El ibis: no es gallinazo, no es hotel y Supermán no existe

ibis

Los primeros ejemplares de este ibis se hicieron visibles en grupito por la Iguaná, hace cuatro años. Hoy tiene mayor presencia a lo largo del río Medellín. En Manila hay un montón.

Por: Juan Felipe Quintero A. juan.quintero@vivirenelpoblado.com

Que su ojo poco curioso no se los pierda. Provienen de las orillas del río Cauca y por razones del cambio climático, dato triste, y también por las mejores condiciones de Medellín, dato positivo, además sorprendente, se vinieron a vivir entre nosotros hace cuatro años.

Nelson Giraldo, secretario de la Sociedad Ornitológica Antioqueña, lo avistó y por sus señales particulares, cuerpo negro con toques verdeazul, patas y pico rojos y 46 a 56 centímetros de altura, lo ubica como el ibis afeitado, coquito o ibis de cara roja, un buscador de alimento entre el lodo y la grama.

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Es tan ajeno al Aburrá, o lo era, que su hábitat regular está por los mil metros sobre el nivel del mar, no por los 1.495, con un mapa que toca Venezuela, Argentina y Uruguay y que en Colombia se ubica por zonas ganaderas desde el Sinú hasta la base de la Sierra Nevada de Santa Marta, los valles del Cauca y el Magdalena, Santander y los llanos.

¿Cómo llegó aquí? Con Giraldo, secretario de la SAO, coincide Víctor Vélez, biólogo marino experto en fauna silvestre y funcionario del Área Metropolitana: el cambio climático lo hizo mover.

Pero también hay una razón positiva: el ibis, y otros animales, están respondiendo a un nuevo entorno desarrollado en el perímetro urbano mediante procesos de revegetalización. Según el mismo Vélez, se están viendo los resultados de 15 años de ejecución del Plan maestro de espacios públicos verdes: “Por conservación de zonas y replantación de especies nativas se genera lugar para alimento, refugio y nidos, no solo del ibis, también de zorros, garzas, caravanas, loras y comadrejas”. Caso aparte son las loras carisucias, que duermen en Caracas con la Oriental, y azulejos, cucaracheros y golondrinas que dejaron el medio urbano y buscaron las laderas.

¿Hay que temerle al ibis? ¿Por su excremento, por ácaros, por bravo? Nada qué ver, responde Vélez sobre esta ave que está desarrollando un hábito de ir por alimento al Cauca por las mañanas, un menú de peces, crustáceos, insectos, moluscos y granos, y regresar a Medellín -Aeroparque, El Poblado, El Rodeo, parque Norte- por las tardes.

Ni tampoco hay que temerle a una sobrepoblación: el ibis come y se lo comen. Zorros y rapaces lo tienen entre su paladar. Es la cadena de control biológico.
¿Logré la curiosidad de sus ojos?