Esto piensan de su barrio (testimonios)

A través de sus testimonios, varias personas que han vivido o trabajado en Aranjuez permiten conocer algunos de los procesos vividos en los barrios de esta comuna nororiental de Medellín

Gambeta (Juan Carlos Fonnegra)
Rapero. Del grupo Alcolirykoz. “Tengo 30 años y siempre he vivido en Aranjuez. Toda mi familia, mi historia y mis cosas están relacionadas con el barrio. Empecé desde que tenía como 13 o 14 años a ver que los que eran mayores que yo estaban escuchando rap, una música que para mí era sorprendente; no había escuchado nada que hiciera en mí lo que hizo el rap, y lo escuché aquí en Aranjuez. El barrio de un momento a otro estaba lleno de raperos y de pelados que hacían fiestas y rapeaban; para mí, ese momento fue como haberme encontrado conmigo mismo. Aranjuez ha tenido una transformación muy grande con los años. Hay más orden, ha crecido más el respeto. Hace muchos años, cuando estaba niño, sí era un poco peligroso como cualquier comuna de Medellín, pero ahora hay una transformación muy grande, hasta en inversión; el barrio está distinto, han construido lugares que lo han hecho más bonito, la misma gente se ha organizado, el entorno ha cambiado para bien. Culturalmente, incluso, es más grande. Lo que más me gusta de Aranjuez es que me siento seguro, siempre he sentido que no me puede pasar nada. Cuando estoy en otro barrio, en otra comuna, tengo la sensación de que es caliente, que no conozco a nadie, en cambio  en Aranjuez conozco a todo el mundo y todo el mundo me conoce, y si doy dos pasos encuentro algún conocido, como en un pueblo donde todo el mundo se conoce. Siento que todo tiene que ver conmigo (…). Uno de los lugares que más le ha aportado a Aranjuez es el Comfama, aunque es viejito; incluso allí fue donde estuve por primera vez en un videoconcierto de rap, era muy niño y fui con mi primo Kastro, con el que rapeo ahora (…). ¿Qué no me gusta de Aranjuez? Lo único que digo es que entre más bueno lo pongan, entre mejor esté, más se incrementan los precios de las casas, de los arriendos, se vuelve más comercial, un poco capitalista en algunos aspectos, se llena de almacenes y el costo de vida sube. Eso está pasando en Aranjuez. De resto, no tengo nada malo que decir (…).


Alejandro Gómez
Integrante de la JAC del barrio Los Álamos, estudiante de Derecho. “Los Álamos es un barrio tranquilo, lleno de familias humildes, trabajadoras. En épocas pasadas (años 90) sí nos toco vivir lo que fue la violencia en su esplendor, pero hoy se vive un momento de calma y paz. Ahora al barrio lo caracteriza la unión de las familias, siempre han vivido en esas mismas casas. La administración municipal ha estado invirtiendo en obras para beneficiar a la comunidad, como los parques al aire libre para los niños y para que los jóvenes hagan ejercicios; también pavimentaron hace poco tres cuadras que estaban en muy mal estado; ahora es más fácil transitar. Creo que Aranjuez como comuna es muy influyente para la ciudad, teniendo en cuenta que en tiempos pasados fue el sector donde empezaron a vivir los ricos de Medellín; también le llegó la época en que fue colonizada por otras personas que venían del departamento y el país, y después llegó la violencia. Pero todo eso empezó a cambiar con nuevas mentalidades y nuevos líderes que empezaron a surgir. Claro que Aranjuez es muy grande y no faltan lunares, el lugar donde es difícil entrar por los grupos delincuenciales, pero ellos dejan trabajar al líder y permiten que la comunidad se integre a las actividades (…). En Aranjuez sobresale la humildad de sus habitantes; a veces siguen siendo muy ingenuos y manejan lo que se ve en los pueblos, las puertas abiertas y, sin importar quien sea la persona, le permiten entrar a la casa y le dan un vaso con agua. En lo cultural estamos muy bien, hay muy buenos líderes, contamos también con un grupo de artistas reconocidos a nivel nacional y mundial como Crew Peligrosos, que ha sido uno de los más significativos de esta comuna porque ha apoyado el talento de niños, jóvenes y adultos en la cuestión de la música, del baile break dance; desde allí empiezan a surgir varias agrupaciones culturales. En la Casa Museo Pedro Nel Gómez también están unas jóvenes de la comuna ensayando danza árabe; están los talleres de pintura en otros sectores como Campo Valdés; se gestionó por medio de PP un parque de skateboard; una buena parte de los recursos de esta comuna se están destinando para la educación de los jóvenes para que no tengan que poner un solo peso, solo un trabajo social de 80 horas. En cuestiones de deportes, se están haciendo las gestiones para que la cancha de San Isidro sea sintética porque la de arenilla estaba afectando la salud de sus habitantes. Aranjuez ha estado creciendo mucho, ha progresado en todos los aspectos; para mí es falso eso de que tiene barreras invisibles, porque yo paso por cualquier sector y realmente no pasa nada. Acá se vive y se deja vivir”.


Diego Vanegas
Abogado. “Aunque vivo en Sabaneta estoy muy vinculado a Aranjuez por la memoria de la juventud, cuando vivimos tantas cosas buenas y malas. Para mí, volver a Aranjuez es recordar y hacer un balance positivo porque estamos vivos. Vivía en Manrique, pero confluíamos en una escuela donde había amigos de Aranjuez, Campo Valdés, Manrique, El Pomar. Nos juntábamos en la escuela, nos veníamos a jugar fútbol a Aranjuez; todo esto era un solo barrio para nosotros, no había fronteras. En los 80, la época del narcotráfico se vivió muy duro. Los más conocidos eran los Priscos, ellos buscaban mucho a los jóvenes para hacer cosas. No era como ahora, para vender estupefacientes, sino a un nivel mucho más alto. Cogieron a muchos amigos míos que hoy solo quedan en la memoria. De un grupo de 80 jóvenes solo quedamos cinco vivos, muy triste; de esos, cuatro pensamos en una opción diferente, que la educación y la familia eran lo único que nos podía salvar. A mí me salvó que tenía muy claro que quería ser arquitecto. Cuando era más pequeño, me iba para una ebanistería y le decía al señor que me regalara los taquitos de madera que le sobraban y hacía maquetas. También jugaba fútbol, juegos de pelados, salía con mis amigos, pero mi mundo era otro. Eso del dinero fácil, tener cosas materiales o la mejor moto para que las muchachas nos vieran, no me llamaba la atención, aunque yo tenía una problemática familiar bastante grande. Incluso la mamá de un gran amigo que murió ahí y que se convirtió en muy mano derecha de Pablo Escobar, me dice que ojalá él hubiera pensado como yo, porque le interesaba más lo de la calle que lo de la casa, y que a pesar de que él tuvo amor familiar y yo no, yo pensé en algo distinto. El problema de esa época es que los jóvenes se dejaban permear con el cuento de ‘venga, que aquí no hay que hacer el menor esfuerzo y va a tener las mujeres a su lado’. Todos pensaban lo mismo, la mejor moto, el mejor carro, la mejor pinta, tener una chica bonita, no pensaban que era el prepararse y estudiar lo que les iba a dar un mejor futuro. También me ayudó mucho el amor por los animales, porque prefería estar pendiente de un animalito abandonado o maltratado que del tipo que llegó con una vieja en una moto nueva, o del ´venga vamos para Cartagena a llevar un carro que nos van a pagar tanta plata’. Mi amigo cometió muchos errores, pero la tristeza que me da es que la sociedad lo llevó allá, porque desafortunadamente el tema social en esos años era nulo. Recuerdo que yo estudiaba en la escuela Porfirio Barba Jacob, en Campo Valdés, y cuando estábamos allá llegaban con planes de grupos de teatro, de música, de danza, pero todo había que pagarlo, y uno no tenía los suficientes recursos; faltó apoyo del Estado para tener acceso a muchas cosas en una sociedad que estaba pidiéndolo a gritos, y llegaron estos grupos a cogernos y a decirnos ‘venga que hay mejor opción’. En los años 70 y 80 el Estado abandonó completamente a la sociedad, a los jóvenes que estaban creciendo, con el narcotráfico tan arraigado en este tipo de barrios, y toda esa generación mía de los 70 y los 80 se perdió (…). Hoy veo que aunque hay más inversión, sigue habiendo mucho desequilibrio social…”.


Carlos Velásquez
Director de Públicos y Proyectos de la Casa Museo Pedro Nel Gómez. “Aranjuez es un sector icónico. Recuerdo que cuando estaba pequeño, viviendo al otro lado de Medellín en el barrio Castilla, oía decir a mi mamá: ‘Voy a ir a Aranjuez a hacerle la novena a san Nicolás y a traer los bizcochitos’. Eso empieza a generar referentes en uno. Y Aranjuez, no solo por su historia sino por estar tan pegado al Centro, siempre ha sido muy importante dentro de la ciudad, una zona muy vital en todos los sentidos, su trazado, la arquitectura de sus casas… Fue un barrio pretencioso cuando empezó a ser construido. Si uno mira las casas y hace una pesquisa sobre las personas que las habitaron en los años 50, 60 y 70, encuentra que eran de clase media; el tamaño de las casas es impresionante, tanto, que con el fenómeno social que vivió Medellín de los años 80 hacia acá, cuando mucha gente se empezó a ir del barrio y este empezó a ser habitado por familias con menos recursos económicos, algunas de las casas se fueron dividiendo para convertirse casi en inquilinatos. Si hacemos un recorrido, encontramos que todavía hay muchas casas de una sola familia, ordenada, con el papá, la mamá y los hijos, el abuelo y la abuela; también se ve ese fenómeno de la abuela que tiene que cuidar a los niños porque la nieta de 14 años se embarazó. (…) En la parte artística y cultural, y sin demeritar el trabajo que se hace en otras zonas de Medellín, diría que Aranjuez es uno de los más fuertes. Hay infinidad de bandas musicales de todo tipo: hip hop, reggaeton, rock, reggae, metal, todos los géneros musicales están aquí con bandas conformadas y muy reconocidas como Crew Peligrosos, que son de esta zona y no se van de aquí. Ellos dicen que Aranjuez es su territorio y quieren permanecer para emitir el mensaje de que la gente no tiene que irse de sus barrios y sus sitios de residencia. Esta es una falla que hemos tenido en esta ciudad, un fenómeno doloroso, y es que cuando un muchacho se hace profesional lo primero que hace es irse del barrio por muchas razones, una de ellas es que se creen de otro nivel social, o también por la violencia o por el desplazamiento forzado, y con la salida de sus habitantes naturales, los barrios van perdiendo mucho de su esencia. A Aranjuez le ha pasado eso, sin embargo, me fascina ver que Aranjuez también tiene mucha gente que conservó una tradición y decidió quedarse en el barrio, o se fueron los hijos pero se quedaron los padres…”.