Joan Melé y la banca ética

“Todo es una utopía hasta que decides comprometerte”
Joan Melé y la banca ética
¿Son opuestos el sistema financiero y la ética? Ante el creciente desprestigio del oficio, este español cuenta cómo puede funcionar mejor el uso del dinero

“Estoy orgulloso de ser banquero”, expresa con firmeza el barcelonés Joan Antoni Melé. Rápidamente aclara que la definición clásica del banquero es esa en la que un comerciante hace circular el dinero. La explicación es necesaria no solo porque, desde la quiebra de Lehman Brothers hasta desfalcos locales como Interbolsa, se ha incrementado la desconfianza del público en el sistema financiero, sino porque Melé se encuentra en un congreso de gestores de conciencia.

Joan Antoni es banquero desde hace más de 30 años pero tiene alma de poeta. En sus conferencias cita a Juan Ramón Jiménez sobre la conciencia para mirarse a uno mismo “Yo no soy yo. Soy este que va a mi lado sin yo verlo…” o a Antonio Machado sobre el valor que le damos a las cosas que pagamos: “Necio el que confunde valor y precio”. Como los poetas, Melé es un idealista, va por la vida pensando cómo mejorar el mundo.

El traje gris oscuro y la corbata que lleva se suman a su confesión inicial para abrir el único espacio financiero del congreso. Repite una vez más que está orgulloso de su oficio, ese al que busca reivindicar desde que dejó el sistema financiero tradicional para unirse a la creación de un banco ético en Europa, Triodos. “Cuando empezamos nos decían que era una utopía pero hoy vienen miles de inversionistas a buscarnos. Todo es una utopía hasta que decides comprometerte”.

En eso centra su charla. En cómo los bancos pueden enfocar sus esfuerzos y recursos en las soluciones de los problemas ecológicos y sociales que aquejan al mundo de hoy, en lugar de estar preocupados por la música que oyen en sus cajas registradoras. ¿Y cómo lograrlo si finalmente hacen parte del sistema capitalista? Para Joan Antoni el capital no es el problema. Asegura que en su banco, a pesar de que obtiene ganancias para poder ser viable, no le reciben dinero a cualquier empresa y solo le prestan a empresas cuyo proyecto contribuya a la ecología o cuidado del planeta, a la cultura y a proyectos sociales. Además, sostiene que son transparentes, publican sus reportes anuales, aclaran a quién le prestan el dinero y cuántas veces más se gana el ejecutivo mejor pagado que el más novato aprendiz del banco: “Nueve veces más, mientras que en la banca tradicional puede ser 800 o 1.000 veces más”, dice Melé.

Sin embargo, opina que más importante que todo esto es que la gente entienda que el verdadero poder no lo tienen los bancos sino cada individuo: cómo gasta su dinero y dónde lo ahorra.

El problema no es el dinero
Volver a un mundo de trueque tal vez no sea la mejor solución. Según Melé, el problema es la acumulación del dinero. Este debe circular y en la circulación, o el gasto, se debe tener en cuenta que todo uso del dinero implica una relación humana. Explica que el dinero se usa para tres cosas: 1. Ahorro: entendido como una previsión para cualquier emergencia o necesidad sin que se convierta en una dictadura del “no gasto”, pues hay que tener confianza en la posibilidad de poder enfrentar las emergencias que trae la vida y no depender únicamente del ahorro. 2. Donación: principalmente para contribuir a causas nobles y en segunda instancia para poner el dinero a circular. 3. Gasto: “Un capricho aquí y allá no es un problema, pero lo que gastas en el día día debes hacerlo con criterio”. Este experto recomienda comprar lo esencial y comprar lo local, y agrega, sorprendido, que se ha enterado de que en Colombia se consume café importado.

Se trata de fijarse a qué tipos de empresas se les compra, si es comercio justo y ecológico; sugiere dejar de ir al almacén donde venden más barato porque esos precios bajos “tienen un costo escondido que pagamos entre todos y que paga el planeta. A largo plazo nos conviene pagar un poco más, lo justo, para que quien cultiva las verduras que comes viva dignamente”. Para este español no es difícil pagar un poco más, especialmente si se cumple eso de comprar solo lo esencial, así alcanza para pagar un precio justo.

Hacer el cambio
“Cada decisión que tomas con tu dinero afecta a alguien o al planeta. Cuando tú no tomas la decisión, alguien más la está tomando por ti”, asegura el banquero, pero obtener los cambios en el uso del dinero debe empezar con la educación de los hijos. “Nos enseñan que hay que maximizar los beneficios y minimizar los costos, que hay que ganarse la vida y ganar dinero, cuando lo que debemos enseñar es a construir un mundo mejor; hace falta mucha educación emocional”. La pregunta, entonces, no es en cuál banco renta más mi dinero. Según dice Joan Antoni, la cuestión es cómo vamos a estar mejor todos en este planeta.