¿Coffee break o media mañana?

Con el debido respeto de mi apreciado colega, voy a meterme por los borditos en su territorio, para opinar sobre lo siguiente: no soy filóloga ni lingüista, y a duras penas me ufano de ser glotona, además de constante observadora de asuntos triviales en esto del comer y el cocinar. Creo no equivocarme si asevero que para nadie es un secreto, como el trajinado American Way Of Life se ha calado en nuestro medio, tanto o más que la misma droga; quiero decir, que el modelo de vida norteamericana, gústenos o no, (igual que la droga) desde hace ya muchos años se pavonea por todos los estratos sociales de nuestra city y es así como en asuntos del vestir, del hablar y del comer cada vez nos acercamos más al modelo americano y despreciamos más nuestro doloroso, pero a la vez glorioso proceso de mestizaje.

No se piense que voy en contra del progreso, buscando defender la arquitectura de paja y bareque o aquella colonial; tampoco pretendo que el vestido de chapolera para las mujeres y la mulera, el sombrero, el mandil y las alpargatas para los hombres deberían de ser nuestra indumentaria actual; me da grima sí, ver cómo aquello que más se resiste a la dominación colonial de los pueblos (su cocina) en nuestro medio comienza a desfallecer. Cuánto diera por tener espacio para profundizar en lo anterior pero el reto en la crónica periodística es la brevedad; por lo tanto me flecho al tema: ya nadie toma media mañana.

Hoy se toma refrigerio y más exactamente coffee brake. Buñuelos, pandequesos, pandeyucas, almojábanas, galleticas de mantequilla, tortas caseras, panderos, cucas, arepas, roscas de sagú, mojicones, encarcelados, quesito, empanadas, café con leche, avena y guanabanol han sucumbido ante la oferta contemporánea de crepes, waffers, pancakes, brownies, milhojas, merengones, pizzas, hotdogs, café au lait, té o bebida gaseosa estimulante. Los actuales organizadores de eventos, así como los hoteles y restaurantes que operan en nuestro medio, han preferido remplazar no solo nuestra oferta culinaria, sino igualmente el vocablo conceptual; en otras palabras, se manifiesta ?vergüenza ajena? por las dos puntas; por la de nuestra comida y por la de nuestra lengua.

No es de mi talante descalificar la calidad de otras recetas provenientes de diferentes partes del mundo a las cuales reconozco su magnitud; mucho menos pienso defender con pataletas patrioteras los sabores del terruño; lejos estoy de parecerme al benemérito Arturo Abella defendiendo a ultranza el chirriado lenguaje santafereño. Pretendo simplemente manifestar mi opinión en este tan trivial asunto para decir que antes que coffee brake, prefiero media mañana y que ante la posibilidad de escoger entre una ?crepe? a las 9: 30 a.m. o un aromático pandeyuca? me quedo con este último, así sea sin puntas.