Ficción es ficción

¿Para qué leerme las voluminosas novelas policíacas de Henning Mankell, muerto hace más o menos un mes, en vez de conseguirme un estudio de la ONU o repasarme ciertas páginas de The Economist?
/ Esteban Carlos Mejía
¿Exagero si digo que la lectura se puede dividir en dos vertientes, ficción y no ficción? Cientos de millones de personas se despachan día y noche toneladas de no ficción: informes financieros, chats en WhatsApp, boletines de prensa, correspondencia mercantil, manuales de química, tratados de Derecho, revistas de moda, recetas de cocina, cheques chimbos. Hay gente para todo.

En cambio, otros millones de seres se inclinan por la ficción. Me pregunto una y otra vez: ¿por qué leer obras de ficción? ¿Para qué leer mentiras entretejidas con endemoniada astucia por novelistas o cuentistas sin alma, ansiosos de engatusar al prójimo? Si quiero averiguar algo sobre la situación de Suecia, por ejemplo, ¿para qué leerme las voluminosas novelas policíacas de Henning Mankell, muerto hace más o menos un mes, en vez de conseguirme un estudio de la ONU o repasarme ciertas páginas de The Economist? ¿En dónde está el truco? ¿O el secreto? Por aquí y ahora, hic et nunc, les dejo la inquietud…

* Día tras día. ¿Y la efeméride literaria de esta semana? El 18 de noviembre de 1999, a los 88 años de edad, moría en Tánger, Marruecos, el compositor y escritor estadounidense Paul Bowles, figura emblemática de los escritores expatriados del mundo entero.

Durante casi medio siglo, Bowles vivió en Tánger, alejado de su hábitat inicial en New York. El norte de África palpitó en el corazón de sus obras literarias y musicales: novelas, cuentos, poemas, sonatas, música para obras de teatro y ballet.

Su novela más conocida El cielo protector (The Sheltering Sky) apareció en 1949. Décadas más tarde, el cineasta italiano Bernardo Bertolucci hizo una versión con Debra Winger y John Malkovich. Yo vi primero la película y después leí el libro. El filme, como la mayoría de los de Bertolucci, está lleno de aristas y reflejos, imágenes y alusiones mitad oníricas, mitad realistas. La novela, por su parte, es menos desmesurada, con un insistente martilleo sobre la imposibilidad del amor de pareja. ¿Imposibilidad?

* * Body copy. “El hombre al que yo opté por seguir un día, porque parecía lleno de un amor divino e infinito, ha resultado ser muy distinto. De un modo del todo imperceptible, ha cambiado su apariencia por la de su sombra, o por la de ese diablo sobre el que predicaba y del que solía prevenirnos, ese demonio egocéntrico que nos impide servir a Dios con veneración y obediencia. Así, lo que yo creía que era amor se ha transformado ahora en odio. Debería haberlo comprendido mucho antes. El propio Jim Jones lo dejó muy claro, una y otra vez. Él nos reveló la verdad, pero no toda la verdad de una vez, sino poco a poco, sinuosamente. Y, sin embargo, ni yo ni los demás queríamos escuchar lo que oíamos, lo que se ocultaba bajo sus palabras. Me negué a comprender. Cuando nos convocaba a sus prédicas o nos enviaba sus mensajes, no sólo nos hablaba de prepararnos espiritualmente antes de que llegase el Día del Juicio… También nos advertía que debíamos estar dispuestos a morir en cualquier instante”.

Henning Mankell. Antes de que hiele, 2002.
* * * Vademécum. ¿Expatriado? “Que vive fuera de su patria. ¿Egocéntrico? Que practica el egocentrismo: “Exagerada exaltación de la propia personalidad, hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales.” ¿Exaltar? “Realzar el mérito o circunstancias de alguien”.
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