¿Y después de la saturación, qué?

 

Los que veníamos a vivir en esta zona de Medellín nos sentíamos pioneros, casi colonos. Todo quedaba lejos, para todo había que ir al Centro, o como mínimo, a San Diego. Ir al banco, a la peluquería, al cine o a comprar un par de zapatos implicaba necesariamente salir del apacible barrio.

¿Y por qué se fue llenando El Poblado en los decenios siguientes? Porque el sector de moda anterior –Laureles y Conquistadores- ya se estaba saturando, entonces la gente poco a poco se aburría y partía buscando la tranquilidad y la amplitud de un barrio nuevo. A pesar de que “todo” le quedara lejos.

¿Y por qué se llenaron Laureles y Conquistadores entre los 50’s y 60’s, principalmente? Porque Prado y el Centro dejaban de ser atractivos y el occidente de Medellín ofrecía campos abiertos, pocas congestiones, casas grandes, etcétera. Y en su momento, Prado también había sido un sector colonizado por gente -generalmente de estrato alto- que ya no encontraba espacios en el Centro.

El Poblado no será la excepción. Es innegable que ya estamos en un punto de saturación urbana agravado por un virtual colapso vial. La calidad de vida está afectada severamente y cada vez menos personas consideran venir a vivir a esta zona por su tranquilidad, zonas verdes y aire puro. Y cada vez más piensan en otros sectores para su vivienda. O su oficina.

¿Hacia dónde será entonces la migración? Principal candidato, no hay duda, el Oriente cercano de Medellín. Ya viven allí numerosos pioneros. Prepárense los que ya están allá, pues poco a poco sentirán la invasión de pobladeños escapando. Y subirán los precios, aumentará el tráfico, crecerá la oferta de servicios, etcétera. Y necesariamente bajarán los precios en El Poblado, tanto de vivienda como de locales y oficinas. Tal como le ocurrió al Centro y a las otras zonas que en su momento fueron las más cotizadas.

También podría ocurrir, como ha sido el caso en numerosas ciudades de otros países -e incluso en Bogotá- un verdadero resurgimiento de los barrios antiguos, como Prado o incluso el mismo Centro. Entre otras porque hoy los precios son muy bajos, los espacios son grandes y, gústenos o no, el tráfico y la contaminación pronto serán menores –si es que no lo son ya, al menos en Prado- que los que hoy padecemos en El Poblado.

En fin, todo cambia, y lo que hoy es Milla de Oro probablemente en 15 ó 20 años tenga usos y usuarios muy diferentes a los que hoy la ocupan y le dan tanto valor. Y, no nos sorprendamos, lo que hoy prácticamente se regala podría alcanzar precios increíbles. Como acaba de verse en el antiguo Hotel Continental de pleno centro de Bogotá, cuyos apartamentos renovados fueron vendidos, en poquísimos días, a precios “del Norte”. Con mayor razón en Medellín, que no puede expandirse debido a su peculiar topografía.

¿Será que entonces, en 2020 o algo así, estaremos escribiendo en “Vivir en Las Palmas” y discutiendo hacia dónde será la próxima expansión?

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