¡Que pase el Rey…!

 

Aunque la noticia había sido filtrada cuidadosamente hace varios meses, ya es un futuro hecho confirmado: El Rey de las Españas y su Reina Sofía vendrán a la Villa de Nuestra Señora de la Candelaria el próximo marzo (del 22 al 24) para presidir los festejos del XIII Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, antes de volar a Cartagena de Indias para inaugurar el IV Congreso de la Lengua. ¡Oh, Sus Majestades,por orden de cuyos ancestros monárquicos la Reina Regente Doña Mariana de Austria y su hijo menor Don Carlos II fuimos erectos como tal Villa -y por mano ejecutora de Miguel de Aguinaga- el 2 de noviembre de 1675!

Las señoras de El Poblado andan de remate: aunque todavía La Alpujarra no ha dicho esta boca es mía acerca de ninguno de los actos no académicos a los que asistirán sus majestades, digamos un desayunito, un almuercito, una cenita, ya se sabe de centenares de elegantes -“ellas y ellos”- que a como dé lugar están haciendo ya sus intrigas y moviendo fichas para estar en cualquiera de esas bobadas, mijitas. Se rumora que, para salir de una sola sentada de todos los aspirantes, los protocolistas recomendaron estudiar una enorme cena de gala en Plaza Mayor, a la cual serán invitadas “exclusivamente” mil encopetadas parejas representantes de lo más granado, granadilla, flor, nata y natilla de nuestra antioqueñidad. Porque es que la visita del Rey a este pueblo montañero con seguridad solo se dará esta vez única y para siempre entre todas las eternidades, para recordación imperecedera de sus fieles súbditos, siempre incondicionales a la realeza a pesar de la maldita Independencia que nos condenó a la aborrecible e igualitaria democracia. ¿Cada pueblo de Colombia no tiene su Reina?

De buena fuente nos han informado que ya hay comunicación codificada con el Palacio de Oriente (Palacio Real de España) y sus chambelanes, camarlengos y gentilhombres de nota para fijar rigurosamente las condiciones de linaje, apellidaje, genealogías o rancios abolengos y escuderías (todo ello espurio, por supuesto) que deberán acreditar los candidatos a la comilona, así como para, una vez establecida la lista de perfectísimos, anunciarles con antelación los mil requerimientos y la cartilla de buenas maneras y vestimentas en esa noche memorable entre los siglos. Quien no asista a la Cena del Rey será, después de marzo, alguien que si mucho podrá ser invitado, con remilgos, a las subastas de fin de año a beneficio del Hospital, del “Comité”, ode “Cariño” (sin ánimo de ofender).

Amablemente el Director de este periódico me ha invitado a escribir un par de notas didácticas para que nuestros nobles de ocasión no vayan a cometer por ejemplo la paparruchada de un saco-leva demasiado corto, como le pasó a alguien en la boda de Letizia. Podríamos empezar con la disposición de los invitados en las mesas: ¿Ordenación lineal, en alternancia y mixta? ¿Sistema cartesiano, o del reloj? ¿Cabecera única jerárquica, equilibrada, simétrica o de arbitraje? ¿Doble espejo o sistema combinado? ¿Sistemas clásicos? ¿Sistema de peinado? ¿Protocolo de los asientos? ¿Mesa imperial, redonda, cuadrada, en herradura, en U invertida, mesa peine, en forma de T? ¿Comedor en margarita o en forma de estrella? ¿Mixto o compartimentado?

El manejo de las tarjetas deberá contar con un espectro que hasta en las Casas Reales se presenta: lo que se denomina en los manuales “el invitado no esperado” -que en el caso de Medellín nos imaginamos que pululará. De una vez les advertimos que ni se les ocurra aparecerse, porque la Casa Real de España sí sabe cómo manejarlos… ¡Ojo con “Acuamán”, “El Canoso”, “El Piantao” y “Jaramillo” que no se pierden coctel en galería!

Dado que los congresos en Medellín y Cartagena son “de la Lengua”, sugerimos un juego de palabras para integrar el menú fuerte: Lengua guisada, estofada, en adobo, lengua en naranja, en pipián, almendrada, lengua en brandy, en cerveza, nogada, en cebolla y puerros, en pimienta, bernesa, lengua viperina y vespertina y por supuesto “a la cartagenera”. Mucha lengua qué morder. En próxima entrega veremos aspectos fundamentales como “la vestimenta”, el peinado, el maquillaje, los modales en la mesa, dónde se pone el pan, cómo se coge y cómo se parte, y una última pregunta filosófica: Si nos dan arepa, ¿qué hacer con ella? Mientras tanto, vayamos enseñándoles a nuestros hijos la canción para rondeles que empieza: “Que pase el Rey, que ha de pasar, que el hijo del pobre… ¡pobre se ha de quedar!”

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