La búsqueda del equilibrio: un camino equivocado

La gran pregunta es entonces, ¿cómo lograr ese equilibrio? ¿Será esta acaso una pregunta equivocada? A lo mejor la pregunta no está bien formulada y sería mejor replantearla: ¿Cómo se hacen las paces con la vida que se tiene?

El problema, o la gran dificultad, de buscar ese equilibrio es que esa es una tarea irrealizable. Los mejores gerentes del mundo no pueden prever algunos de los más grandes problemas y tragedias de las vida, como la muerte de un familiar o una crisis en el trabajo. No importa qué tanto se trabaje por estar encima de las cosas, hay días en los que no se va a poder trotar en la mañana, pasar tiempo de calidad con el esposo y los hijos, dormir lo suficiente, servir comidas balanceadas, tener la casa limpia, tener tiempo personal y también para trabajar en otras cosas importantes. Incluso cosas maravillosas como un nuevo hijo, pueden voltear patas arriba una vida organizada. En esos momentos hay que olvidar la impuesta pretensión de equilibrio. Lo que se necesita es calma. Se puede tratar y reintentar estar encima de todo, solo para encontrar que lo mejor que se puede hacer es controlar las cosas por un par de días, a lo sumo una semana, antes de perder el anhelado equilibrio y resbalar.

Lo primero que se puede hacer es concederse la posibilidad de fallar. A veces se ponen las expectativas por encima de lo que es humanamente posible. Muchas de las cosas que se quieren conseguir son muy importantes. Claro que es imperativo dedicarle tiempo a la familia, claro que hay que cuidar la salud, claro que hay que hacerlo bien en el trabajo para conservar el empleo. Pero en vez de poner las expectativas en el nivel de la perfección en cada área, todos los días, es mejor concentrar el esfuerzo y las energías en lo que es más importante cada día, y ser consciente de los propios límites. Aceptar la propia imperfección como una información fundamental para hacer las cosas lo mejor posible cada vez y salirse de la loca carrera de tratar de perseguir el equilibrio por sí mismo. No se puede caer en el desespero por creer que no se puede lograr el balance perfecto entre el trabajo, la familia y la vida personal; se debe tratar de vivir lo mejor posible.