplicado, el que ha estudiado con más provecho es el que ha aprendido a vivir.
Mientras viva, dejadme que no sea en vano. La muerte caracteriza al hombre y nuestro vigor está en nuestra alma inmortal. Andan los hombres toda la vida labrando la mar, navegando la tierra y acabando la vida por ganar la vida. Vivir en justicia. Conservar la bondad. Guardar pureza de alma. Desechar del corazón toda malicia. No admitir en el pecho culpa alguna. No respirar sino la voluntad divina. La forma soberana de vivir es convivir, y una convivencia cuidada, como se cuida una obra de arte, sería la cima del universo. El mejor viático para hacer la travesía de la vida es un gran deber y profundos afectos. La perversidad más absoluta y refinada consiste en rehusarse a todo interés por la existencia, en rehusarse al juramento de lealtad para con la vida. El secreto de la vida humana, el secreto raíz del que todos los demás brotan, es el ansia de más vida… es, en una palabra, el apetito de divinidad, el hambre de Dios. El secreto de vivir mucho tiempo consiste en vivir lentamente. Vivir es emplear la vida en trabajos que eleven tu espíritu, gozar es gustar el dulce placer de ser querido y estimado de aquellos a quienes el hombre hace felices, es agradar y complacer a los otros para vivir contento de sí mismo. Es la vida, no la muerte, la que separa el alma del cuerpo. Todo lo que vale en la vida es esencialmente breve. Es la vida el amor en movimiento. Amar y ser amado. ¡He aquí la vida! ¡Ay, amores! Llena la copa que libra al Hoy de las pasadas añoranzas y de los temores futuros… ¿Mañana?… Tal vez mañana yo mismo perteneceré a los siete mil años del Ayer.

jgbaena@vivirenelpoblado.com