¿El cartel de la dopamina?

¿El cartel de la dopamina?
/ Esteban Carlos Mejía

Si la Clínica del Amor, de la prestigiosa doctora Chiquinquirá Blandón, tuviera una sección de Urgencias, no habría dado abasto para atender a las casi 400 personas que el jueves 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, asistieron al conversatorio del Centro Comercial Santafé y Vivir en El Poblado sobre “Los pilares de la relación de pareja”. ¡Y eso que el amor no es una enfermedad sino una decisión!
Las complicaciones empiezan por la cabeza. Chiquinquirá, basada en los estudios de la antropóloga norteamericana Helen Fisher, afirma que los seres humanos tenemos tres cerebros en uno: el reptiliano, el sistema límbico y la neocorteza. Integrados con delicado equilibrio, cada uno cumple su rol en la conducta humana. El cerebro reptiliano, el más antiguo, se encarga de asegurarnos la sobrevivencia, ayuda a mantener la homeostasis, o sea, la estabilidad del metabolismo corporal y psicológico, y en caso de agresión nos indica si debemos ignorar al agresor o salir corriendo. Memoria, instinto sexual, emociones (incluido el amor), apegos y relaciones con otros son gestionados por el sistema límbico o cerebro mamífero. A pesar de su reciente formación, la neocorteza es la parte más evolucionada y avanzada: entiende el pasado y planea el futuro; gobierna razón, habla y pensamiento, e influye en la creatividad y el aprendizaje. Ahora bien, ¿qué relaciones desarrollamos con estos tres cerebros? El deseo, el amor romántico y el apego, reguladas cada una por hormonas específicas: oxitocina y vasopresina para el apego, testosterona para el deseo y dopamina para el amor romántico.
Ah, la dopamina. Su fórmula química parece un endecasílabo: C6H3(OH)2-CH2-CH2-NH2. Y sus efectos, entre otros, el enamoramiento y el amor romántico, son anhelados por la humanidad entera. Si se produjera industrialmente y su venta fuera libre, ¿qué pasaría? Los carteles de dopamina serían más poderosos e indestructibles que los cartelitos de las drogas, si no se enojan con la exageración. ¿Quién no se desviviría por más dopamina? ¿Quién no quiere mejorar, estabilizar o potenciar sus relaciones amorosas? Chiquinquirá se ríe con ganas. “Mientras llega ese momento”, dice, “lo mejor es aprender por nosotros mismos”. Y suelta una herejía: “Porque el amor es una elección racional”.
No sin franqueza, desparpajo y buen humor, Chiquinquirá explica los pilares sicológicos del amor romántico, así como sus amenazas más frecuentes. Y se enfoca en resolver una pregunta crucial: ¿cómo transformarnos a partir de las crisis, las diferencias, los conflictos? Con empatía, asertividad, apoyo mutuo, comunicación no violenta. En pocas palabras, haciéndonos responsables de nuestro cambio, sanándonos emocionalmente y dejando que afloren ciertos principios consustanciales al amor: respeto, honestidad, sentido del humor, indulgencia, humildad. O sea, tomando la decisión consciente y voluntaria de amar a la persona que amamos tal como ella es. A mí, los consejos de Chiquinquirá me parecen una sanación en sí mismos. ¡Siga así, doctorcita!
Lo que viene: El próximo jueves, 15 de noviembre, nos aproximaremos a la moda, su significado, trascendencia, historia. Con Julián Posada, maestro de maestros en este tema. En Santafé nos vemos.
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